El hijo de Alberto Fernández, sobre el mundo del drag queen: “Hay mucha discriminación y tabú”

Por Gisella Marziotta para Página/12

A pocas horas de conocerse la postulación de Alberto Fernández como precandidato a la presidencia, las redes sociales explotaron de comentarios sobre su hijo Estanislao: «¡El hijo es drag queen y cosplayer!». Muchos lo celebraban y hasta juraban que con eso Fernández «se había ganado su voto». Otros, se burlaron e hicieron comentarios discriminatorios. Pero, ¿qué es la cultura drag? ¿qué significa ser cosplay?

Estanislao comenzó hace unos años a incursionar en esta cultura y llegó a tener más de 15 mil seguidores en Instagram, donde están sus fotos y sus producciones. Desde que se supo que su papá será precandidato a presidente, sus seguidores crecieron en casi un ciento por ciento en apenas unas horas. No deja de sorprenderse, aunque reconoce que este tema no es popular y que no se sabe mucho de la cultura Drag queen en la Argentina. En ese sentido, contó que muchas veces padece la discriminación y la violencia. Sin embargo, hizo hincapié en que él no se queda callado cuando es agredido o insultado porque «quedarse callado es permitir que lo sigan diciendo».

Consciente de que no es una cultura popular y que prima la discriminación porque la vive en carne propia, reconoció que cuando su papá le contó de su precandidatura a la Presidencia de la Nación no sólo se sorprendido sino que pensó que «acá» se terminaba todo «esto» para él, que iba a tener que «cuidarse». Sin embargo, destacó que después de hablar con Fiore (la pareja del papá) se dio cuenta de que a lo mejor esto también era una oportunidad para visibilizar el drag.

–Antes de conocerse la precandidatura, vos ya tenías una imagen pública por lo que haces. ¿Qué es el cosplay?

–Es la representación de personajes a través de ropa y maquillaje. La palabra viene de costume que en inglés significa disfraz y play que significa interpretación. Es la interpretación de personajes a través de disfraces. En 2014 conocí el cosplay porque estaba de novio con un chica que lo hacía y me empezó a copar. Después, decidí que tenía ganas de empezar a hacerlo yo y, al mismo tiempo, empecé a conocer el drag.

–¿Y qué es el drag?

–No puedo definirlo porque es algo tan personal que cambia con cada uno. En lo personal, creo que lo que nos atraviesa a todos los que hacemos drag es que es una manifestación artística del propio individuo relacionada con el género. La drag queen es una persona –un hombre o una mujer– que a través de vestimenta, maquillaje, peluca, uñas y demás logra crear un personaje tan expresivo y exagerado que no necesariamente tiene que ser ciento por ciento femenino. Puede ser un personaje andrógino. Si al drag le agregás queen, tiende a lo femenino; si le agregás king, a lo masculino.

–¿Y la interpretación de ese personaje implica también algún tipo de performance o es algo solamente estético?

–Ya desde el momento en que te producís, creo que ahí empieza tu performance. Se podría decir que es una performance del género.

–Tenés una gran producción, ¿te lleva mucho tiempo?

–Llegué a un punto en el que me puedo maquillar en una hora y salir, pero tengo amigas que tardan entre tres y cinco horas para maquillarse. Yo tal vez soy más rápido en eso.

–¿Y te preparás tu propia ropa?

–Sí, muchos de los trajes me los preparo yo. Una amiga mía tiene un taller donde enseña confección y me enseñó. En estos días (desde que se supo que su papá será precandidato a presidente) uno de los comentarios que leí en Twitter fue ‘nos vamos a meter con él porque los disfraces y las fotos las pagamos entre todos’, pero yo aprendí a coser y me maquillo yo.

–Una vez que estás producido, ¿dónde se presenta el personaje?

–En general, el drag está muy relacionado a la noche porque cuando se empieza a volver algo masivo en Estados Unidos, en los años 70, había tanto nivel de homofobia, discriminación y transfobia, que esa gente se veía obligada a recluirse en boliches. A medida que fue pasando el tiempo, si bien siguió siendo algo relacionado a la noche, se fue expandiendo hacia muchos otros ámbitos. En 2008, RuPaul –una de las drag queen más populares– hizo un reality show y eso popularizó el drag y lo llevó a ámbitos donde antes era imposible que estuviera. Hoy en día hay drag queens que tienen sus propias líneas de maquillaje, que son jurados en programas de televisión o cantantes. Originalmente, la perfo en boliches era la interpretación de una celebridad mujer, todo muy exagerado, como una estatua viviente que bailaba arriba de un parlante. Pero ahora se logró expandir hacia otros ámbitos y se abrió la posibilidad a que una drag queen o un drag king pueda llegar a donde quiera.

–¿Es una búsqueda artística?

–Totalmente, pero también mucha gente a través del drag encuentra cosas de sí mismos. Muchos han descubierto sus identidades de género a través del drag. Es que cuando te terminás de montar y te mirás al espejo –independientemente de si es la primera vez o no– es un momento fuerte porque no podés creer que sos vos. Toda la vida te viste de una forma y ahora te ves de otra.

–¿Y como es la escena drag argentina?

–Sigue siendo bastante de la noche y recluida. Es algo muy nuevo. Cuando empecé, no quería presentarme en boliches porque nunca fui de salir a bailar. Empecé a hacer drag cuando empecé a hacer cosplay y no había tanta gente haciendo esto. En especial, que hiciera las dos cosas de la mano, porque además dentro del ambiente del cosplay existe el crossplay (una variante del cosplay en el que una persona se disfraza de un personaje del género opuesto) y cuando empecé en el crossplay se veía más a una chica haciendo de chico que a un chico haciendo de chica, porque es un ambiente bastante machista todavía. Hay mucho acoso, desde el sexual hasta el cibernético. Entonces, no conocía a otro chico que haga de chica y si había alguno era algo muy tranqui, cero exagerado, que es todo lo que lleva el drag. Yo incluyo al cosplay en el drag. Para mí, drag es cualquier persona que se montó y salió así a la calle.

–¿Hay mucho acoso en el ambiente?

-Sí, pero en los últimos dos años se hizo una campaña que impulsaron los chicos de Nerdro channel que se llama «Cosplay No ES Consenso» y generó un gran cambio. Al principio eran cinco chicos que iban a eventos y repartían pines, panfletos y tomaban denuncias de acoso, que iban desde la violencia verbal a lo sexual o que te quieran pegar. En los eventos de comics, animé y demás no hay lugares para hacer denuncias formales, entonces no hay estadísticas de cuántas veces pasa, pero creo que el 90 por ciento de los cosplayers hemos sufrido acosos. Con esa campaña se logró que el año pasado, en la primera Comic On del año, se pongan carteles para visibilizar esta problemática y pedir que se respete a la gente. Y ese fue el gran cambio: el evento más grande de Argentina está reconociendo que hay un problema.

– Decís que no te importa la política pero, de alguna manera, hay mucho de política en lo que hacés.

–Es que realmente hay tanto nivel de discriminación y de tabú. La mayoría de las drag queen trabajan en boliches del colectivo LGTTBI, nunca en un boliche heterosexual, donde el gay que va es más tapado y no es femenino. Y cuando empiezo a ir a eventos, para la gente era shockeante. Me acuerdo que al primer evento que fui era con mi novia –aunque no éramos novios todavía– y con un grupo de amigos, y me tenía que bancar todos los comentarios que te podés esperar. Siempre gritaban desde lejos. Yo si me dicen algo, respondo.

–Cuando empezaste, ¿se lo contaste a tus viejos? ¿Cómo fue?

–Los primeros meses lo hice sin salir de mi casa. Vivía con mi mamá y tenía un horario donde estaba solo y era el momento para explorar eso. También porque socialmente en 2015 era un poco más tabú que ahora. Por mucho tiempo lo seguí haciendo solo para eventos y para fotos. No en mi casa porque no lo había hablado con mis papás. Cuando lo hablé, en septiembre u octubre del año pasado, por suerte tuvo una muy buena recepción. Se lo dije porque en ese momento viajábamos con mi mamá a Nueva York, a la Comic Con, y yo quería ir de un personaje que me encanta que se llama Junko Enoshima, un personaje japonés que tiene un pelo rosa gigante. Entonces fue mi momento para decírselo.

— Cuando tu papá dijo que iba a ser candidato a presidente, ¿sentiste que lo que haces iba a ser un problema?

–Cuando me lo contó fue un balde agua fría, porque no estaba al tanto y no lo esperaba tampoco. Lo primero que se me vino a la cabeza fue: ‘acá se termina esto para mí, voy a tener que cuidarme’. Si ya me venían diciendo cosas por hacer drag en eventos o, incluso, por ir de hombre disfrazado y que me vean como una cosa rara, ahora va a ser peor. Pero gracias a Fabiola (Yañez, la novia de Alberto Fernández), lo empecé a ver como una oportunidad para que todas estas problemáticas se vuelvan visibles. Y ahora no lo estoy sufriendo. Es raro que me manden mensajes de medios y marcas proponiéndome cosas. Desde que hicieron el anuncio hasta ahora, sumé más de diez mil seguidores en Instagram. Tengo mi cuenta desde 2012 y en todos esos años había conseguido tener 13.000 seguidores, porque logré ser reconocido como Dyhzy, la drag queen.