“A los niños les cuesta armarse una idea de futuro, hay que ayudarlos a incorporar que esto es pasajero”

Por Demián Verduga

Pandemia y cuarentena: las escuelas cerradas, la posibilidad de reunirse con las amigas y los amigos para jugar limitada al mundo virtual; un encierro prolongado en las casas en el que los padres tienen que suplir a los maestros en el acompañamiento del aprendizaje; un virus que circula afuera, que infecta a las personas y a veces las mata; un bombardeo incontrolable de información, cifras, infectólogos, médicos, matemáticos que hacen proyecciones sobre la evolución de la enfermedad; cuidarse de tocar a las personas, de saludarlas con un beso, cuidarse de los objetos.

“Este cambio tan abrupto en la vida cotidiana afecta sobre todo a los chicos que están transitando la primera infancia”, le dice Agustina Germade a Diario Z. Germade es  psicoanalista de niños, niñas y adolescentes. Trabaja en la Dirección General de Acompañamiento, Orientación y Protección a Víctimas (Dovic) de la Procuraduría General de la Nación. Se ocupa de los chicos y chicas que sufrieron abuso sexual y maltrato.   

“Los niños muy pequeños están sufriendo mucho porque perdieron las rutinas-remarca-. Es muy difícil explicarles a chicos (aproximadamente de menos de 6 años) lo que está pasando. El impacto más fuerte es la pérdida del ritmo cotidiano. Para los niños y niñas es muy difícil construir una idea futuro y poder esperar. Las madres y los padres tienen que hacer un trabajo importante remarcando que esto es algo temporal, que no es que la vida cambió para siempre. Ayudarlos a instalar la idea de que en otro momento habrá un reencuentro con los amigos, con la escuela. También es fundamental armar nuevas rutinas, con espacios donde se pueda compartir y relajar, sin caer en la exigencia de poner actividades todo el tiempo”.

-¿Qué otras cosas podrían intentar hacer los padres para ayudar a los chicos a transitar la cuarentena?

-La particularidad de los niños pequeños es que necesitan un tiempo para jugar y requieren la presencia de los adultos. Esos chicos no se las pueden arreglar solos con películas, libros, computadora. Necesitan al otro. Ese tiempo para jugar debería ser insustituible. No es fácil porque los padres están sobrecargados, en algunos casos adaptándose al trabajo remoto. Hay una sobrecarga para los papas y los mamás, también hay que decirlo porque la idea no es culpabilizarlos. Lo importante es no poner en un lugar secundario el tiempo para compartir y jugar con los chicos pequeños. No sería bueno promover una autonomía en esos chicos, obligándolos a jugar solos.      

-¿Cómo habría que manejar el enorme cúmulo de información que circula sobre la pandemia?  

-Es otra cuestión central. Cómo y qué se informa. Es muy importante que los padres regulen esa información. Y también responder las preguntas,  seguir a los niños y niñas en sus inquietudes, sus miedos, incluyendo el miedo a la muerte.

-En caso de los adolescentes, el abordaje para ayudarlos a transitar la cuarentena, ¿tiene que ser otro?

-Lo esperable en este momento es que agarren un ritmo de vacaciones, que se duerman tarde y vivan un poco a contramano. Es al revés que con los chicos. Necesitan mantener espacios diferenciados y no compartidos. Un momento en el que ellos usen la casa solos, para estar con los amigos aunque sea de modo virtual. Es importante aceptar ese ritmo a pesar de que es distinto a lo normal fuera de las vacaciones. Los adolescentes precisan un espacio por fuera de las rutinas de la casa. Hay que flexibilizar los ritmos habituales, eso descomprime tensiones. Quizás sí regular un poco la tecnología, pero ser flexibles en las pautas cotidianas.