Rosa Reina: «No puede ser que el sistema público sea el que esté peor: las camas tienen que ser para todos»

La doctora Rosa Reina es la presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva.

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

La presidenta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva, Rosa Reina, asegura que los esfuerzos tienen que estar puestos en “evitar que todas las unidades de terapia no lleguen al 70% de ocupación porque, si sucede, vamos a estar muy mal”. Si bien desde el comienzo de la pandemia se incrementó la disponibilidad de camas de terapia intensiva, el personal especializado es escaso y hubo que incorporar personal de otras especialidades, entrenados de apuro para cubrir la emergencia. Reina advierte que “hay mucho personal infectado”, un tema clave porque por cada profesional contagiado, otro tanto queda aislado e imposibilitado de prestar servicios. “Otro tema es la vestimenta, el adecuado uso de los equipos de protección personal. Lamentablemente, en muchos lugares no hay la cantidad o la calidad suficiente de estos equipos. Eso genera mucha incertidumbre”, señala. La SATI estima en unos 2.400 el número de médicos intensivistas, de los cuales aproximadamente 1.900 son de adultos y el resto, pediátricos.

¿Qué análisis hace de la situación de las terapias intensivas en este marco pandémico? ¿Cómo está la capacidad de atención?

El personal intensivista, especializado, tanto médicos, como enfermeros, kinesiólogos, no es algo que abunda. Somos una especialidad con una cantidad de profesionales muy baja y en esta situación es algo que se evidencia. No es algo de ahora. Desde que comenzó la pandemia se han incrementado el número de camas de terapia intensiva, el número de respiradores. Pero bueno, hay una brecha en relación al personal. Esto ha llevado a organizar una forma de entrenamiento y capacitación de otros profesionales no intensivistas, apuntado a conocimientos básicos, para que puedan colaborar en la atención de los pacientes. Hay prácticas que son muy específicas que requieren mucho tiempo de entrenamiento, que quedan a cargo exclusivamente de los intensivistas.

¿Cuál es el estado de ánimo de los profesionales?

Hay estrés, agotamiento y miedo. El hecho de enfrentarnos a una enfermedad que es nueva, aunque vamos conociendo todos los días un poco más, hace que haya que extremar las precauciones para no infectarse. Eso genera mucho estrés. Hay mucho personal infectado. La situación de mayor riesgo es la intubación. Otro tema es la vestimenta, el adecuado uso de los equipos de protección personal. Lamentablemente, en muchos lugares no hay la cantidad o la calidad suficiente de estos equipos. Eso genera mucha incertidumbre.

Hay denuncias al respecto.

Y todavía no hay respuestas. Llegamos a tener un 16% del personal infectado. Ahora, según los datos, estaríamos en un 10%. No es un número bajo, porque además es sobre un total mayor. Hay que tener en cuenta que por cada personal infectado, se tienen que aislar muchos profesionales más. De pronto, tienen que dejar de trabajar varios profesionales de salud y eso significa una sobrecarga de trabajo para los que tienen que seguir yendo al hospital. Es una situación de mucho estrés, no sólo por la atención del paciente, sino por las condiciones de trabajo.

¿Qué tan cerca o lejos estamos de un colapso?

Los números globales, sobre todo en el AMBA, nos marcan que el promedio de ocupación de camas de terapia intensiva está entre un 47 y un 55%, como general. Lo importante es ir mirando las situaciones particulares. Hay lugares, como municipios en el conurbano y ciertas instituciones en la Ciudad, que están en el 70% de ocupación. No hay que mirar sólo el número general sino esas situaciones particulares que son muy preocupantes. Ahora, por regla, una terapia intensiva con el 60% de sus camas ocupadas, hay que mirarla con mucha atención. Diría que está en alerta rojo. Si siguen aumentando los casos de internación, ¿cómo se van a manejar los pacientes que necesitan ingresar a esa terapia intensiva? ¿Adónde deberían ser enviados? Hay que hacer un seguimiento muy fino. Los números generales podrían indicar que no estamos cerca de un colapso, pero en terapia trabajamos para evitar que se llene el vaso. Hay que mirar cada una de las unidades de terapia intensiva y trabajar en consecuencia, tomando medidas para tratar de evitar que las unidades no lleguen al 70% de ocupación porque, si sucede, vamos a estar muy mal.

En un marco de aceleración de contagios

Absolutamente. Hay internaciones por otras afecciones, hay que considerar el flujo de pacientes. Además, los pacientes con Covid-19 suelen tener internaciones más prolongadas. Por eso, con una terapia ocupada en un 55%, nos ponemos en alerta.

¿Están preocupados?

Sí. De alguna forma hay que extremar las medidas de precaución, el distanciamiento social, y reducir los contagios para que haya menores ingresos de pacientes a las instituciones.

¿Qué opina de quienes cuestionan la efectividad de la cuarentena?

En materia de infecciones, disminuir el contacto es algo básico. En cualquier proceso infeccioso. Estamos frente a una pandemia, con un virus de alta contagiosidad, hay que ser mucho más precavidos. El distanciamiento social y la cuarentena son medidas efectivas. No tenemos vacuna, ojalá llegue pronto, pero no va a tardar menos de un año. No hay otra forma de cuidarnos, mantener la distancia, no estar en lugares con concentración de gente. ¡Es lo mismo que cuando tenemos gripe! Cuando nos enfermamos, nos quedamos en casa. Estamos en una situación nueva. Este virus tiene seis meses y por eso tenemos que extremar todas las medidas. Ser anti-cuarentena es algo llamativo, para mí es lo mismo que ser anti-vacuna. Es de lo más insólito. Podemos discutir las consecuencias, evaluar las medidas para paliar la situación. Pero ser anti… ¡no tiene sentido! No se puede ser anti. La discusión tiene que ser más madura. Es una postura increíble. Esta es la realidad, es lo que nos está pasando, y este es nuestro sistema de salud. Es obvio que no estaba preparado. Pero miremos lo que pasó en el primer mundo, en los sistemas más preparados, que colapsaron. ¿Nos podemos dar ese lujo? Los pacientes que van a terapia intensiva, tienen una alta mortalidad. Ya sabemos lo que pasó en Europa, en EEUU, en Brasil. Tratemos de buscar la forma de que no nos pase lo mismo.

Es interesante su planteo, teniendo en cuenta que los intensivistas son los que están en la primera línea de atención. Si esto se descontrola, la carga máxima va a estar en ése área.

Es así. Los pacientes que llegan son los más graves y los que necesitan las intervenciones más riesgosas. Necesitamos más equipos de protección personal porque tenemos un alto consumo. No podemos trabajar de otra forma con los pacientes. Requieren mucho más dedicación, mucha más tecnología, hay que saber usar los respiradores… son muchos los factores. Un paciente con Covid-19, internado con ventilador, tiene un altísimo consumo. Lo necesitan y hay que dárselo.

¿Qué mensaje le daría a quienes quizá no comprenden la dimensión del problema?

Hacia los que toman las decisiones, les diría que hay que cuidar al personal de salud. Son los que tienen que atender a los pacientes. No se puede escatimar en la compra de equipos de protección personal, tampoco en insumos. En toda la cadena, hay mucho personal de salud y hay que protegerlo. Si los profesionales caen, vamos a ser cada vez menos. Otra cosa que me gustaría a advertir y es que los tiempos entre las pandemias se están acortando. En 2009 tuvimos la H1N1, entonces dijimos que los sistemas de salud están cada vez peor. Hay que invertir en salud pública. Los que toman las decisiones tienen que entender esto. Una sociedad afectada por una infección como esta, con pacientes que en terapia llegan a tener un índice muy alto de mortalidad, hay que entender que estamos en una situación compleja.

¿Cómo se está comportando el sector privado?

El sistema es uno sólo, pero dividido en tres: público, privado y obras sociales. Hay que conocer cómo está cada sector, es importante saber que la mayoría de la gente va al sistema público. Cuando no pueden pagar la prepaga o cuando la obra social no le responde, van al público. Entonces, no puede ser que el sistema público sea el que está peor. No puede ser. Es el que tiene que recibir la mayor inversión. En una situación como ésta, todos tienen que colaborar. Las camas tienen que ser para todos. Después negociarán lo que tengan que negociar, pero no se puede desconocer con cuántas camas más se cuenta cuando el sistema público está en números rojos. Se tienen que conocer todas las camas.