“Mucha gente que cobra un salario mínimo piensa que es de la clase media”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Zeta.

Para Ezequiel Adamovsky que los ingresos de los sectores medios se hayan retraído fuertemente durante los cuatro años del mandato de Mauricio Macri, no puso en riesgo la base de representación política vinculada a los valores expresados por el oficialismo saliente. Más bien, todo lo contrario.

Licenciado en Historia en la UBA y doctorado por University College London (UCL), investigador del CONICET y autor de, entre otros libros, la Historia de la clase media, donde aborda de manera cronológica el surgimiento y la evolución de la identidad de clase media a lo largo del siglo XX hasta principios del siglo XXI, Adamovsky critica el abordaje que vincula lo monetario con la pertenencia de clase y asegura que la autopercepción, las expectativas, los comportamientos y las estrategias de distinción social son más constitutivas de la identidad de clase que los ingresos mensuales.

¿Qué interpretación hace de los números que indican una fuerte retracción de la clase media porteña en los últimos cuatro años?

Son estadísticas que se elaboran en base a los ingresos, es decir lo que marcan esos datos oficiales es cómo cambian los niveles de ingreso, pero no necesariamente cómo cambian las clases sociales. Es un error muy habitual reducir los niveles de ingreso a la pertenencia a las clases sociales. Es decir, no es que si un mes hay mucha inflación, entonces la clase media se achica o viceversa. De la misma manera, tampoco tiene sentido un informe del Banco Mundial de hace unos años que indicaba que la clase media de la Argentina se había duplicado en diez años. No funciona de esa manera, es una forma muy arbitraria ya que alguien está decidiendo dónde pone los niveles de ingreso el corte. Y habitualmente sucede que ese corte suele ser un ingreso muy bajo, con lo cual queda menos gente afuera de lo que podría ser un número más serio.

Además, imagino que se trata de un corte muy variable, con consumos que entran y salen, y que a su vez van configurando ese perfil de la clase media.

Sí, es que la pertenencia de clase no varía de un día para el otro dependiendo si aumentan o bajan los ingresos. No se forman así los sentidos de identidad de clase, ni cómo se piensa una clase en un sentido más objetivo.

¿Qué define a la clase media como tal?

En mi trabajo yo sostengo que no existe la clase media como tal. No es un grupo objetivo que uno pueda delimitar, todos los intentos de delimitarla -por diversos motivos- fracasan. La clase media es una identidad. Lo que marcan los estudios es que cerca de un 80% de la población cree de sí misma que es de clase media. Esto no tiene ningún correlato con los ingresos porque hay una enorme cantidad de gente que está cobrando un salario mínimo, pero cree que son de clase media. Si no, no se explica.

¿Sucede también al revés? Sectores que son de clase más bien alta, pero se consideran de media.

Sí, también sucede, es un fenómeno conocido. Hay personas que son verdaderamente ricas, pero evitan el mote de clase alta y prefieren presentarse como clase media alta. Estadísticamente, es un número pequeño. Por el contrario, hay mucha gente que es pobre y sin embargo piensa de sí misma que es de clase media.

Más allá de la autopercepción, ¿cómo impactan ciclos económicos de retroceso como el vigente en el imaginario de esas clases medias?

La comparación más directa son las décadas del 80 y 90, cuando se empezó a hablar de los “nuevos pobres”. Hay estudios que se hicieron en base a la caída de los niveles de ingreso, y que pueden ser comparables como lo que sucede ahora. Esos estudios marcan que por un lado hubo un cambio importante en los horizontes de expectativas. Fue el momento en que las encuestas empezaron a marcar que los padres imaginaban que sus hijos iban a estar peor que ellos, al contrario de lo que venía sucediendo. Fue un quiebre grande en la representación simbólica de la clase media. Y otra cosa importante, fue que hubo dos fenómenos que parecen contrapuestos, pero que no lo son: el empobrecimiento de sectores medios, contrariamente a lo que se suele imaginar desde la sociología donde se cree que la persona que se empobrece gira hacia la derecha, en la Argentina pasó más bien lo contrario. Hubo mayor cercanía con las demandas populares. Y por otro lado no hubo una simbiosis cultural entre nuevos pobres y los pobres. La gente que era de clase media y que había caído en la pobreza mantuvo pautas culturales y elementos de distinción para separarse de los pobres. Es un fenómeno complejo.

¿Qué piensa que sucedió durante el gobierno de Mauricio Macri en una ciudad como la de Buenos Aires, donde a pesar de la caída de los ingresos, mantuvieron la mayoría con un alto nivel de votos?

-Esto que voy a decir es puramente impresionista, no lo tengo estudiado. Hubo un empobrecimiento de toda la población en general, salvo de los más ricos, pero lo que me parece es que políticamente la traducción política es diferente a lo que sucedió en la década del 90. Todo el ciclo de resistencia al neoliberalismo que condujo a la rebelión de 2001 y el surgimiento del kirchnerismo, fue un ciclo en el que la sociedad argentina osciló más bien hacia el lado progresista, la actitud política fue más de centroizquierda. Hay una parte de los sectores medios que mantienen esa mirada progresista. Esto fue distinto a lo que sucedió desde 2007 y 2008 a esta parte, donde empezó a surgir una extrema derecha con una base social muy visible, parte de los sectores medios -sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires- que están enraizados en una derecha neoliberal. Y lo que es una novedad de los últimos tiempos, combinada con una actitud política autoritaria, no pluralista, antipopular, antiplebeya. Esto se pensaba más bien minoritario, pero luego de cuatro años de Macri, esta mirada ganó legitimidad, presencia pública y marca una diferencia con lo que pasó en la década del 90.

Es decir, estamos en presencia de sectores de la clase media que se vieron perjudicados por las políticas económicas del macrismo, reflejadas en las estadísticas, pero que aun así mantienen su apoyo político.

-Sí, sí. Si fuese por los resultados económicos, deberían ser todos anti-macristas o contrarios a sus políticas. Este no es necesariamente el caso porque acá entran a jugar otras cuestiones de representación e identidad política, de relatos e interpretaciones sobre qué es lo que está pasando. Lo interesante de esto es que no hay una traducción automática entre crisis económica, caída del ingreso y orientación política de los sectores medios. Esto siempre me interesa resaltarlo porque existe una expectativa de que una persona de clase media empobrecida va a ser fascista o de derecha, bueno, va a depender muchísimo de los contextos, de cómo se articulan políticamente con otros sectores sociales o fuerzas políticas que puedan ofrecer caminos o relatos para explicarse.

¿En qué está cimentada esta identidad que expresan hoy más vinculada a la derecha que a la salida progresista de los 90?

En los años 90 hubo un relato muy fuerte, que tuvo sustento en los medios de comunicación de aquella época, que asociaba las penurias del país con el modelo neoliberal y a la vez con la corrupción menemista. En estos tiempos, los relatos se han corrido hacia otro lugar, hubo un machaque en las últimas dos décadas culpando al populismo de todos los males del país y planteando la disyuntiva política como “populismo vs república”, en la cual los males del país no tienen que ver con un modelo económico sino simplemente con la corrupción y la corrupción asociada con el peronismo, con lo cual se fortaleció mucho una mirada antiperonista y se corrió del espacio interpretativa el eje neoliberalismo vs progresismo, que dominó hasta el 2001. 

Foto: Juan Foglia