Entrevista a Daniel Gilibert, tío de una de las víctimas de la Time Warp

Por Gisela Marziotta para Página|12

Daniel Gilibert es el tío de Francisco Bertotti, uno de los cinco jóvenes que falleció durante la tragedia de Time Warp . En diálogo con Página/12, recordó cómo vivieron esa mañana los familiares y se refirió al estado de la causa judicial.

-¿Cómo recuerda el día de la tragedia?

Fue terrible. Diana, mi ex mujer y hermana de Mónica, la mamá de Francisco, me llamó para contarme que Mónica estaba muy preocupada porque Francisco había ido a la fiesta, no llegaba y ya se había dicho por los medios que había un muerto. Mónica y Michel, que vivían en Pilar, se fueron al Hospital Fernández donde estaban dando información y yo me fui para mi antigua casa para acompañar a Diana y mis tres hijos. Fue una locura. Hasta que finalmente se supo que Francisco había fallecido. Cuando llegó la peor noticia, me fui para el hospital junto con mi hija Belén. Antes le tuve que dar la noticia a Diana. Fue durísimo porque, además, ella estaba saliendo de una operación muy compleja. La verdad es que cuando pienso en mis cuñados no me puedo ni imaginar lo que viven. Es imposible imaginar lo que es para un padre perder un hijo. Estas cosas te parten para siempre, por más de que la vida sigue y a veces hasta parece una falta de respeto que la vida siga, pero sigue. Y esta bien que así sea, pero ya nunca va a ser igual. Estas heridas no sanan nunca.

– ¿Cómo lo recuerda a Francisco?

Él era un muy buen pibe. Tremendamente familiero. Toda la familia somos muy unidos. Quizás no nos veíamos tan seguido pero siempre estábamos juntos y compartiendo. Francisco era estaba estudiando Ingeniería. Era muy fanático de River. Iban a ver todos los partidos con Michel. Él no pudo volver a ver más un partido de fútbol. Estas pérdidas son tan fuertes que te marcan hasta en los detalles más cotidiano. Fran tenía una relación muy linda con mi hija más chica, Belén. Eran muy amigos y ella sufrió mucho todo esto.

– Hay quienes sostiene que Time Warp fue una trampa mortal. ¿Coincide con esta visión?

Sí, totalmente. Yo creo que fue así. Lo que a uno lo desvela es por qué ellos cinco ¿Por qué? ¿Qué falló ahí? Y la verdad es que es difícil de poder saberlo, pero sí está claro que no hubo una atención inmediata y la atención dejó mucho que desear. Eso es en lo que está ahora la causa. Y esto es lo que más duele porque siempre queda la duda de si tu familiar se podría haber salvado si hubiera tenido una buena atención. Lo que pretendemos es llegar a la verdad pero por lo que ya está probado en la causa, hay elementos para decir que se armó una trampa mortal.

– ¿Cuál es la expectativa de los familiares en este momento?

Nosotros queremos saber la verdad, por dolorosa que sea. Una cosa grave en la causa es que aparentemente en la pericia médica que se hace inicialmente hay cosas que se hicieron mal o que se necesitaba cierta aparatología que no se tenía y, entonces, se llegó a esa conclusión del policonsumo. Por suerte, y gracias a los abogados que trabajaron muy bien, se consiguió que la Cámara ordenara hacer nuevas pericias para lo que se trajo un equipo del exterior y hoy la causa está con eso. Ese es un tema fundamental para saber qué pasó. No sé qué decir en cuanto a las expectativas, pero sí puedo decir que en este caso — como en muchos otros— las causas se hacen eternas, sobre todo cuando hay ciertos intereses detrás: empresarios poderosos, poder político, dinero. Porque si bien esta no es una causa política, sí es cierto que los primeros responsables que se vieron acá fueron funcionarios del gobierno de la Ciudad y la Prefectura, que el predio donde ocurrió está muy vinculado al gobierno porteño e, inclusive, que es una concesión que fue otorgada por el gobierno a precios irrisorios. Y en estas causas uno siempre tiene un manto de sospecha, sobre todo en estos tiempos. Creo que los familiares sentimos que todo esto se demoró mucho y no entendemos por qué existió esa primera pericia con esa conclusión. Por eso, lo único que exigimos es que las pericias que faltan hacer se hagan seriamente, que se pueda llegar a un resultado valedero, basado en pruebas no manipuladas, y así llegar a la verdad. Eso es, en definitiva, lo que necesitamos: saber qué pasó con los chicos.