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Cerebro on line: analizan el impacto del uso intensivo de Internet

«La forma en que las personas hoy prestan atención a múltiples focos, buscan datos en lugar de memorizarlos e interactúan con sus contactos en redes, forman parte del impacto de Internet en el cerebro y, según analizó un reciente estudio, lo convierten en «on line».  Los investigadores exploraron cómo las características únicas del mundo online pueden influir en la atención, los procesos de memoria y la cognición social.

¿Necesitamos las mismas capacidades cerebrales para tener ‘amigos’ en las redes que en el mundo físico?, ¿Internet nos está haciendo perder la memoria, o alterando la atención? es el enfoque del reciente estudio «The «online brain» (el «cerebro online»), elaborado por un equipo de investigadores de Western Sydney University, Harvard University y Oxford University, entre otras instituciones. 

Los investigadores observaron primero la multitarea digital, donde los datos evidenciaron que el hecho de realizar múltiples tareas en línea no mejoró la capacidad de las personas para realizar múltiples tareas en otros ámbitos, es más,  podría facilitar su distracción: “El flujo ilimitado de mensajes y notificaciones de internet nos alienta a mantener constantemente una atención dividida, lo que a su vez puede disminuir nuestra capacidad para mantener la concentración en una sola tarea“, según explica Joseph Firth, investigador principal en el Instituto de Investigación de Salud NICM de la Universidad de Western Sydney.

El profesor Jerome Sarris, director adjunto del NICM Health Research Institute, manifiesta su preocupación en cuanto a la fisiología cerebral e influencia social: “El bombardeo de estímulos a través de Internet y la atención dividida resultante que se experimenta comúnmente presenta una serie de preocupaciones“, “Creo que esto, junto con la creciente #Instagramificación de la sociedad, tiene la capacidad de alterar tanto la estructura como el funcionamiento del cerebro, al mismo tiempo que también puede alterar nuestro tejido social“.

Como el uso de internet puede tener tanto aspectos positivos y algunos riesgos asociados,  los investigadores recomiendan limitar el uso de Internet. Como el Prof. Sarris que aconseja practicar la atención plena, reducir la cantidad de tareas múltiples en línea y “participar en más interacciones en persona“.

Para el caso de los niños, Firth destaca la existencia de varias aplicaciones disponibles para que los padres restrinjan el uso de Internet en teléfonos móviles y computadoras.

El investigador también aconseja “Hablar con los niños a menudo acerca de cómo sus vidas en línea los afectan, pues también es importante para identificar a los niños en riesgo de acoso cibernético, comportamientos adictivos o incluso explotación, y así permitir una intervención oportuna para evitar resultados adversos“.

Dados estos hallazgos, las investigaciones futuras deben centrarse en los jóvenes, ya que es algo claro que los adultos mayores pueden verse estimulados positivamente por las características que ofrece Internet, además de profundizar sobre los efectos cognitivos a largo plazo y el impacto que puede tener en nuestra memoria espacial.

A pesar de que el estudio concluyó en que «aún no se establecieron» los efectos a «largo plazo» de Internet en el cerebro se encontró «un apoyo emergente para varias hipótesis», por ejemplo que para adultos mayores que experimentan deterioro cognitivo el entorno en línea puede proporcionar una nueva fuente de estimulación.

Para la psiquiatra y endocrinóloga, María Teresa Calabrese, «hay que tener cuidado con este tipo de estudios porque los cambios en el cerebro se ven en el largo plazo».

No solo Internet sino también «el ejercicio físico, las relaciones interpersonales y las actividades sociales siempre que representen un desafío activan conexiones en el cerebro», enfatizó a Télam la especialista, que es miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

«Cuando se les aconseja a las personas que hagan crucigramas y después de un tiempo los empiezan a automatizar ya no sirve. Lo importante es que la acción represente un desafío», sostuvo. 

El estudio también se enfocó en la posible existencia de ciertos aspectos únicos de las redes que implican funciones del cerebro que no son centrales en los entornos sociales del «mundo físico». 

Como la tendencia de las redes a alentarnos a mantener muchas conexiones sociales «débiles», que involucran a miles de caras con nombres, lo cual podría requerir una gran capacidad de memoria asociativa que no suele ser necesaria en las redes del mundo físico.

Lo que hoy sí se puede decir es que «Internet se convirtió en el almacén de la memoria de nuestro cerebro, un lugar donde almacenamos un montón de datos que antes solamente podíamos memorizar o apuntar en un cuadernito», resumió a Télam Alejandro Andersson, médico neurólogo y director del Instituto de Neurología Buenos Aires.

«Cambió y sigue cambiando la forma en que aprendemos, y los recursos del cerebro que antes dedicábamos a memorizar hoy cumplen otras funciones», agregó. 

El neurólogo explicó esta situación al calificar a Internet y los buscadores como nuestra «memoria transactiva»: «Pensemos en un matrimonio donde uno de los dos no sabe la fecha de cumpleaños de sus amigos o conocidos pero su pareja se acuerda de todos, entonces lo único que necesita es preguntarle cuando quiera saber».

«Se ahorra el esfuerzo de memorizar esos datos porque está recurriendo a la memoria transactiva de su pareja. ¿Y nosotros qué hacemos? Recurrimos a la memoria transactiva de Internet», comparó Andersson.

Por eso el neurólogo es optimista a la idea de que el cerebro evolucione: «En otro momento apareció la calculadora electrónica y algunos padres se enojaban porque los chicos no hacían cuentas, ahora tenemos otro momento de cambio».