Docentes: historias de los otros héroes de la cuarentena

Por Demián Verduga

Y de pronto las escuelas se cerraron. El lugar al que millones de chicas y chicos van para sociabilizar, para aprender, para jugar, para alimentarse, puede ser un centro privilegiado de transmisión de coronavirus. La suspensión de las clases es uno de los núcleos centrales de la cuarentena.

Sobre los docentes cayó -otra vez- una responsabilidad superlativa: tuvieron que comenzar articular una educación virtual de la noche a la mañana; una catarata de contenidos que deben enseñarse sin que ellos y sus alumnos se vean las caras, al menos en persona. Y como sucede con tantas otras cosas, la idea de la escuela virtual chocó con varios aspectos de la realidad. Hay familias que no tienen computadora en su casa, otras en las que hay varios hijos y un solo celular que usan los padres para hacer teletrabajo, otras en las que hay celular pero no conectividad en el barrio. Y lidiando con todo: los docentes.   

Lorena Sokol es maestra de tercer grado en una escuela de Parque Patricios a la que asisten chicos y chicas de la villa 21-24. Atendió  el teléfono para la entrevista con Diario Z y dijo: “E-le-fan-te, elefante”. Luego aclaró: “Perdón, es que tengo un rato ahora para ayudar a mi hijo con su tarea”.

 “Estoy trabajando desde las 7 de la mañana hasta las 12 de la noche -contó Lorena-. Por ahora lo que mejor me resulta para mandarles contenidos a los peques es el WhatsApp y cada uno contesta a la hora que puede”.

La maestra destacó lo trabajoso que fue armar un grupo con todas las familias. “Me tomó una semana porque cuando se declaró la cuarentena yo todavía no tenía el número de todas las familias y tampoco los habían compartido entre ellos. Una cosa es esta realidad en una escuela de Coghlan y otra en las barriadas del sur”.

Imagen que circula en la comunidad educativa de las barriadas del sur

Antes del whatsapp y los grupos virtuales, Lorena y sus compañeros tuvieron que resolver una cuestión más acuciante. “Había que garantizar que coman, así de simple. Había muchos problemas con las viandas y ahora que viene la semana santa y un fin de semana largo muchas familias nos llaman preocupadas porque no tienen dónde ir a buscar comida”.

“Armo las tareas en la madrugada, cuando el resto duerme y después las mando. Tengo que adaptarme a la situación de conectividad de cada pibe. No todos tienen computadora en la casa.”

Patricia, profesora secundaria.

El ingenio ha logrado poner algunas luces en este túnel, en especial para intentar poner sobre la mesa un elemento central en cualquier proceso de aprendizaje durante la infancia, el afecto. “Es algo fundamental -dijo Lorena-. Cómo se hace a la distancia. Yo les mando audios con cuentos narrados y les pido que me contesten algo. El otro día jugué por videollamada a la guerra de cartas con una nena que está un poco atrasada en matemáticas. Son estrategias que vamos encontrando”.

Lorena sostuvo que el gobierno porteño “no está haciendo ningún esfuerzo para garantizar la conectividad de los chicos. Dejaron hace años de repartir las computadoras y hay familias en las que cuentan con un solo celular para todos”.

 “Estoy trabajando desde las 7 de la mañana hasta las 12 de la noche. Por ahora lo que mejor me resulta para mandarles contenidos a los peques es el Whatsapp y cada uno contesta a la hora que puede”.

Lorena Sokol, maestra primaria en la zona sur de la Ciudad.

Para los secundarios la situación es igual de compleja. Patricia es profesora de tercer año y da distintas materias de ciencias sociales. “Es muy complicado. Las clases se cortaron después de la primera semana y hay muchos alumnos con los que no nos conocíamos, así que a muchos les escribí una carta para comenzar  a acercarnos”.

Otro desafío es articular la vida familiar -Patricia tiene una nena de 5 años-y la escuela virtual. Ella encontró un horario en el que puede sumergirse con mayor concentración, sentarse frente a la computadora con la lámpara del escritorio encendida y envuelta por un relativo silencio. “Armo las tareas en la madrugada, cuando el resto duerme y después las mando. Tengo que adaptarme a la situación de conectividad de cada pibe. No todos tienen computadora en la casa”.

Aunque hay presiones por parte de las autoridades del Ministerio de Educación porteño, Patricia sostuvo que ella prefiere “no poner una fecha de entrega. Hay pibes que tienen que hacer un gran esfuerzo en sus casas para poder contestar. No me parece bien ponerles la presión de un vencimiento en este contexto”. “Hay todo un debate sobre qué se puede enseñar en estas condiciones -remarcó-. Aprender no es solo incorporar un contenido”.

Patricia contó que la mayoría de sus alumnos hacen  devoluciones de los trabajos. “Para mí el hecho mismo de que se sienten a tratar de hacer la tarea es importante. No creo que se pueda poner una evaluación en esta situación.”

Al igual que Lorena, Patricia cuestionó la “falta de voluntad del gobierno de la ciudad para garantizar la conectividad de los chicos y chicas. Hay computadoras en la escuela y no se las quieren dar porque parten de la base de que las van a romper”.

Las instituciones de educación inicial o jardines maternales tienen desafíos distintos, pero igual de complejos. Damián Drescher es maestro en el jardín maternal Luces, en Bajo Flores, al que asisten chicas y chicos de 3 meses a dos años. Coincidió con un punto básico señalado antes por sus colegas. “Lo primero que tuvimos que hacer fue garantizar la comida”.

Sobre  las clases virtuales, el maestro sostuvo que “las realidades de las familias son muy diversas. Tenemos chicos de la villa 1-11-14 que no tienen conectividad”. Damián contó algunos de los mecanismos que han encontrado para mantener el contacto.  “Hicimos un canal de Youtube del jardín porque de esa forma las familias tienen que ocupar menos espacio de sus teléfonos para poder compartir los contenidos. Porque no siempre tienen espacio ni crédito”.

Para tejer el vínculo afectivo, los docentes del jardín Luces decidieron mandar juguetes de la escuela a las casas de los chicos y chicas.  “Ellos después nos envían con los padres algún video mostrándonos cómo juegan. Lo que vamos a hacer ahora es que cada semana les vamos a mandar uno diferente, que vayan rotando entre ellos”.

Son algunos pantallazos de lo que hacen los docentes para enseñar en medio del aislamiento social obligatorio, historias de los otros héroes de la cuarentena.