A los mayores de 70, la sobreprotección “les puede resultar agobiante”, dice una experta en tercera edad

Por Valentina Herraz. Especial para Diario Z.

La psicoanalista Marcela Barilari, especializada en personas de la tercera edad, opina que los adultos mayores están acostumbrados a estar solos, que su vida no cambió tanto con la cuarentena y que “el halo de protección” que les ofrecen los adultos puede resultarles agobiante.

La psicoanalista Marcela Barilari dice que la cuarentena cambió poco la rutina de las personas de más de 70 años.

“No todos los adultos mayores son iguales, los que pensamos en ellos y en cómo están, si bien somos adultos, no somos adultos mayores”, dice Marcela Barilari para empezar a hablar de cómo viven los más grandes entre los grandes el aislamiento preventivo por el Coronavirus.

La psicoanalista Marcela Barilari es miembro de la prestigiosa Institución Fernando Ulloa y se especializa en la atención a personas de la tercera edad. En este momento la Institución está atendiendo telefónicamente o por video llamada a más de 1.400 pacientes y tiene abierta la admisión de nuevos pacientes sin que importe la edad. En el caso de los adultos mayores, las entrevistas suelen darse por vía telefónica.

“A veces ponerse en el lugar del otro no alcanza ya que se sigue viendo con los propios ojos y las miradas pueden no coincidir”, explica Barilari y advierte que “ese halo de protección que los adultos quieren dar a los adultos mayores en estos momentos puede resultar agobiante”.

Hay que tratar de entender que la rutina que se ha perdido producto del aislamiento – levantarse, ir a trabajar, llevar a los chicos al colegio, hacer las compras o cocinar-, es una rutina de actividades que las personas de 80-90 años ya no tenían mucho antes del coronavirus.

Para los mayores de 80 la rutina puede ser cuidar las plantas, mirar algún programa, leer o escuchar un audiolibro, son todas actividades que no se ven modificadas por la cuarentena, por eso para ellos tal vez no sea tan convulsiva la restricción.

-Entonces ¿el aislamiento no es vivido por los más grandes como una pérdida?

-Cuanto más grande es un ser humano más parece que no le queda suficiente tiempo. Pero el paso del tiempo puede ser vivido como ganancia o como decadencia. Si uno piensa ‘no voy a llegar a ver a mis bisnietos´ no va a poder considerar el aislamiento como algo que tiene un fin. No todos los adultos miden el tiempo como pérdida, para muchos es la ganancia de la experiencia. Inclusive puede ser que aprovechen para dormir más o reencontrarse con hábitos que perdieron, cocinar algo, dibujar, escribir.

La especialista considera que la cuarentena es una oportunidad para los más grandes: “Escuchar el silencio propio y dejar que el vacío creativo aflore: dedicarse a buscar algo que estaba pendiente”.

Es bastante extendido que muchos adultos mayores sean personas autónomas en muchos sentidos, que han aprendido a vincularse con la tecnología. “Tienen celulares o tablets con Internet donde puedan investigar cosas de su interés, comunicarse con otras personas”, explica Barilari. “Si la familia siente como un gesto de tristeza que haya bajado su participación en Facebook hay que ver la posibilidad que lo que tengan para decir no es lo que se espera. Si antes publicaban fotos de sus plantas, en este contexto tal vez piensan que se puede tomar a mal que estén felices por una flor”.

 “Dejáme tranquila, yo estoy bien”

Más o menos cariñosos, más o menos fastidiados, “dejáme tranquila” es una respuesta que los hijos no están preparados para escuchar cuando amablemente ofrecen llevar a la madre, al padre, a la tía, a su casa.

-Hay adultos mayores que están acostumbrados a no ver a la familia, se relacionan con las personas que los ayudan pero la familia no está. Y de repente los empiezan a llamar porque ahora son personas en riesgo. Eso puede ser más extraño para ellos que el hecho de no salir a la calle.

-¿Tampoco es bueno llamarlos con frecuencia?

-Si antes no se hacían, los reiterados llamados para saber si comieron, si tomaron los remedios o si tomaron suficiente agua pueden resultar invasivos. Cuando se les está encima lo más seguro es que piensen ‘dejame tranquila’. Ponerse en el lugar de ellos también significa no sobreproteger.

-¿Y con los más chicos?

-Si había fechas en las que la familia se juntaba, entonces las llamadas van a estar bien. A veces los niños escucharon que los abuelos o bisabuelos están en riesgo, esas llamadas pueden servirles a ambos.

Barilari invita a tener en cuenta que los adultos de más de 70 años tienen menos movilidad por lo que “su vida no cambió tanto con la cuarentena”. Estar solos mucho tiempo es lo cotidiano en esta franja de adultos mayores autónomos, prefieren estar tranquilos con su rutina, les resulta mejor que ir a una casa donde no están sus cosas y hay mucha gente: “Los roces aparecen donde hay muchas personas, en cambio cuando están solos se sienten bien”, explica Barilari.

Barilari recomienda que si se está pensando en llevarles un regalo junto con la comida o los remedios se les pregunte qué quieren. “Una cosa es lo que nosotros creemos que necesitan o desean y otra distinta es lo que ellos quieren. Lo mejor es preguntarles y no decidir por ellos”, afirma.

 Las familias hoy están más atentas que nunca. Barilari propone distinguir entra las diferentes reacciones. “La restricción de no salir puede generar sentimientos como angustia, ansiedad, resignación, ira, depresión, entre otros. Todos son sentimientos muy humanos, no son patologías. Distinto es negarse a comer.

“Puede ser que los adultos mayores extrañen su rutina de hacer alguna visita o recibirla, de charlar con la persona que los ayuda en sus casas, pero seguro el impacto de la restricción es menor que en el resto de las personas” tranquiliza la psicoanalista.