Tarifazo: hay 150 clubes de barrio que no pueden pagar los servicios

Por Gisela Marziotta para Página/12

Los clubes de barrio de la ciudad están al borde del colapso económico. De los 350 clubes porteños, alrededor de 150 están con grandes deudas en el pago de servicios como luz, agua y gas, debido a la imposibilidad de hacerle frente a los aumentos en las tarifas que en muchos casos llegan a los 90 mil pesos. Así lo señalan desde el Observatorio Social y Económico de Clubes de Barrio y Afines (OSECBA), una organización que tiene como objetivo «potenciar a los clubes de barrio y sus actividades en el marco de la importancia social que los mismos tienen dentro de la sociedad» y nació al calor de los tarifazos «por la necesidad de sobrevivir».

«Al igual que en el resto del país, los clubes de barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires se encuentran en una situación de gravedad extrema: instituciones que se endeudan con las empresas prestadoras de servicios por sumas millonarias y sufren el corte de servicios, que ven mermados sus ingresos por la grave crisis económica que sufre el país y la falta de políticas públicas tanto por parte del gobierno de la ciudad como del gobierno nacional. Este combo hace que tengamos clubes que empiezan con el cese de actividades, el cierre de piletas, que dejan de usar gimnasios y salones, y se ve el deterioro general de sus instalaciones«, contó Cristian Font, presidente de OSECBA, a PáginaI12.

«Además, el gobierno nunca cumplió con la devolución del 40 % en los servicios que anunció Mauricio Macri en 2016, no reglamenta la Ley Nacional de Clubes de Barrio -votada por unanimidad en ambas cámaras del Congreso- y promueve la creación de sociedades anónimas deportivas», añadió.

El referente en la defensa de los clubes de barrio sostuvo que en la actualidad solo el 50 % de los socios está abonando la cuota social, lo que sumado al aumento de más del 3.000 % en los servicios de los últimos años y la subejecución de la partida presupuestaria destinada a los clubes sociales generan un «combo explosivo» difícil de desactivar. «A esto se le suma un peligro extra: muchas de estas instituciones centenarias están construidas en tierras que han aumentado su valor exponencialmente en los últimos años. Esto, sumado al fuerte espíritu privatizador del gobierno porteño, los convierten en lugares de deseo para desarrollar emprendimientos inmobiliarios, turísticos y comerciales de distinto tipo, tal como ocurrió en la década del 90 con la gran crisis gerenciadora en la que muchos clubes de barrio de la ciudad desaparecieron», agregó. Y recordó la reciente venta del Club Tiro Federal, en Núñez, y el proyecto del oficialismo para trasladar el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) a Villa Soldati.

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Recorte de actividades

Font señaló que «por suerte» aún no cerró ningún club en la ciudad, pero aseguró que la situación es crítica y que muchas instituciones se vieron obligadas a recortar actividades o, incluso, a tener que cortar servicios básicos, como la luz o el gas, debido al alto nivel de endeudamiento con las empresas proveedoras de servicios y la imposibilidad de hacer frente a un plan de financiamiento por las elevadas tasas de interés. Otros han sufrido el corte del servicio eléctrico por falta de pago, como ocurrió la semana pasada con el Club Bristol, en Parque Patricios, y el Club Flores Sur, en Flores.

«Hay instituciones que se han salido de la red de gas natural y pasaron al gas envasado, dejando a miles de chicos, jóvenes y adultos sin la posibilidad de acceder a una ducha caliente en el club, generando peores condiciones para aquellas personas que muchas veces tienen allí la posibilidad de acceder a un baño digno y en condiciones. En los casos más extremos, hay instituciones que debieron recurrir forzosamente a situaciones irregulares como engancharse de un servicio para evitar el cierre de un espacio», detalló.

Además, señaló el impacto que tiene la crisis de los clubes en la economía de los barrios porteños, con el cierre de comercios y PyMES. «Hay un grave deterioro en el círculo virtuoso que se generaba entre los clubes y los comercios y pequeñas y medianas empresas de los barrios. Por un lado, nuestro consumo disminuyó pero, además, esas empresas y comercios que antes nos ponían un sponsor o que colaboraban en la compra de calzado o indumentaria, hoy ya no lo hacen o, para peor, han cerrado sus puertas«, dijo Font.

Y es que la crisis no impacta sólo en la economía de las instituciones, también modifica su funcionamiento y el del barrio. Al igual que en 2001, hoy los clubes vuelven a convertirse en mercados de trueque, comedores comunitarios y hasta refugio para las personas en situación de calle. Como el caso del Club Villa Miraflores, en el Bajo Flores, que abrió un merendero luego de que un chico se desmayara por hambre durante una clase de artes marciales. O los cientos de clubes que abrieron sus puertas para dar refugio a las personas en situación de calle en las noches más frías del año, iniciativa que comenzó Juan Carr, referente de la ONG Red Solidaria, junto con el Club Atlético River Plate y que luego fue replicada en clubes de toda la ciudad y el país. «Hoy los clubes seguimos cumpliendo la función social y lo hacemos teniendo menos ingresos pero más demanda día a día por parte de una sociedad que no encuentra respuestas del Estado pero si lo hace desde nuestras instituciones», manifestó.

Clubes porteños contra el tarifazo

Tarifa social en electricidad

Frente a este panorama, los clubes de barrio presentaron un proyecto de ley que busca establecer la tarifa social en electricidad para todos los clubes de barrio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires que se encuentren inscriptos en el Registro Único de Instituciones Deportivas de la ciudad. La tarifa social implica 50 % de descuento sobre el monto total a pagar, que deberá estar incluido en la factura emitida por la empresa distribuidora de energía eléctrica correspondiente. Para esto, el gobierno porteño deberá firmar acuerdos con las empresas distribuidoras de energía, según lo establece el decreto 162/2019 del Ministerio de Hacienda de la Nación.

El proyecto, cuya autoría es de la legisladora Silvia Gottero, señala que la eliminación de los subsidios a las tarifas desató un grave perjuicio a los clubes de barrio, elevando sus costos fijos mensuales en forma desproporcionada y hace especial hincapié en la urgencia de aprobarlo ante la la llegada de la temporada invernal, que implica un mayor consumo de electricidad. «De no mediar una solución al consumo de energía, los clubes recortarán las actividades dejando sin ejercicio físico a socios, alumnos de escuelas públicas y abuelos del PAMI, con el consiguiente perjuicio social que esto acarrearía», señala en su texto.

Por otra parte, desde el Observatorio Social y Económico de Clubes de Barrio y Afines sostienen que «la verdadera intención» detrás de estas medidas de asfixia económica a los clubes es instalar el modelo de Sociedades Anónimas Deportivas frente al actual modelo social y comunitario, un viejo anhelo de Macri desde que presidía el Club Atlético Boca Juniors. Y como para muestra basta un botón, en abril el presidente modificó el decreto 1212, que establecía un régimen especial de aportes y contribuciones patronales de los clubes de barrio. Mediante el decreto 231/2019, aumentó al 7,25 % la alícuota que pagan las instituciones, amplió la base de la carga tributaria y eliminó el beneficio para las escuelas que dependan de las entidades deportivas.

Rodolfo Paverini, presidente de la Confederación Argentina de Deportes, coincide con esa visión. «Nosotros pensamos el deporte como un elemento de cohesión social y de transmisión de valores, pero lo que vemos es que tanto el gobierno nacional como el de la ciudad tienen una visión comercial del deporte que está fuertemente marcada por el modelo de las sociedades anónimas deportivas y para instalar ese modelo necesitan que desaparezcan los clubes de barrio», aseguró a PáginaI12.

La degradación del deporte argentino

«Hoy los clubes tenemos un modelo asociativo donde cada uno de los socios somos dueños, por así decirlo, y podemos influir sobre las políticas, autoridades y actividades del club. En cambio, en una sociedad anónima sólo se explotan aquellas actividades que son rentables económicamente y ahí no queda ninguna duda que el único deporte que se sostiene sería el fútbol», detalló. «El gobierno nacional ha conducido a un déficit y una degradación del deporte en la Argentina, y la Ciudad de Buenos Aires no está exenta de esto. Quieren que desaparezcan los clubes de barrio para perder esta idiosincracia del deporte y transformar todo en un modelo netamente comercial», agregó.

Por último, denunció que detrás de ese modelo se esconden grandes intereses inmobiliarios y aseguró que la flamante Agencia Nacional del Deporte, antes Secretaría, no es más que una «Agencia Inmobiliaria del Deporte». «En la Ciudad de Buenos Aires quieren vender el CENARD para llevarlo al Parque Roca con el argumento de que allí va a haber más posibilidades para la práctica deportiva, pero lo cierto es que cuando vas al Parque Roca no hay nada y, casualmente, el predio del CENARD está en las tierras más caras de la ciudad. Entonces, de lo que se trata es de poner en venta el patrimonio del deporte argentino», manifestó Paverini.

«Hoy está en manos del jefe de Gobierno de la Ciudad resolver el tema, porque a partir de la firma del último pacto fiscal los servicios públicos pasaron a ser responsabilidad de cada jurisdicción. Antes se pasaban la pelota entre el gobierno nacional y el porteño. Ahora se acabaron las excusas y (Horacio) Rodríguez Larreta no puede hacerse el distraído sobre esta problemática. Esperamos que nos convoque a las instituciones para discutir cuál va a ser la tarifa social sobre bases sólidas», concluyó.