La Ciudad obtuvo el mejor puntaje de la región en las controversiales pruebas PISA

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Zeta

A favor, en contra. Las pruebas PISA despiertan pasiones encontradas en la comunidad educativa, los medios y la sociedad. Para algunos, se trata de la comprobación de una profunda decadencia educativa que estaría atravesando la Argentina. Otros fundamentan que la metodología responde a una mirada “economicista” de la educación, atravesada por intereses arropados en la entidad que promueve esta evaluación: la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La Ciudad de Buenos Aires registró los mejores índices, por encima de los guarismos obtenidos por Chile, el país que quedó en el tope del ranking de la región.

Los 12 mil alumnos que participaron en la edición 2018 de las PISA dejaron resultados que redundaron (en el marco estandarizado de la muestra) en un mejoramiento de los índices en Lengua, un empeoramiento en los de Matemática y un empate en Ciencias. Si se toman en cuenta a los 79 países de todo el mundo que participaron el año pasado de la prueba, Argentina ocupó el lugar 63 en Lengua, 71 en matemáticas y 65 en Ciencias. Sin embargo, uno de los resultados más alarmantes, destacado en la difusión de los medios, fue que en Lengua, pese al avance, el 52,1% de los estudiantes se ubicaron en el nivel más bajo de rendimiento o por debajo de éste, lo que implica que los alumnos “sólo pudieron realizar las tareas más simples frente a los textos presentados “, detalla el informe.

Entre los distritos representados en la muestra, la Ciudad de Buenos Aires registró los mejores índices, por encima de los guarismos obtenidos por Chile, el país que quedó en el tope del ranking de la región. La Ciudad había tenido resultados muy malos en las PISA de 2012; tres años después, hubo un llamativo (y sospechado) salto en la evaluación; esta vez, los resultados fueron calificados por especialistas como “más lógicos”. En comparación con 2015, en lectura cayó 21 puntos (454 en total), en matemática se redujo en 22 unidades (434) y en ciencias disminuyó 20 puntos (455).

De esta manera, la Ciudad lideró el ranking local (que estuvo compuesto por cuatro distritos). Luego le siguió Córdoba (427 puntos en lectura, 400 en matemática y 427 en ciencias), la provincia de Buenos Aires (413 en lectura, 387 en matemática y 427 en ciencias) y, por último, Tucumán (389 en lectura, 364 en matemática y 391 en ciencias).

“Esto se explica básicamente por la desigualdad que hay en la Ciudad, donde traccionan más los resultados de la educación privada, que son el 52% de la matrícula”, explica a Diario Z Irene Kit, presidenta de la Asociación Civil Educación para Todos y responsable del análisis y redacción de los resultados PISA locales.

Irene Kit: “PISA es una prueba que fue definida en la OCDE para países que tienen otros niveles socioeducativos: siempre vamos a estar en la cola, por como está definida.

Miguel Duhalde, docente e investigador integrante de CTERA,  destaca que los resultados de la Ciudad dejan en evidencia hay “problemas metodológicos”. “A nosotros nos llamó la atención en el operativo anterior de 2015, cuando lo único que se publicó fueron los resultados de la Ciudad (hubo un conflicto entonces con Nación, que quedó afuera de la prueba), fue el crecimiento más grande de la historia -entre 2012 y 2015- para un jurisdicción. Resulta que ahora la Ciudad retrocedió bastante y esto evidencia que hay algo en la metodología que anda mal, o en la forma de preguntar o corregir: no hay rigurosidad metodológica”.

Kit concede que la publicación de los resultados en forma de ranking “no es lo ideal y hace daño, frustra, te deja con una sensación amarga y nos lleva a buscar rápido un culpable: así no vamos a ningún lado, nadie lo va a solucionar”. Al mismo tiempo, la especialista en educación asegura que “hay que insertar otro tipo de mensajes, de lo que se puede hacer en el aula; en vez de usarlo para rankear, usemos esto para demandar como educadores” y “dar el debate que hay entre el enfoque ‘contenidista’ y la búsqueda de profundidad”.

Miguel Duhalde: Lo que la OCDE quiere saber, en el fondo, con las pruebas PISA, es cómo los países se adaptan al modelo de producción económica mundial.

“Una de las cuestiones que se critican de estos operativos es que los resultados son tomados por gobiernos para diseñar políticas públicas educativas, pero son datos generales y homogéneos, que no alcanzan a los docentes y directivos, es decir a los que están al frente del aula”, advierte Duhalde. En ese sentido, señala que Pearson, la empresa que está a cargo de la prueba a nivel mundial, es “una compañía mundial, gigante, que además asesora a la OCDE para preparar plataformas educativas tecnológicas, que sirven justamente para esto”.

“Lo que quieren saber, en el fondo, es cómo los países se adaptan al modelo de producción económica mundial. Desde mi punto de vista, estos resultados tienen muy poco valor en el aspecto del aula”, agrega.

Sobre los cuestionamientos de la metodología aplicada, Kit advierte que “PISA es una prueba que fue definida en la OCDE y la media es la media de la OCDE, para países que tienen otros niveles socioeducativos: siempre vamos a estar en la cola, por como está definida”. “Dicho esto, estamos lejos del techo. Ciencia y lectura, la mitad de los estudiantes está en el nivel básico, la otra mitad no, necesita una guía. En matemáticas, estamos peor. Dos de cada tres, están en un nivel incipiente y sólo uno está en el nivel básico”, añade.

Por último, Kit recomienda hacer foco en otros resultados de la evaluación, como por ejemplo que el 70% de los alumnos valoran a sus docentes y el 35% son lectores entusiastas.

“Por supuesto que primero hay que sacar a los niños de la pobreza, que tienen que comer, pero yo no renuncio a la épica del educador, aquella que nos marca que desde el aula podemos atacar las desigualdades del sistema”, completa.