Masivo repudio a un editorial de La Nación que celebra el embarazo infantil

Olga Viglieca

El diario La Nación se expresa con la soltura de los poderosos. Un editorial de este viernes hace una exaltada defensa de la continuidad del embarazo y la maternidad en las niñas, ignorando las leyes nacionales que desconocen el consentimiento como una posibilidad de las relaciones sexuales de las nenas y adolescentes.

Para decirlo en los términos de las leyes argentinas, entonces, el diario La Nación hace una exaltada defensa de la violación de las niñas madres a las que con califica con pluma emocionada de “madrazas”.

 “Muchos embarazos que ocurren en adolescentes menores de 15 años, y en particular antes de los 13, son producto de violencia sexual ejercida por integrantes de la familia o del entorno cercano bajo distintas formas de coerción que abarcan desde la imposición forzada hasta las amenazas, abuso de poder y otras formas de presión”, explica el documento “Niñas y adolescentes menores de 15 años embarazadas”, que se pude hallar en la página web oficial del ex Ministerio y ahora Secretaría de Salud nacional.

La Nación reconoce que los embarazos de menores no son “deseables” ya que las nenas deberían estar formándose pero se deslumbra con dos testimonios anónimos de criaturas que se negaron a abortar a pesar de la opinión de sus madres: “El relato de estas realidades mueve a reflexionar sobre lo que es natural en la mujer, lo que le viene de su instinto de madre, lo que le nace de sus ovarios casi infantiles. ‘Nadie me lo saca’, afirmarán aferradas a la vida engendrada en sus vientres”.

El diario no menciona que el derecho a interrumpir los embarazos fruto de una violación es un derecho consagrado desde el año 1921 en el Código Penal argentino y ratificado en numerosos fallos, el más taxativo el llamado fallo FAL de la Corte Suprema.

“Lo que es natural en la mujer” cuando sucede en “ovarios casi infantiles”, como reza el texto, duplica la posibilidad de muerte materna y tiene secuelas arrasadoras en la salud, el psiquismo y el desarrollo social de las nenas que han parido. Y de sus hijas e hijos.

Volvamos al estudio del ex ministerio: “Cuando una adolescente menor de 15 años queda embarazada, su presente y futuro cambian radicalmente. Termina abruptamente su ciclo educativo, enfrenta serios riesgos para su salud y su vida, se alteran sus relaciones sociales, se reducen significativamente sus perspectivas de inserción laboral y generación de ingresos, multiplicándose su vulnerabilidad frente a la pobreza, la exclusión, la violencia y la dependencia.”

En la Argentina hay no menos de 3.000 niñas que se convierten en madres cada año. En algunas jurisdicciones -Chaco, Formosa, Misiones- la tasa de fecundidad temprana (10 a 14 años), triplica la media nacional.

¿Será que el instinto de los ovarios infantiles al que alude el editorial es más poderoso en ciertas zonas geográficas? ¿Será el calor que refuerza el “instinto”? ¿O será determinante la miseria, el hacinamiento, la falta de educación y las políticas cavernícolas las que favorecen al indignante ovario instintual?

¿Será que las nenas y sus familias son pobres de toda pobreza o será también “el instinto” el que las hace preferir los hospitales públicos y no las clínicas privadas confesionales que nutren de opinólogos las páginas del matutino?

Porque el 84.5% de estas “madrazas” de menos de 13 años paren en instituciones públicas a donde parece que nadie les ofreció interrumpir su embarazo. Lo ocurrido, por ejemplo, en Jujuy, donde médicos precarizados acataron la indicación del jefe del servicio y del poder político de la provincia, haciendo nacer por la fuerza a un bebé que no sobrevivió tres días.

Entre las nenas de la clase social de los dueños de La Nación no hay niñas madres. ¿No tendrán instinto esas muchachitas?

El calvario de la maternidad a la edad en la que lo que corresponde es estudiar y jugar, La Nación lo reserva para las hijas más pobres del pueblo.

Decenas de personalidades y organizaciones -incluidos sus trabajadores y el Sindicato de Prensa de Buenos Aires han repudiado un editorial monstruoso que celebra lo que mismo que llena de dolor y lágrimas la vida de 3.000 criaturas cada año.

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