Cecilia Segura: “Las huertas públicas producen alimentos, pero también paciencia y solidaridad”

Por Demián Verduga

En la terraza de un PH, en el balcón de un departamento, en espacios baldíos que no se utilizan, quizás en sectores de una plaza; en terrenos aledaños a las vías del tren. Hay una gran diversidad de espacios que pueden ser propicios para montar huertas urbanas. Es una práctica que algunas personas y organizaciones realizan hace muchos años y que ahora tomó forma de proyecto de ley.

El colectivo Reciclador Urbano, junto con la legisladora del  Frente de Todos Cecilia Segura y con el respaldo de otras organizaciones como Interhuertas, Cooperativa el Álamo, Acción Huerta Urbana, entre otras, presentaron un proyecto de ley en la Legislatura porteña para crear un sistema de Huertas Públicas Agroecológicas. La iniciativa se nutrió, se cultivó, podría decirse, justamente con todas estas experiencias que existen.

“Queríamos recoger la experiencia previa de estas organizaciones-le dijo a Diario Z Cecilia Segura-. Fue un proceso colectivo que tomó muchas propuestas que ya existían en la Ciudad”.

-¿Cómo funcionarían las huertas públicas?  

-La idea es generarlas en espacios libres de la Ciudad y que puedan gestionarlas por organizaciones, vecinos, o el Estado. En el proyecto proponemos que la autoridad de aplicación haga un relevamiento de los terrenos estatales  y privados que pueden servir para esto.  Hay que garantizar espacio con herramientas y un huertero.

Huertas urbanas.

-La crisis desatada por la Pandemia volvió el tema de la producción de alimentos, en un sentido amplio,  un eje de debate.  

-Mostró, entre otras cosas, la problemática de acceso a los alimentos. Por eso el proyecto apunta también a un tipo de alimentación. El 38 por ciento de los niños y adolescentes en la Ciudad presenta problemas de obesidad y mal nutrición. Con esta propuesta, todos vamos a poder producir aunque sea parte de los alimentos que consumimos y sin usar fertilizantes químicos. Es una tarea que no sólo fomenta la autoproducción sino también el trabajo comunitario. Estimula el valor de la solidaridad.

-¿Tiene un efecto pedagógico?

-Es una experiencia que luego puede ser trasladada a la vida doméstica. Genera conciencia ambiental, enseña la importancia de que las ciudades sean sostenibles en ese aspecto. Ese proceso de enseñanza ambiental incluye avanzar en la alimentación adecuada. Es educativo para los chicos, que ahora están acostumbrados a todo sea inmediato. Esto enseña a tener paciencia, a esperar el proceso de producción de tus propios alimentos, que es una experiencia muy gratificante.

-¿Cuál sería el impacto económico del proyecto?

-Minimizar la producción de residuos., entre otras cosas, además del impacto positivo para el ambiente, implica ahorrar.  La Ciudad genera 5 mil toneladas de residuos todos los días. Eso podría disminuirse si muchos de los residuos orgánicos se utilizan para transformarse en abono para las huertas.

-¿Cree que el proyecto puede reunir los votos en la Legislatura para aprobarse?  

-Hay un avance en la conciencia sobre la importancia de promover este tipo de iniciativas. Lo hablé con distintos bloques y entiendo que hay posibilidades de contar con apoyo necesario.