Leonel Tesler, sanitarista: «En la Villa 31 está fallando el corte de la cadena de contagios»

Por Demián Verduga

La Villa 31, un barrio en el que viven alrededor de 45 mil personas, se transformó en poco más de dos semanas en el epicentro de la epidemia de coronaviurs en la Ciudad de Buenos Aires.  El primer positivo se conoció el 22 de abril. Desde ese día hasta ahora los casos saltaron a 571. Es decir que el Barrio 31 -que representa un poco más del 1 por ciento del total de los habitantes de la Ciudad- concentra el 25% de los 2286 casos acumulados de porteños con Covid 19. Se ha vuelto el foco principal.

La Villa 31 representa un poco más del 1 por ciento del total de los habitantes de la Ciudad pero concentra el 25% de los casos de coronavirus confirmados.

“Hay que tratar de analizar qué cosas están fallando en el abordaje en la villa”, le dijo a Diario Z Leonel Tesler, médico sanitarista, presidente de la Fundación Soberanía Sanitaria y director del Departamento de Ciencias de Salud de la Universidad Nacional de José C Paz. “En la provincia de Buenos Aires también hay asentamientos, en las afueras de Rosario hay asentamientos y no vemos una situación como la que se presentó en la 31, que está descontrolada”.  

¿Cuál es la hipótesis que le parece más consistente para explicar la explosión?

Claramente está fallando el trazado de los contactos que tuvieron quienes dieron positivo para poder aislar a esas personas y de esa manera cortar la cadena de contagio. Eso se combina con la marginación que sufren históricamente los barrios vulnerables respecto del acceso al sistema de salud. Para los vecinos de Retiro es relativamente fácil acceder a la salud pública, para los de la villa no, a pesar de que está en un lugar neurálgico de la Ciudad. El sistema de ambulancias sigue sin querer entrar después de determinado horario. El resultado es que tenemos es que hay mucho más casos nuevos y menos posibilidades de tratarlos.  

¿Puede ser que en la 31 haya habido una expansión mayor porque entre sus habitantes hubo más circulación por países limítrofes?

Eso podría haber explicado el ingreso del dengue, por ejemplo con personas que hayan viajado al Paraguay. El Covid 19 llegó en avión. Los primeros casos fueron personas que venían del extranjero y después sus contactos estrechos. A la Villa ingresó por personas que trabajaban en contacto con esos primeros focos. Si hubiese tenido que ver con el tipo de movilidad de la población de las villas, se hubiera aparecido mucho antes.

¿Qué otro factor considera clave en la expansión?

El hacinamiento es mayor que en otros asentamientos por  la densidad poblacional.  La Villa 31 creció hacia arriba. Entre la autopista y las vías del tren es más difícil que se expanda a lo largo. Eso hace que haya mucha más gente viviendo en la misma superficie. Otra cosa que colaboró es que hubo un problema grave con el agua en medio de la pandemia, cuando la medida fundamental contra la enfermedad es el lavado con frecuencia de las manos.

Si el corte de la cadena de contagio está fallando, ¿cuáles son las medidas que habría que tomar?

Al detectar un caso hay que mover a las familias del lugar en el que están hasta que termine la enfermedad o el ciclo asintomático. Se pueden quedar en su casa sólo si las condiciones de la vivienda permiten un aislamiento estricto. Si se infecta toda una familia lo más probable es que solo una persona tenga síntomas. Luego hay que fijarse quienes fueron los otros contactos que tuvo en los últimos 14 días. Son medidas como las que se tomaron con los pasajeros del buquebús al que se subió el joven infectado. O el protocolo que se estableció con quienes llegaron del exterior.

La campaña de testeos masivos, ¿sirve?

Sí, claro, pero hay que diferenciar. Lo que se está haciendo en las estaciones de tren es buscar anticuerpos. Si una persona los tiene quiere decir que estuvo en contacto con el virus hace al menos dos semanas, así que no hace falta aislarla porque no tiene capacidad de contagio. Después están los test para detectar el virus en sí. En las personas asintomáticas hay entre 70 y un 60 por ciento de falsos negativos. El test que se está usando en todo el mundo tiene esa debilidad. En los que presentan síntomas no falla, pero en los otros puede dar negativo y ser positivo. Por lo tanto las políticas epidemiológicas siguen siendo la clave principal.