Guía de recomendaciones de la Facultad de Psicología

Por Franco Spinetta. Diario Z

La cuarentena obligatoria ha pulverizado las rutinas y el confinamiento enfrenta a millones de personas a cambiar drásticamente el orden de prioridades y provoca el surgimiento (o profundización) de problemas que, en el ritmo habitual de la vida, quedaban rezagados o directamente tapados. Así como se advierte sobre un posible recrudecimiento de la violencia intrafamiliar, favorecida por el encierro, también hubo un crecimiento exponencial de las consultas psicológicas.

La Facultad de Psicología de la UBA emitió una guía de recomendaciones psicológicas para afrontar la pandemia. Se trata de una guía básica para conducirse en esta emergencia, que da algunas pautas útiles sobre cómo protegerse desde el punto de vista psicológico ante un escenario absolutamente incierto como el que estamos atravesando, una situación que dispara “estados de ansiedad”: el elevado nivel de incertidumbre, advierten, precipita un estado de “captación ansiosa” que constituye la preparación ante una amenaza desconocida.

Los psicólogos de la UBA enumeran una serie de recomendaciones, como la de mantener los horarios de sueño regulares, no sobreexponerse a las noticias sobre la pandemia y consultar solamente fuentes confiables, en momentos específicos del día.

También recomiendan quitarse el pijama o la ropa de dormir, aunque no salgamos de la casa; aprender algo nuevo a través de tutoriales o cursos online (hay muchos gratuitos); establecer una rutina de ejercicio físico; acceder cuanto sea posible a la luz solar y a la naturaleza; alimentarse bien y mantenerse hidratado; mantener redes de contacto social y contención con familiares y amigos; ser considerado con uno mismo, teniendo en cuenta que lo nos pasa y les está pasando a los demás; hablar con hijos y menores cercanos, mantener espacios de juego y divertimento; no saturarnos con tareas -cumplir con la cuarentena es ya de por sí un gran esfuerzo- y buscar ayuda adicional en profesionales de la salud si las emociones nos desbordan.

El documento identifica algunas de las emociones que podemos estar experimentando. Miedo (a perder salud, a las posibles consecuencias de la enfermedad, a la falta de recursos, a la falta de insumos básicos), frustración (sensación de pérdida de libertad, dificultad para llevar adelante proyectos y actividades personales), enojo (la sensación de que está ocurriendo un hecho injusto), ambivalencia (alivio por estar en casa, pero al mismo sentimos miedo, frustración y enojo), desorganización (la imposibilidad de continuar con nuestra rutina y la sensación de pérdida de control), aburrimiento (la posibilidad de vincularnos con otros se reduce significativamente), tristeza (por la ruptura de la cotidianidad, agravada por el aislamiento), sentimiento de soledad (especialmente en aquellas personas que viven solas), sensación de encierro (agobio), y ansiedad (sensaciones desagradables frente a la incertidumbre).  “Estas emociones pueden tramitarse identificándolas, aceptando y cambiando aquellas conductas que interfieren con el afrontamiento de esta situación. Identificar implica observar y comprender nuestros pensamientos y emociones”, explican.

Frente a esta situación, los psicólogos de la UBA mencionan tres reacciones frecuentes, que muy probablemente hayamos advertido entre nuestros contactos cotidianos. “No pasa nada, esto no me va afectar, están exagerando”, es una respuesta común. “Estos pensamientos, que pueden calmar a una persona , lo llevan a tomar conductas de riesgo, exponiéndose a sí mismo y a otros. La conducta también modula emociones”, advierten.

“Es catastrófico, no lo van a poder controlar. Estamos totalmente desprotegidos”, es otra de las respuestas usuales. “La emoción es la desesperanza y su aparición dificulta que nuestra conducta se mantenga estable, ya que si nada sirve no tiene sentido hacer nada. Est importante identificar esta emoción para comprender que la misma nos hará más difícil generar una nueva rutina y respetar las normas sociales”, señalan los profesionales.

En otro extremo, una postura más optimista suele ser la de “aprovechar esta situación para hacer todo lo que tengo pendiente, debo ganar tiempo”. “La emoción suscitada -matizan los psicólogos- es la ansiedad de que algo se está perdiendo. Es probable que nos lleve a estar hiperactivos, al agotamiento y al sentimiento de fracaso. Establecer metas resulta una buena estrategia en esta situación, pero es esencial que éstas sean realistas, ya que imponer metas muy exigentes contribuirá a generar un sentimiento de que uno no rinde lo que debería.”

En este contexto, continúa el documento divulgado por la UBA, monitorear constantemente el número de infectados y fallecidos no hará más que confirmar un sesgo negativo que incrementará directamente nuestro malestar y nos hará más difícil la tarea de mantenernos en equilibrio regulado. Los psicólogos proponen tomar este evento como un “imponderable” de la naturaleza y, de esta manera, entrar “más en contacto con el presente sin hacer proyecciones a las posibles consecuencias de esta situación”.