La Confitería del Molino abre sus puertas por un día

Las puertas de la histórica Confitería del Molino, que supo albergar encuentros de artistas como Carlos Gardel y Niní Marshall, se abrirán nuevamente este fin de semana para participar del Día Nacional de los Monumentos.

Entre las reformas se encuentran el salón de fiestas de 832 metros cuadrados con piso de madera, seis imponentes columnas que renovadas con estuco o ‘falso mármol’, la reparación total del cielo raso y la recuperación e instalación de iluminarias históricas.

El Edificio del Molino estuvo cerrado durante 21 años, entre 1997 y 2018.

“Solo teníamos el esqueleto de la baranda, pero faltaban los bordes y el rosetón central, todo de bronce, partes que pudimos reconstruir gracias a las fotos que aportaron los vecinos”, explicó Nazarena Aparicio, coordinadora del equipo de restauración y agregó: “El rosetón grande se hizo con una foto de un cumpleaños de 15”.

Historia de la Confitería

En 1850 los pasteleros italianos Constantino Rossi y Cayetano Brenna decidieron abrir la Confitería del Centro, en un inmueble ubicado en Rivadavia y Rodríguez Peña, local que 16 años más tarde pasó a llamarse “Antigua Confitería del Molino” y que en 1905, fue trasladada a su ubicación definitiva y actual en las avenidas Rivadavia y Callao, frente al Congreso de la Nación.

Reinaugurada en 1916, en coincidencia con la conmemoración del centenario de la independencia argentina, se convirtió en un ícono de la arquitectura, tal es así que fue decretada Patrimonio Histórico del Art Nouveau y la vanguardia de la Belle Époque por la UNESCO en el año 2000.

Además del reconocimiento por la arquitectura, la Confitería del Molino se destacó por la calidad de sus productos y su pastelería única que generaba que sus clientes hicieran largas filas para adquirir sus postres y su tradicional pan dulce.

“Las chicas de Flores tienen los ojos dulces, como las almendras azucaradas de la Confitería del Molino”, escribió el poeta Oliverio Girondo, asiduo cliente del local, o Roberto Arlt, quien mencionó en sus aguafuertes porteñas el icónico edificio.

Durante el golpe de Estado de 1930, que derrocó a Hipólito Yrigoyen, el inmueble con más de 1200 metros cuadrados de vitrales, fue incendiado y tuvo que cerrar sus puertas durante algo más de un año.

El 23 de febrero de 1997, el histórico comercio tuvo que cerrar sus puertas como consecuencia de la fuerte crisis económica que enfrentó el país.

En 2014, a través de la ley 27009, se logró la expropiación del inmueble y en julio del año pasado comenzaron las tareas de restauración que desempolvarán otras anécdotas de personajes entrañables de la historia argentina e incontables recuerdos, artículos y variados elementos de la época.