Unificar protocolos, garantizar kits y sumar personal: las demandas de los trabajadores de la salud para enfrentar el pico de la pandemia

Por Demián Verduga

En la denominada “guerra” contra el Covid 19 hay un grupo que está apostado en las trinchera de la primera línea. Son como los soldados estadounidenses que desembarcaron en Normandía o el Ejército Rojo que avanzaban por el frente oriental contra la Alemania Nazi. Se trata de los médicos, enfermeros, psicólogos,  trabajadores sociales, y el resto del personal que trabaja en área de salud pública, privada, sindical.  

El jefe de Enfermería de Emergentología del Hospital Fernández está internado con cuadro grave de Covid 19; el jefe de Cirugía del Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano también, aunque con un estado menos crítico.

El último informe del Fernández -de hace cuatro días- sostiene que en esa institución hay 27 positivos; los trabajadores del Hospital de Niños Pedro Elizalde denunciaron 8 casos. Consultadas por este medio, fuentes del Ministerio de Salud porteño señalaron que el total del personal de salud afectado por el Covid 19 equivale al 10% de los infectados, unos 680 casos.

A pesar de estas señales de alarma, al indagar la percepción de quienes están en la primera trinchera la realidad comienza a verse con más contrastes.

Carlos Ignacio Sanguinetti es psicólogo concurrente del Hospital Teodoro Álvarez y delegado en la asamblea de trabajadores de la institución. “La situación es heterogénea -le dijo a Diario Z-. No es igual en todos lados. En el Álvarez, luego de un principio complejo, los compañeros sienten ahora que hay un diálogo fecundo con las direcciones. Pero no ocurre lo mismo en todos los hospitales”.

“Por eso -agregó Sanguinetti- es fundamental unificar los protocolos. Porque cuando se analiza la situación global, la sensación generalizada es de desprotección y de incertidumbre, por la falta de insumos, de personal y porque no están centralizadas las decisiones”.

“Al reconstruir el proceso de muchos de los que se han contagiado, siempre se encuentra algún tipo de negligencia en el camino”.

Ignacio Sanguinetti, concurrente del Hospital Álvarez.

Sanguinetti, sin querer puntualizar el reclamo, ya que sostuvo que ha habido represalias contra los trabajadores que hacen públicas sus demandas, destacó: “Hay hospitales en los que los compañeros tienen un solo barbijo por día y el barbijo dura tres o cuatro horas, después habría que cambiarlo. Al reconstruir el proceso de muchos de los que se han contagiado, siempre se encuentra algún tipo de negligencia en el camino”.

Julián Asiner, residente del Hospital Enrique Tornú, puso el acento en las dificultades por la falta de personal para atender una situación como la desatada por el coronavirus. ¿Por qué? Porque el actual protocolo, para bien, obliga a realizar un proceso de triage (el nombre en inglés sobre la instancia de indagar el estado general del paciente y su condición febril).  “Para garantizar el funcionamiento de las Unidades Febriles de Urgencia (UFU), que son en las que se analiza si los pacientes son sospechosos de Covid 19, hubo que destinar médicos de distintas especialidades porque no había un personal específico para eso. Entonces falta atención en otras áreas. Además, esas mismas personas luego cumplen otras tareas en el hospital, así que pueden estar llevando el virus de un lado al otro”.     

Respecto de la provisión de los kits de prevención, Asiner destacó: “Es precario. Muchos profesionales compraron sus propios insumos y otros fueron donados. Ahora están las UFU instaladas para poder controlar a los pacientes que se acerquen al hospital, pero fue algo que tuvimos que pelear”.  

“Muchos profesionales compraron sus propios insumos y otros fueron donados”.

Julián Asiner, residente del Hospital Tornú.

Otro frente complejo de la pandemia es que las medidas de aislamiento social también tienen consecuencias. El remedio para la expansión del coronavirus tiene efectos secundarios. Silvia Barracas es trabajadora social en el Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano. “La situación se pude volver compleja desde el punto de vista de la salud mental por la falta de contacto con los afectos. En este momento los enfermos no ven a sus seres queridos. Sólo los ven si nosotros les organizamos una video llamada. Y eso agrava el cuadro de salud mental. Reclaman ver a sus hijos, sus padres, sus madres”.

Hubo un aspecto en el que la visión de Silvia coincidió con las dos anteriores: la situación del sistema público porteño es muy dispareja. “En una primera etapa estuvimos escasos de insumos pero ahora ya no. Usamos los barbijos quirúrgicos, máscaras y antiparras. No es igual la situación en el Borda porque desde la década del ’90 que cada hospital administra la compra de sus insumos y frente a una situación como ésta se nota mucho la diferencia de posibilidades y recursos de cada uno”.

Pulir el protocolo  y garantizar igualdad de condiciones parecen ser el núcleo de la demanda en la primera línea de la trinchera.