La diversidad del universo peronista colmó las calles en la asunción de Alberto Fernández y CFK

Desde la tarde de ayer había un nutrido grupo de trabajadores de la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (CNCT) acampando frente al Congreso Nacional para esperar el momento clave de la jornada de este martes 10 de diciembre: la jura del presidente electo Alberto Fernández y de su vice, Cristina Fernández, y después el discurso inaugural del flamante jefe de Estado. También hubo, ayer lunes, por la noche, cientos de personas que se acercaron a Plaza de Mayo mientras se probaba el sonido y las luces del escenario en el que tocarían las bandas del festival que arrancó a las 14 horas de hoy. Eran señales que indicaba que la convocatoria para celebrar la asunción del nuevo gobierno sería multitudinaria. Así fue y así es.
Cuando Fernández salió de su departamento en Puerto Madero, manejando su propio auto, había gente esperándolo en la puerta. También se había cargado los costados de Avenida de Mayo, detrás del vallado. Durante todo el recorrido, cada tanto AF saludó con una mano y con la otra maniobraba el volante. Ya se veían flamear las banderas de diversos sindicatos: la UOM, Camioneros, Canillitas.

El discurso del jefe de Estado comenzó cerca de las 12 de este martes y terminó una hora después. Y fue luego de eso que se desató el momento más candente de la jornada. Se combinaban los 42 grados de sensación térmica que marcaba el termómetro con la euforia de los decenas de miles que se habían volcado a las calles del centro de Buenos Aires para celebrar el ciclo político.

El presidente volvió a subir a su auto, en esta ocasión no lo manejaba él y lo acompañaban su hijo Estanislao y su pareja Fabiola Yañez. Al salir del Congreso para ir hacia la Casa Rosada, cientos de personas se pusieron alrededor del vehículo. Entre los carteles de agrupaciones peronistas se distinguía una bandera roja, blanca y con un cuadrado azul en un ángulo con una estrella. Era la bandera de Chile, ondeada por una mujer que pugnaba por saludar al mandatario argentino por la ventana.

A los pocos metros el auto logró comenzar a circular con mayor velocidad. A los lados de la avenida, recorrida en sentido inverso que en la mañana, habìa un mar de banderas. Toda la diversidad del universo peronista estaba desplegada: Los Octubres, Betazategui, Todos, con un sol en la segunda O; el Movimiento Evita con fondo azul y las palabras con letras blancas; Peronismo Militante; decenas de gremios.

Cuando el recorrido llegó a la altura de Nueve de Julio, en la esquina del restaurant Ronas, de Tienda Café y de varias librerías que venden textos usados, la multitud había cruzado las vallas y el auto con el presidente tuvo que bajar la velocidad y comenzar a avanzar a paso de hombre, en medio de los manifestantes. Atrás, tambièn por avenida de Mayo, se acercaba la marea humana que se había concentrado en el Congreso y ahora marchaba hacia la Rosada.

Fue muy lento el último tramo del recorrido. Cuando Fernández llegó a la sede del Gobierno, el festival musical ya había comenzado. La temperatura estaba por encima de los 37 grados, la Plaza de Mayo desbordaba y la multitud se perdía en el horizonte.