Mónica Capano: “Destruyen el patrimonio porque para Macri y Rodríguez Larreta todo es negocio”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

“Acá estamos en medio de un latrocinio”, dice Mónica Capano, ex integrante de la Comisión Nacional de Museos, experta en patrimonio urbano y asesora de la Comisión Bicameral que lleva adelante la recuperación de la histórica Confitería del Molino, un proyecto que considera como un “remanso” frente a lo que sucede en el resto de la Ciudad. Con larga trayectoria en la defensa del patrimonio arquitectónico, cultural y natural de Buenos Aires, Capano asegura que el macrismo, primero, y el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, hoy, impusieron una mirada en la que prima la ejecución de planes de negocio por sobre el derecho a la ciudad. Una línea de gestión que comenzó a ejecutarse con eficacia desde diciembre de 2007, cuando el PRO desembarcó en el gobierno. Desde entonces se registraron edificios históricos demolidos o mutilados, espacios verdes públicos privatizados, todo enmarcado -según Capano- en una mezcla de negocios, desidia, malas ideas y una “absoluta falta de planificación”.

La Confitería del Molino, en un proceso de recuperación exitoso.

Hay una sensación que sobrevuela al caminar la ciudad de una suerte de aceleración en el ataque al patrimonio, ¿esto es así?

Hay mucha más vía libre, es así. Estamos viendo los efectos del nuevo Código Urbanístico, que nosotros cuestionamos en la Legislatura. Hay una laxitud muy grande y el oficialismo ha encontrado la forma de enmascarar las cuestiones patrimoniales para transformarlas en un negocio. El ejemplo clave es el llamado Eco Parque, donde había una confluencia de dimensiones: edilicia y de naturaleza, más allá de la discusión de “animales sí o animales no”. Nunca hubo participación ciudadana sobre el destino del lugar. Por un lado tenías el patrimonio edilicio de lo que eran los zoológicos, de un estilo decimonónico pero que dialogaba con el patrimonio natural. Era un pulmón con árboles de distintas especies, todo tipo de pájaros… con toda esta intervención casi salvaje que se ha hecho se destruyeron senderos y mucho de lo que era diseño original del gran paisajista Carlos Thays. No se sabe incluso el destino de bienes artísticos, que quedaron como concesionables. Si uno miraba los pliegos, lo que se concesionaba era mucho más que la superficie de los edificios; yo pregunté si estaban concesionando lo que iban a ser varios pisos de los edificios o estaban concesionando espacio verde. Nunca me contestaron. Indudablemente están concesionando espacio verde con fines gastronómicos, van a poner sillas, mesas, en un espacio verde que era público. Es decir, se ha privatizado.

También se demolieron muchísimos frentes antiguos o están en proceso de demolición.

Acá hay una cuestión nueva. Lo que hacen es preservar algo del frente y construyen desde adentro, como si fuera una torta de varios pisos, una torre. El ejemplo más clásico es el hotel que está en Alsina y Chacabuco, que era una pieza italianizante, que tenía una planta baja y dos pisos. Eso lo conservaron, pero de adentro sale una torre vidriada. Son mamotretos. Nos estamos encontrando con escándalos todo el tiempo, como el caso de la Plaza Walsh, en San Telmo, y el mural sobre la Masacre de Trelew. Esa es una obra autorizada por el gobierno de la Ciudad. En ese inmueble funcionaba la imprenta de los Niños Expósitos, dentro del Casco Histórico. Como estaba la traza de la calle Perú, la vereda quedó angosta, y había quedado un hueco en la esquina, que era una plaza y la medianera expuesta. Ahí estaba el mural. El gobierno hizo un convenio con el propietario, sin pasar por la Legislatura, y le permitieron hacer una recova y aparecer casi como un héroe porque estaría donando ese espacio para que la gente no transite por una vereda angosta. Lo que no están diciendo es que a pesar de la obra nueva, este señor conserva el primer piso de la antigua casa, que está por fuera de la línea municipal, y excepciones en el edificio que está haciendo atrás. Este es un ejemplo de tergiversación de las cosas que suceden en la ciudad, con argumentaciones para justificar este tipo de autorizaciones que son falaces. Hay que empezar a discutir este tipo de situaciones, como el caso del Centro de Vestuario del Complejo Teatral de Buenos Aires, para el que se utilizó el Mecenazgo Cultural y más de cuatro millones de pesos para guardar el vestuario que necesita una conservación especial. Ahí se construyó saber, con una tecnología adecuada, y hoy consideran que no es de utilidad. Si hacemos ejercicios conceptuales, se cae todo este edificio del macrismo. Sin embargo, siempre corremos el riesgo de quedarnos en discusiones puntuales, no vamos a lo profundo.

Una cuadrilla destruye el mural sobre la masacre de Trelew, en la Plaza Walsh de San Telmo.

Cuando conceptualizás la situación, ¿qué es lo que ves?

Hay de todo. Por un lado una mentalidad muy aviesa de cómo hacer el negocio. Todo el mundo habla de lo que realmente no importa. Y además cómo construyen un discurso sobre todo esto. Un caso emblemático sucedió cuando vinieron a presentar el proyecto para el terreno donde está la policía montada (N de la R: el oficialismo porteño buscó rezonificar un predio de ocho hectáreas en pleno Palermo, en manos de la Policía Federal). El macrismo decía que hoy los ciudadanos no pueden entrar a ese terreno y que si se aprobaba la construcción de seis torres, íbamos a poder entrar a tomar un café porque además querían permitir un patio de comidas. Querían destruir la arboleda, las superficies absorbentes. Siempre hago la pregunta del millón: las externalidades, los beneficios que nos da a todos ese espacio verde, ese pulmón, ¿cómo van a compensarlo? No lo pueden contestar. Hay que profundizar en todo esto.

Existe una mirada preexistente con relación al patrimonio como algo conservador y tradicionalista, frente a una mirada más moderna que lo ve como resguardo de las identidades y potencialidad turística. ¿Cómo te parás frente a eso?

Nosotros vemos al patrimonio como identidad, huellas que van dejando las distintas generaciones. No pensamos al patrimonio como una cosa estática, cerrada, que no puede abrirse ni al turismo. Es una posibilidad de hacer un negocio, bien pensado y cuidado. En esa línea tenemos al CCK, al Centro Cultural Kirchner, a pesar de que algunos seguramente piensan que hay cosas que se podrían haber hecho mejor. Pero entrás al CCK y tenés una idea de lo que fue ese edificio, y aunque hoy tenga otro uso, no es que lo convirtieron en un shopping. El discurso del gobierno de la Ciudad está muy centrado en los negocios pero no veo planificación a futuro, no se está pensando en cómo va a ser Buenos Aires en 20 años. Siguen cementando, destruyendo el arbolado, poniendo adoquines sobre bases de cemento sin capacidad de absorción, hay un deterioro impresionante del ecosistema, y se sigue construyendo para la especulación. Todos son polos gastronómicos, se concesionan los bajo autopistas, los terrenos del ferrocarril… todo es negocio, más negocio, más negocio.

El CCK, en el edificio del Correo “respecta las huellas que van dejando las distintas generaciones.

¿Hubo una aceleración de la entrega de los pocos espacios vacantes al mercado?

-Claro. Están construyendo torres pero no piensan en una infraestructura acorde a esos edificios: centros de salud, centros educativos… ¡en la ciudad faltan vacantes! En lugar de aprovechar inmuebles como la famosa escuela del pasaje San Ireneo (N de la R: donde funcionaba el ex Colegio Santa Rosa) que está entera pero cerrada, se la piensa convertir en un shopping. Así no se planifica una ciudad, menos el respeto al remanido término del “derecho a la ciudad”. Esta es una ciudad construida por “los de turno”, hoy es el secretario de Desarrollo Urbano Álvaro García Resta, ayer fueron otros, que no tienen en cuenta la participación. Pero bueno, si tenemos en cuenta que entre Macri y Rodríguez Larreta han vendido más de 500 hectáreas de espacio público… la verdad no sorprende. Es una cifra demencial.

El Zoológico que diseñó Carlos Thays, convertido en un centro gastronómico privatizado.

¿En qué enmarcás esta política?

Son necesidades de financiamiento, pero absolutamente espurias. Dicen “vendo esto porque con este dinero voy a pagar esto otro”. Son dibujos. El presupuesto es un dibujo, cambian todo el tiempo las partidas, es casi imposible hacer un seguimiento. Entonces uno se pregunta ¿cuánto sale al final la obra? Estaba presupuestada en 15 millones, pero termina saliendo 115 millones por las adendas. Y lo peor de todo: nada de esto le mejora la calidad de vida a la gente, hablamos de cosas innecesarias. La Ciudad está llena de un mobiliario innecesario, alejado de los perfiles barriales y en esto se gasta fortuna.