Trabajadores de la salud reclaman testeos y el equipamiento de protección

Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Están en la primera línea de combate contra el Covid-19. Reciben los aplausos masivos de apoyo cada noche. Sin embargo, muchos no cuentan con los insumos básicos para evitar el contagio. La Argentina es el país con la tasa más alta de trabajadores de la salud sobre el total de infectados por coronavirus: hasta el viernes, 431 médicos y enfermeras habían dado positivo, un 15% de los 2839 casos reportados, por encima del 13% de España, afirma la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (Fesprosa).

En la Ciudad de Buenos Aires se multiplican las denuncias de trabajadores de la salud por la falta de insumos básicos, como barbijos, mascarillas y alcohol en gel, pero también por la demora en la realización de testeos masivos en los hospitales públicos.

Fuentes del gobierno porteño aseguraron a Diario Z que una parte importante de los test rápidos comprados hace una semana, que aún no llegaron, estarán destinados al personal de salud. Así lo confirmó un prestigioso médico con llegada al ministro Fernán Quirós, que pidió anonimato porque, al mismo tiempo, criticó la lentitud con la que el gobierno está abordando la problemática.

Desde la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (Fesprosa), aseguraron que los testeos masivos entre los trabajadores sanitarios es una medida urgente para hacer un “seguimiento de la curva de infectados”. “Que Argentina tenga la tasa más alta del mundo de personal de salud infectado es alarmante y exige medidas urgentes de testeo masivo, provisión de elementos de protección personal y acciones coordinadas para la fiscalización sanitaria del sector privado, así como la incorporación de los trabajadores a los comités de crisis”, indicaron.

Mientras tanto, en los hospitales Zubizarreta, de Villa Devoto, y Ramos Mejía, de Balvanera, el Ministerio de Salud se vio obligado a clausurar de manera temporaria los servicios de Terapia Intensiva y Neonatología, respectivamente, luego de que se conociera que 42 profesionales de esos centros sanitarios se contagiaron de coronavirus. Fueron los primeros síntomas visibles de los problemas que padece el sistema público de salud.

Una trabajadora del Zubizarreta contó a Diario Z que venían alertando a las autoridades sobre la precariedad de los insumos y también sobre ciertas prácticas burocráticas que ponen en riesgo a los profesionales y personal administrativo, como las reuniones en lugares pequeños. Es más, luego de que la médica infectada de ese establecimiento fuera internada, “a las enfermeras que comparten sala cerrada con ella las hicieron ir igual a trabajar, exponiéndose ellas, sus familias, pacientes de terapia intensiva, trabajadores del hospital, usuarios de transporte público…”, relató.

La cartera sanitaria aclaró que “de acuerdo con la investigación epidemiológica que se llevó a cabo se estima que la médica (del Zubizarreta) se contagió en una clínica privada, donde también trabaja y asiste a pacientes de Covid-19”.

La jefa de Terapia Intensiva presentó fiebre después de haber estado asintomática. Luego de que se confirmara el caso, la Ciudad decidió cerrar la terapia intensiva y trasladar los pacientes allí internados a la terapia intermedia, mientras que otros pacientes más graves fueron derivados a los hospitales Santojanni y Muñiz. También se puso en cuarentena a una veintena de médicos y enfermeros que conforman la terapia intensiva del Zubizarreta y que habían estado en contacto directo.

En paralelo, se confirmó que la dirección médica del Hospital Ramos Mejía  cerró el Servicio de Neonatología y el de Obstetricia luego de que se confirmaran la infección por coronavirus de tres enfermeras, mientras otros 38 agentes fueron puestos en cuarentena.

Hasta el momento, los casos más resonantes en la capital habían sucedido en el sector privado. El Sanatorio de la Providencia, ubicado en Balvanera, debió cerrar sus puertas directamente tras comprobarse que 34 profesionales que trabajan allí habían contraído Covid-19. Y el jueves 16 de abril, el Hospital Italiano reconoció en un comunicado oficial que habían detectado 19 casos positivos de coronavirus entre sus trabajadores, al tiempo en que informaban que tres de ellos se encuentran internados y el resto, en su domicilio.

En tanto, los hospitales Udaondo, Pirovano y Elizalde se sumaron al pedido por insumos. “Los funcionarios no están a la altura de las circunstancias porque no nos proveen de los insumos de protección personal para enfrentar la pandemia. Piden que cuidemos la salud de la población. Si nos enfermamos, no podemos realizar nuestra tarea. ¡Faltan insumos de protección personal!”, difundió la Asociación de Médicos Municipales del Pirovano. En el Udaondo, los trabajadores salieron a la puerta del hospital para reclamar. Y en el Elizalde, continúan exigiendo la descentralización de firmas de planillas de enfermería, para evitar que se congreguen 50 personas en una pequeña sala. “No entendemos cómo profesionales universitarios no ven esto”, indicaron.

Los planteos de los trabajadores tuvieron su eco judicial con una cautelar dictada por la justicia porteña, que ordenó al gobierno de la Ciudad a tomar las “medidas necesarias para proporcionar a todos los trabajadores de la salud del Hospital Ramos Mejía, una adecuada protección y proveerlos de los elementos de protección (EPP) necesarios para evitar el contagio del Covid-19, de acuerdo con las actividades y tareas que cada uno desarrolla”.

La urgencia para resolver estas dos situaciones críticas está justificada no sólo por la situación actual sino por los escenarios futuros proyectados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que prevé un “tsunami” de casos de coronavirus para América latina. La directora de la OPS, Carissa Etienne solicitó a los líderes apoyo para resolver lo que consideró el mayor desafío actualmente: “El acceso a pruebas de Covid-19 de calidad y asequibles, y a equipos de protección personal para profesionales de la salud, en primera línea de la batalla contra el virus”.

Foto: Bernardino Avila