Daniel de Florian: “El virus es llevado por las personas, si la movilidad es 0 los contagios desaparecen”

Un equipo dirigido por el físico Daniel de Florian estudia la movilidad colectiva, entre diversas localidades, incluso discriminando por barrio. Para eso hacen un análisis totalmente anónimo, valiéndose de la información que los celulares dejan en las antenas de la empresa Movistar. De esta manera advirtieron, por ejemplo, que el crecimiento de la movilidad coincidió con el incremento de los contagios, una situación que llevó a las autoridades a decretar nuevamente una cuarentena más estricta.

Daniel de Florian es investigador del Conicet y director del Centro Internacional de Estudios Avanzados de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la UNSAM, desde donde encararon un estudio cotidiano de la movilidad en todo el país, a partir de los datos de Movistar. “Cuando arrancó esta situación de pandemia, propusimos hacer este análisis para los organismos de gobierno, que necesitaban esos datos para tomar decisiones. El análisis se hace con la información que cualquier dispositivo celular deja en las antenas, que todo el tiempo se conectan”, dice De Florian a Diario Z.

¿Cómo es el procedimiento?

Tenemos datos de GPS que nos permiten estimar cuál es la posición de un celular al detectar a qué torre se conecta durante media hora. Las torres de telecomunicación van recibiendo señales de los celulares y de esa manera hacemos una suerte de triangulación captando cuánto tiempo se mantiene conectado a cada torre. Tomamos 48 periodos de 30 minutos y con esa información determinamos cuál es la distancia recorrida, con una diferenciación por localidad.

¿Qué aparece en la información que aporta la empresa telefónica?

Se puede ver la distancia recorrida por un conjunto de personas en una determinada localidad. Eso lo hacemos de manera muy desagregada, incluso en el nivel de barrios de la Ciudad. Es un análisis diario y el resultado es la movilidad relativa, es decir cómo es hoy la movilidad respecto a la primera semana de marzo, cuando no había restricciones.

Hay una percepción generalizada de que la cuarentena fue muy efectiva al principio, pero que con los meses se fue ablandando.

Exactamente. En los primeros días la movilidad bajó sustancialmente. A nivel país bajó entre un 65 y un 70 por ciento. Se mantuvo así durante las primeras semanas, teniendo en cuenta de que en el medio hubo muchos feriados, cuando la movilidad es mucho menor siempre. Después fue aumentando paulatinamente un 0,3 por ciento por día. Hoy tenemos una movilidad que está en el doble de lo que fue en la primera semana de cuarentena.

¿Hubo un pico de movilidad?

No, fue un aumento paulatino, pero constante. Día tras día y semana tras semana. No hubo un salto brutal, aunque en las últimas dos semanas estaba bastante más estable.

En relación con un día normal, ¿en qué niveles estaba antes de que se regresara a la fase 1?

A nivel país estuvo en alrededor de un 58 por ciento de movilidad total. En el AMBA es muy parecido, un poco más bajo, un 53. La provincia de Buenos Aires tiene una movilidad idéntica al resto del país; la Ciudad y una parte de la zona norte tira el promedio más abajo, porque tienen menos movilidad que el resto.

Recién mencionaba que pueden incluso desagregar por barrios, ¿qué se ve en la Ciudad?

Hay una diferencia entre zona norte y zona sur. Palermo, Retiro, Belgrano tienen una movilidad menor. En Villa Lugano, por ejemplo, hay un flujo de gente hacia La Matanza que es muy grande.

El trazado de la movilidad, ¿se puede superponer con un mapa de contagios?

No trabajamos con un mapa de contagios, pero sí se ve claramente que un aumento de la movilidad se ve reflejado en un aumento de los casos. Hay una relación, pero no es lineal. Hay otros factores que juegan un papel, aunque no hay duda de que la movilidad juega un papel importante.

¿Los datos confirman una relación estrecha entre movilidad y contagios?

Sí, lo confirman. El virus es llevado por las personas, si la movilidad es cero, los contagios desaparecen, pero obviamente es imposible de mantener.

Hay una gran disponibilidad de datos sobre los que se tejen muchas teorías y proyecciones. ¿Qué rol tienen los datos en una pandemia?

Cuando decidimos encarar este trabajo en conjunto con Telefónica, la idea era ayudar a quienes están en la gestión pública, los que tienen que tomar decisiones, para que cuenten con información más precisa y no trabajen sobre el supuesto o la sensación de si hay más o menos gente en la calle o yendo de una localidad a otra. Queremos aportar datos precisos. Las decisiones más adecuadas se toman con la información correcta. De ahí a que las decisiones sean las adecuadas, es otra discusión. Nuestro aporte son los datos. Sin duda juegan un papel fundamental, pero también quiero decir que observo una exageración. El análisis de los datos tiene su complejidad y nosotros, por ejemplo, no hacemos públicos los datos.

¿Y cómo se accede a ellos?

Tenemos una web a la que pueden acceder diariamente funcionarios de Nación y de 23 provincias. No los hacemos públicos porque nos parece que no le aporta nada a la población saber diariamente cuál es la movilidad. En todo caso, eso lo pueden decidir la política. Esto no se debe usar para asustar a nadie porque, si bien hay más datos, también hay más redes sociales, donde está lleno de gente que hace gráficos, con o sin fundamentos. Se genera, desde mi punto de vista, un sentimiento abrumador con los datos. Los datos hay que usarlos, son muy útiles y precisos, pero no hay que exagerar. No hay que vivir mirando eso y asustándose. Generar miedo no es la mejor manera de manejar esto.

¿Hubo algún dato que les haya llamado la atención en particular?

Un montón. Los análisis de movilidad son extremadamente sensibles en cuanto a lo colectivo. Por la curva podés saber cuándo es domingo, feriados, los días de lluvia (cuando baja la movilidad), los días de marchas. En Comodoro Rivadavia se presentó un hábeas corpus para eliminar la cuarentena, y la movilidad subió de repente al 80 por ciento, hasta que se cayó el hábeas corpus y la movilidad volvió a caer. Nosotros recomendamos que las actividades recreativas o incluso económicas se autoricen los fines de semana, cuando cae mucho la movilidad, entonces hay menos riesgos. Cuando nosotros registramos un cambio, siempre coincide con alguna medida que han tomado.

En relación con la privacidad de los datos, ¿son totalmente anónimos?

Sí. Hay una tensión entre seguridad y privacidad. Si te ponen una cámara en la esquina de tu casa, quizá sentís que tus hijas pueden volver tranquilas a la noche, pero también te están mirando. Esa tensión existe. Acá encontramos un equilibrio entre las dos cosas. Podemos aportar datos valiosos para la gestión pública, sin jamás entrometernos en la actividades privadas de cada usuario. No sabemos de quién es el teléfono ni tampoco utilizamos datos privados, de gps o de redes sociales, como lo ha hecho Google. Nunca nos metimos con eso. Lo otro interesante es la cooperación entre una universidad pública y una empresa privada, en un proyecto de esta envergadura, que no es normal en la Argentina.

La tensión entre seguridad y privacidad es una discusión latente y que parece avanzar más rápido debido a la pandemia…

Es una discusión que debe estar en la sociedad. Si hubiera otra pandemia, ¿vamos a hacer tracking de casos mediante aplicaciones que indiquen si estuviste en contacto con un infectado? ¿Estamos dispuestos a ceder privacidad para mejorar la perspectiva en salud? Es una discusión factible. Me parece que en situaciones de emergencia se pueden tomar medidas en forma cuidadosa. Nosotros demostramos que en este caso que si el objetivo es mejorar la salud pública, se pueden acceder a datos sin intromisión masiva en la intimidad de la población. Si se quiere, estamos perdiendo libertades por una pandemia. Entonces quizá la ecuación no es que perdés libertades individuales, sino que hasta ganás libertad de movimiento porque sabés por dónde podés moverte y por dónde no.