Una buena: bajan mucho los casos de dengue

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Mientras los casos positivos de coronavirus no paran de aumentar en el AMBA, el otro brote epidemiológico que azota a la población está comenzando a menguar. Según los últimos datos relevados por el Boletín Epidemiológico del gobierno porteño, se registraron apenas 10 nuevos contagios en la última semana frente a los 93 de las anteriores, lo que confirma la tendencia estacional de disminución que viene registrando desde hace siete semanas.

En total, los casos de dengue en la Ciudad ascienden a 7.241 en lo que va del año. “Fue un brote comparable con el de 2016, que había sido el más importante de la historia”, dice Sylvia Fischer, investigadora del Conicet y docente de la Facultad de Ciencias Exactas (UBA), integrante del Grupo de Estudios de Mosquitos de la Argentina (GIMA). “Este año, la diferencia estuvo en que la epidemia arrancó un poco más tarde y el pico duró más tiempo”, compara.

Desde marzo, la Ciudad entró en el llamado “escenario 3”, considerado de “alto riesgo”, que a diferencia de otras fases ya incluye la existencia de dengue, fiebre amarilla, chikungunya y zika. La entrada a este escenario se dio en simultáneo con el comienzo de la pandemia de Covid-19. El barrio con más casos de dengue en relación a su población es Flores, seguido por Barracas, Vélez Sarsfield, Villa Soldati, Villa Lugano y Parque Avellaneda, que concentran el 55% del total. Con respecto a los barrios vulnerables, el más afectado es la Villa 21-24 de Barracas, con 437 casos; lo sigue la Villa 20, de Villa Lugano, con 406 casos y la ex villa 1.11.14 de Flores, con 374, los que acumulan el 67% de los casos.

Para Fischer, aún no está del todo claro cómo fue el comportamiento de las poblaciones de mosquitos. “Si la población de mosquitos es abundante, la transmisión también lo será. Son dos cuestiones íntimamente relacionadas. El contagio se da por la suma de los mosquitos que se criaron en todos los recipientes domésticos”, explica. Al mismo tiempo, advierte que el “origen de un brote de dengue, por las condiciones geográficas, tiene que ver con los viajes de personas hacia zonas endémicas”, como el noreste argentino y los países limítrofes.

“Este no es un problema sencillo de resolver. No hay soluciones mágicas. Es un problema que afecta a los 13 millones de habitantes de la región metropolitana porque el mosquito está en prácticamente todas las casas donde haya un recipiente con agua. Lo que deberíamos hacer, a corto, mediano y largo plazo es reducir la disponibilidad de hábitats”, señala. E insiste: “Bajar la población de mosquitos, significa bajar el riesgo de transmisión”.

Fischer augura que el descenso de casos continuará con el avance del frío invernal. Sin embargo, apunta los recientes descubrimientos del GIMA, sobre la adaptación al frío del mosquito transmisor de dengue, el aedes aegypti. “La tolerancia al frío tiene que ver con que expanda a otras zonas más frías. Acá, en el AMBA, lo que puede hacer es comenzar antes su ciclo de vida y reproducción antes de tiempo, en primavera. Es decir, antes de la temporada”, señala. “Cuando empezamos a monitorear, en 1998, el momento de abundancia comenzaba en enero y el pico era en febrero. Ahora, el ciclo de abundancia es en diciembre, se va corriendo para atrás”, advierte.

A pesar de las dimensiones del brote, quizá opacada por la preeminencia del impacto por el coronavirus, Fischer se muestra escéptica respecto del grado de concientización que puede generar esta nueva edición epidémica. “Como es una epidemia que se da por ciclos, un año sí y al siguiente no se sabe, nos relajamos”, se lamenta. Y agrega: “Falta dar un saltito en la salud, cuyos efectores no están debidamente capacitados, y un salto gigante en la educación. En las escuelas tienen que aprender cómo es el ciclo de vida del mosquito y cómo prevenir. Cuando los pibes aprenden, vuelven a la casa y eliminan todos los criaderos. Hay que meterlo adentro de la currícula. Sería de vital importancia”.