Hospital Ramos Mejía: denuncian que mezclan casos confirmados con casos sospechosos

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

La situación sanitaria en las villas de emergencia, agravada por la pandemia de coronavirus, puso de manifiesto -una vez más- la precariedad y vulnerabilidad de esos barrios. Hasta el momento, 1.551 personas resultaron positivas y representan el 35% del total de infectados por Covid-19 en la Ciudad.

La Villa 31 en Retiro sigue siendo la más afectada con 1045 casos, seguida con una gran diferencia por la Villa 1-11-14, en el Bajo Flores, con otros 427.

En la 21-24 los contagios comenzaron a multiplicarse, al igual que las protestas y cacerolazos de sus habitantes que exigen un mejoramiento de la asistencia del gobierno. Agua, jabón, lavandina y alimentos, son los principales pedidos. Al mismo tiempo, denunciaron que muchos de los posibles infectados fueron trasladados a distintos hospitales, entre ellos al Ramos Mejía, en el barrio de San Cristóbal, para aguardar los resultados, hacinados en pabellones donde entraron en contacto con otros vecinos y personal de salud sin que medie ningún protocolo preventivo.

El video divulgado por una vecina de la 21-24 muestra uno de los pabellones del hospital Ramos Mejía, donde se ven madres con sus hijos, en espacios reducidos y en pésimas condiciones de salubridad.

“Hay un desamparo, una desidia total del gobierno de la Ciudad”, apuntó el legislador del Frente de Todos (FdT), Santiago Roberto. “Los vecinos de la 21-24 están muy asustados porque ven lo que está pasando en la 31 y en la 1-11-14. No hay que ser especialista para darse cuenta de que se iba a descontrolar el contagio en las villas y todavía ni siquiera hay un protocolo”, dijo el legislador a Diario Z.

Sobre la situación registrada en los hospitales, Roberto comentó que “los vecinos estuvieron mucho tiempo en la Casa de la Cultura (ubicada en la villa), sin agua, sin alimentos, una desidia total. Después los llevaron en transportes escolares al hospital Ramos Mejía, donde están en una sala sin las normas básicas de higiene, con bebés, todo el día solos, sin asistencia. Y los pusieron a todos juntos, sanos y posibles contagiados”.

El diputado del FdT aseguró que las autoridades del gobierno porteño atienden sus llamados, les piden información sobre lo que detectaron, pero que después “todo queda en la nada”. “No estamos pidiendo las obras de infraestructura que deberían hacerse, estamos pidiendo que repartan agua, jabón, lavandina y alimentos. Si la Ciudad, con los recursos que tiene, no puede hacer eso… es porque no quieren”.

Un profesional del Ramos Mejía explicó a Diario Z cuál es la situación que viven adentro del hospital, como si dos de las realidades más deterioradas (salud pública y barrios vulnerables) de la Ciudad colisionaran de frente. En el hospital crearon una Unidad Febriles de Urgencia (UFU), adonde se derivan los pacientes que ingresan con síntomas de coronavirus y sus contactos estrechos, todos de las villas porteñas.

Las madres increpan al personal porque comparte sala los niños positivos y sospechosos.

“Llegan en colectivos escolares a toda hora”, contó. “En esas UFU a los pacientes se los revisa con el mismo equipo de protección personal (EPP) porque, para ahorrar, bajan esa línea y no nos dan más para cambiarnos”, agregó. Por ende, si un médico revisa a 15 casos sospechosos que entran (quizás entre 1 y 2 den positivos), el resto de los pacientes se ve expuesto a contagiarse porque el profesional no pudo cambiarse.

Casos positivos y sospechosos, en la misma sala

“Después de ahí los pacientes esperan en las unidades transitorias de aislamiento (UTA) que son unos container con una silla”, describió. “Ahí pueden esperar todo el día, si el resultado de la RT-PCR (prueba que detecta el Covid) da negativo se van a la casa; si da positivo, dependiendo del riesgo se derivan a hoteles de la ciudad o a la sala de internación. El problema es que, como las pruebas no suelen tener un resultado en el día, las personas pasan a sala de “casos sospechosos”. “Acá es donde está el mayor problema, y fue el tema que salió con el video que llegó a los medios”, advirtió.

¿Qué sucede en esa sala? En los pabellones se amontonan entre 10 y 20 personas y en las habitaciones, de a 2 a 8 personas. “Entonces lo que pasa, y no solo en el Ramos Mejía sino en muchos hospitales, es que en un pabellón se mezclan a todos los sospechosos y comparten baño, lo que es trágico”. Ahí pueden pasar dos días como mínimo, y es donde los negativos quedan expuestos por el contacto estrecho con los casos positivos, que sólo se enteran cuando llegan los resultados.

La tensión entre el personal de salud está in crescendo. A la falta de insumos adecuados, se le ha sumado un crecimiento exponencial de la demanda, mientras gran parte de las áreas de los establecimientos fue cerrándose luego de la detección de casos entre trabajadores.

La sala de cirugía y la sala de pediatría del Ramos Mejía están destinadas al alojamiento de casos sospechosos de coronavirus, todos de las villas. Mientras que los servicios de neonatología, neurología, de Stroke que trata a los ACV de urgencia (único en la Ciudad), están cerrados por contagios entre el personal. De esta manera, el hospital funciona con una dotación mínima de enfermería, médicos y, sobre todo, residentes y concurrentes.