Sin barreras: se estrenó el cruce de la avenida Monroe en el viaducto del Tren Mitre

Con más de un mes de demora fue reabierto hoy el cruce de la avenida Monroe entre las calles 11 de septiembre y 3 de febrero, donde estaba el cruce de las vías del tren línea Mitre ramal Tigre. El tránsito se había interrumpido a principios de enero y se creía que iba a estar listo en el segundo mes del año. Es el segundo cruce sin barrera que se reestrena en esta obra que paralizó la llegada del tren a Retiro, al menos por tres meses.

De ahora en más, ya no habrá que esperar la barrera en Monroe para seguir camino. Es que ahora, este cruce -que anteriormente demoraba el tránsito, en especial los los colectivos- será por debajo del viaducto del Tren Mitre. Es la segunda de las ocho calles que tenían barreras y que con el viaducto quedarán habilitadas sin interrupciones (Monroe, Blanco Encalada, Olazábal, Mendoza, Juramento, Sucre, La Pampa y Olleros)

«Cada barrera que se saca es importante porque se gana en tiempo y seguridad. Ahora los vecinos recuperan tiempo en vez de estar parados en la barrera más de 20 minutos», destacó el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta.

A principios de febrero, el servicio del Tren Mitre, ramal Tigre, redujo su recorrido y dispuso que el tren no llegue a Retiro. El ferrocarril recorre sólo el circuito Núñez-Tigre, a la vez que ofrece líneas gratuitas de colectivos para hacer combinaciones con otros transportes. Pero además de esta decisión (que afecta a casi 100.000 pasajeros) a las obras del nuevo viaducto se sumaron las quejas de varios vecinos de Belgrano, quienes consideran las nuevas vías tapan las ventanas de sus casas.

«El nuevo túnel pasa frente a las ventanas de los primeros tres pisos, que están a muy pocos metros de la obra, y donde antes veían las Barrancas de Belgrano ahora tienen un bloque de cemento«, dijo un encargado de un edificio ubicado en Juramento al 1600, cercano a la entrada del Barrio Chino.  El hombre, quien no quiso dar su nombre por temor a repesarías, comentó que «a los vecinos no sólo les arruina la vista: también les baja el valor de la propiedad».