Defensor Semino: «Estamos a ciegas: si se hicieran testeos en los geriátricos, el riesgo se reduciría a la mitad»

A pesar de que las autoridades sanitarias habían calificado a los geriátricos como una de las áreas de máximo riesgo de contagio por Covid-19, la situación comenzó a desbordarse en los últimos días, luego de que se registraran dos muertos y más de 60 personas contagiadas en tres geriátricos porteños. El defensor de la Tercera Edad, Eugenio Semino, advirtió que no hubo tareas de prevención y que el sector está “a ciegas” frente al avance del coronavirus.

En la Ciudad de Buenos Aires hay, según las últimas estadísticas disponibles, 558 geriátricos que albergan a 15.961 personas. El ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, reconoció que los episodios de contagios en geriátricos van a repetirse, al igual que en los equipos de salud. Por esta razón, Semino exigió que haya una respuesta rápida de las autoridades para la compra de insumos de bioseguridad y de testeos rápidos, que podrían evitar hasta un 50 por ciento de la circulación del virus entre las poblaciones de alto riesgo.

En una entrevista con Diario Z, el defensor de la Tercera Edad reconstruyó el estado de los geriátricos, que calificó como “muy elemental”, y apuntó contra los organismos de control que no supervisan las condiciones de seguridad de los establecimientos. “Hay una sobreexplotación del personal, se les paga poquísimo, es un trabajo muy sacrificado. Están considerados dentro del personal de salud, tienen bajos sueldos, baja calificación, y en general son plantas muy reducidas, que se vieron aún más reducidas luego de que se decretara la cuarentena porque se tuvieron que licenciar los mayores de 60, con enfermedades preexistentes, las embarazadas, las madres con hijos en edad escolar. La normativa de control es diferente en cada provincia, incluso difiere según los municipios, pero hay un denominador común: los empresarios trabajan con el mínimo posible de personal, pagando muy poco”, señaló.

En este contexto, esas condiciones se agravaron, ¿no?

Claro. A eso se le ha sumado que, al blindarse el ingreso, no se permite la visita de familiares. Esto es significativo porque el familiar completaba la tarea que no podía llevar a cabo el trabajador del geriátrico, sobre todo en la atención de los ancianos postrados, que lleva mucho tiempo. Este personal que trabaja en el primer cordón del Conurbano y en la Ciudad, en general son mujeres que cobran alrededor de 20 mil pesos y vienen del segundo o tercer cordón de la provincia. Por lo cual, tienen que tomar dos colectivos o el tren, con lo cual ahí se genera un problema grave porque vemos la posibilidad de una carretera de dos manos: el personal es el que puede ingresar el virus al geriátrico, y esto ya es un problema, y a su vez se lo puede llevar a su comunidad, que también es muy grave. Esto es lo que está sucediendo. En el caso del geriátrico de Córdoba es muy claro: el virus lo llevó el médico, que era asintomático. Era médico del geriátrico y también de cabecera en el pueblo, con lo cual todo en el mundo está en vela.

¿Qué medidas habría que tomar?

Nosotros venimos planteando desde hace más de un mes que se refuercen las medidas de bioseguridad porque los insumos que se están utilizando, inclusive en el propio sistema de salud, son inadecuados para esta etapa. Camisolines, cofias, barbijos que en una etapa habitual está bien, pero para el Covid-19 no alcanza. Los empresarios tienen que comprar ya esos insumos y los entes reguladores tienen que exigirlos, en el caso de la Ciudad con la Agencia Gubernamental de Control (AGC) y también el PAMI porque de las 150 mil camas que hay en el país, 45 mil las compra el PAMI. Entonces tiene el deber y la obligación de exigir. Al mismo tiempo, y esto es lo decisivo, hay que hacer testeo. Es central. La gran diferencia entre España, donde el 40 por ciento de los adultos mayores muertos estaban en internación geriátrica, y Alemania, que tiene una población anciana similar internada en geriátricos y no hubo un solo muerto salvo los habituales, fue que los alemanes testearon al personal y a los residentes todos los días. Nosotros no tenemos capacidad para hacer esto por una cuestión económica. Pero sí hay que hacer muestreos, con tests rápidos, que determinan presunciones y podés aislar rápidamente, fuera del geriátrico. Hoy, cuando nos enteramos, ya hay 30 infectados.

El ministro Fernán Quirós mencionó a los geriátricos como una de las áreas de “máximo riesgo”. ¿Se hizo algo para prevenir esta situación?

No se hizo nada en ningún nivel, ni Nación ni Ciudad. Tampoco se podía hacer mucho sin los tests. Dicen que este fin de semana estarían llegando los test rápidos. El otro test, el PCR, tarda tres días entre que se analiza y el resultado… y si está mal tomada la muestra, tres días más. Es lo que pasó en el geriátrico de Monte Castro, donde el paciente que era dudoso fue trasladado al hospital Vélez Sársfield, le hicieron el test, salió negativo, pero era un falso negativo… era positivo. Había infectado a todo el hogar y él murió. Hay un geriátrico de la comunidad judía (Beit Sión, ubicado en Flores) que testearon por su cuenta, a todos. Eran unas 170 personas, entre personal y pacientes. El PCR sale alrededor de 10 mil pesos, gastaron unos dos millones. Pero descubrieron que 35 eran contagiados asintomáticos. Esos contagios provienen del personal de salud o proveedores, no hay otra fuente. Ahora vamos a tener un problema doble, a fines de mayo, porque es el periodo de pico de morbilidad. Se juntan las patologías habituales, como la gripe, con el coronavirus, que tienen todas las mismas sintomatologías.

¿Cómo es el sistema de testeos que están proponiendo?

Que tomen muestras por semana, por ejemplo, de seis integrantes del personal por geriátrico. Tres de mantenimiento, asistencia y médicos y tres residentes. Así sucesivamente. Con esto tenemos detección precoz por testeo, que no es 100 por ciento efectiva pero sí reduce el riesgo a la mitad. Hoy estamos a ciegas. Y a su vez, la presencia del sector salud dentro del geriátrico. Los médicos que trabajan en los geriátricos pasan revista, están un ratito y se van porque tiene que trabajar en tres al mismo tiempo, ya que les pagan una miseria también. Y encima son uno de los posibles transmisores del virus, de un geriátrico a otro. Es el primero a testear.

¿Eso no se está haciendo hoy?

No. Somos el país con más contagio horizontal. Esto empieza con un contagio vertical, del paciente al médico que no se protegió adecuadamente. Y después va para los costados, a los colegas.

¿Cuál es la situación de los geriátricos hoy más allá de la crisis por el coronavirus?

La situación es la misma en todos los grandes centros urbanos del país porque en las periferias se desarrolla algo peor que es la geriatría trucha. Muchos que estaban en la Ciudad de Buenos Aires y se corrieron al primer cordón…

¿Hoy no quedan geriátricos truchos en la capital?

Sí, hay. Hay de este lado de General Paz y del otro lado también. No menos de 500 o 600. Cuando se dictó la primera ley de geriátricos, después de una inundación en 2001 cuando murieron cinco abuelas en un geriátrico de la calle Superí, esa normativa no se podía reglamentar porque los geriátricos no se podían adecuar. La hicieron en la Legislatura sin saber qué estaban haciendo, sin conocimiento de lo que estaban legislando. No se podía hacer operativa. En el 2005, mueren dos abuelas en la calle Rocamora, en Palermo, y finalmente sale el decreto reglamentario de la ley, cuatro años después. Hasta ese momento había 1.100 geriátricos. La mitad se pudo adecuar a la ley. La otra mitad no es que dejó de ser geriátrico, simplemente sacaron las chapas. Muchos de ellos, por un tema de costos se mudaron al primer cordón de la provincia.

¿Y los clandestinos?

De los clandestinos, hay dos categorías. Los que no pueden habilitarlos porque no da la estructura edilicia, cuestiones que no hacen a la atención pero sí a la infraestructura, que dan un nivel de atención más o menos berreta, que no difiere a la media de la atención geriátrica en la Argentina. Y después hay otro sector, que es el más preocupante, que son verdaderos morideros. No sabés cuándo pueden explotar esos lugares. Están por todos lados y es un fenómeno muy frecuente en las periferias. La situación en esos lugares es terrible. Yo planteé que hay que hacer una campaña para que en esos lugares dejen entrar a los equipos de salud y no cerrarlos porque no hay dónde ponerlos, que por lo menos tengan un control… y después se verá, cuando pase esto, hay que actuar de manera definitiva.