Leda Valladares: Gran Bagualazo en el Museo Etnográfico a un siglo de su nacimiento

Más cercana al oficio del antropólogo que al perfil del músico profesional, Leda Valladares protagonizó un inmenso trabajo de rescate del patrimonio musical argentino, acaso la mayor herencia de la poeta que nació el 21 de diciembre de 1919 en Tucumán y murió el 13 de julio de 2012.

A modo de celebración del siglo de su nacimiento se realizará un «Gran Bagualazo Nacional», en el Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti, el sábado de 16 a 19 en Moreno 350.

«Mi misión en la vida es reivindicar y desempolvar la historia de los héroes anónimos de la cultura popular: empleadas domésticas, peones rurales, músicos de desconocidas bandas municipales… El pueblo campesino nos enseña lo que los libros no dicen, lo que la cultura oficial ignora, lo que la petulancia desoye. Desde la experiencia de vida se hace temblar los cánones del docto», reveló Valladares.

Con ideas de libertad estética, Leda formó su primer grupo antes de cumplir los 20 años, acompañada por talentosos amigos. Así creó F.I.J.O.S (Folklóricos, Intuitivos, Jazzísticos, Originales y Surrealistas) con Adolfo Abalos, Manuel Gómez Carrillo, Enrique «Mono» Villegas, Gustavo «Cuchi» Leguizamón y Louis Blue.

Formada en lenguajes musicales ajenos a la tradición de su tierra, Leda siempre evocaba su primer contacto con la baguala: «Estaba en Cafayate, una noche de Carnaval y tenía 21 años. Me desvelaron tres mujeres que se detuvieron frente a mi balcón. Yo nunca había oído hablar de la baguala. Después de escucharlas me prometí recuperar semejante regalo de la tierra. Tomé una especie de conciencia bastante trágica. Un país que estaba al borde de perder su historia, sus tradiciones, y nadie se daba cuenta que todo eso se estaba muriendo o ya estaba muerto».

Su etapa más difundida como intérprete y compositora fue la forjada con su compañera María Elena Walsh. Se instalaron en Francia en 1952 y trabajaron un patrimonio conformado por carnavalitos, bagualas y vidalas; además de desarrollar composiciones propias, un oficio que ambas cultivaron con originalidad.

Leda Valladares y María Elena Walsh, un vínculo creativo y perdurable.

En París grabaron sus primeros álbumes y se relacionaron con otros artistas, como la chilena Violeta Parra o la estadounidense Blossom Dearie.

De regreso a la Argentina, en 1956, Valladares y Walsh realizaron una extensa gira por el Norte argentino, en donde reunieron canciones que luego formaron parte de sus primeros discos: «Entre valles y quebradas I y II», ambos de 1957, muy celebrados por el ambiente folclórico de la época.

Un aporte medular fue condensado en «Mapa musical argentino», una recopilación de obras populares editadas entre 1960 y 1974 por el sello Melopea dirigido por Litto Nebbia. Fue una serie de 11 álbumes que documentaban la música del norte argentino.

«Con mi modesto grabadorcito a cuestas fui recogiendo el folclore desde Ecuador hasta Santiago del Estero. Con mucha paciencia, fui reconstruyendo el mapa musical del país, arrancando esos cantos de callejones, ranchos, valles, quebradas o corrales», explicaba.

Esa antigua huella de canto y caja -que recogieron artistas contemporáneos como Liliana Herrero o Raúl Carnota-, Valladares también se la enseñó a músicos de las orillas del rock como Fito Páez, Pedro Aznar, León Gieco y Gustavo Santaolalla.

Afectada por el Alzheimer, Valladares se retiró de la vida pública en 1999.

«El aporte de Leda Valladares al folclore fue infinito pero nunca valorado», evalúa Miriam García, su discípula,  con mirada crítica sobre ese espacio natural y a la vez esquivo.

«Antes de mirar el mundo me puse a oírlo», dijo una vez Valladares. Esa posición atravesó su obra y su vida.

Canto andino en el Rojas

Una de las herencias que dejó Leda Valladares fue la institucionalización de un curso sobre técnicas ancestrales de voz y percusión para el «Canto Andino con Caja», que desde hace 30 años se realiza, sin interrupción, en el Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires. Creado por la propia Valladares, el curso se encuentra hoy a cargo de Miriam García, discípula de Leda.

«Pocos cursos se mantienen en el tiempo durante tantos años. Evidentemente en este caso hay una necesidad que está latente en la población y que es la de reencontrarse con un cantar y una musicalidad que abreva en las profundidades de las raíces», afirmó García sobre el ciclo.

Se puede reservar vacante al correo cantoconcaja@yahoo.com.ar