Angélica Graciano: “No entregan ni lavandina a las escuelas porteñas y hablan de un protocolo para volver a clases”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Angélica Graciano es desde diciembre del año pasado la secretaria general de UTE-Ctera. Psicóloga y docente en el Normal Mariano Acosta, Graciano ofrece un panorama sombrío del panorama educativo en la Ciudad de Buenos Aires. Por ejemplo, dice, desde febrero a las escuelas no llegan provisiones de lavandina, lo cual dificulta las tareas de higienización en los establecimientos educativos, hoy reconvertidos en centros de distribución de bolsones de comida para las familias de los alumnos. Además, Graciano advierte que el gobierno discontinuó el aporte de 13 mil pesos para la caja chica y del subsidio de 100 mil pesos, correspondiente al Fondo Único Descentralizado de Educación (FUDE). “Que el gobierno explique entonces cómo hacen las escuelas para, supongamos, arreglar una fotocopiadora, comprar un tóner y hacerles llegar los materiales a los chicos”, apuntó.

¿Qué está pasando hoy en las escuelas?

En una reunión que mantuvimos con supervisores, contaron que hay escuelas que no tienen agua, otras escuelas que no han conseguido en todo el año que les manden lavandina… ¡lavandina! Que tampoco les llega la caja chica y el Fondo Único de Cooperadores, que no se depositó. Que el gobierno porteño explique entonces cómo hacen las escuelas para, supongamos, arreglar una fotocopiadora, comprar un tóner y hacerle llegar los materiales a los chicos. Es una ecuación muy simple. Esta es la situación verdadera. Hoy en las escuelas se está entregando comida y no hay lavandina para desinfectar.

¿Cuántas familias están yendo a buscar sus raciones?

Están yendo todos los de la lista y también los que no están en la lista, cuyos padres tenían trabajo y hoy no lo tienen. Es una situación social que, por más que la estén dibujando, es muy grave. Tenemos maestras a las que les estamos mandando la bolsa de comida porque todavía no pudieron tomar su cargo y cuyos maridos, que tienen sus changas, tampoco está trabajando. Esa es la verdad. Mientras tanto el gobierno habla sólo del protocolo, pero nunca nos convocaron a discutirlo. En este mismo momento, los docentes estamos abriendo las escuelas para que se distribuya comida. Pero insisto: no tenemos ni lavandina y el personal auxiliar, encargado de mantenimiento, corre un riesgo constante. Por ejemplo, hay unos paneles de plástico que usan para proteger, que van de escuela en escuela, pero nadie tiene la certeza de que se limpió.

¿Hay información sobre la cantidad de contagiados entre el personal?

Estamos haciendo un mapeo, todavía tenemos números aproximados. En las escuelas no están solo los docentes, sino también los auxiliares, cocineros y camareros. Entre los auxiliares, el nivel de contagio es altísimo. Ayer nos llegó una información de una auxiliar que vive en una escuela, tiene los padres con covid que fallecieron y ella estaba internada también. ¿Quién se va a hacer cargo de esta situación? Rodríguez Larreta está tan blindado y gasta tanta plata en medios, que lo pasa realmente en la superficie de la Ciudad es como si no pasara, como si fuera un subsuelo.

¿Hay como dos dimensiones?

Sí. El gobierno quiere hablar solo del protocolo para volver a clases, pero ni siquiera contemplaron las escuelas especiales, donde hay chicos que necesitan contacto físico. O las salas de jardín… ¿cómo hacés para que no se toquen? No van a poder volver las clases ahí. Hay una desvinculación muy grande de la realidad y se está desfinanciando la educación.

¿Dónde se advierte ese desfinanciamiento?

Por ejemplo, la Ciudad dejó de pagar los micros escolares. Es muy grave porque esas personas se quedaron sin trabajo y también porque a través de los micros se enviaban bolsones de alimentos, para que la gente no saliera del barrio. Con el nivel de contagios que hay, ya deberían haber cambiado el operativo de distribución de comida por una tarjeta alimentaria que ayude a disminuir la circulación. En las escuelas se arman colas enormes para retirar las bolsas de comidas. Esta no es una situación que afecte sólo a los barrios más pobres. Yo enseño en el Mariano Acosta, donde se hizo una colecta de la cooperadora para mejorar los bolsones de comida. Es una escuela que no tenía comedor, entonces la comunidad, que es de clase media y profesionales, organizó la colecta para ayudar a las familias que necesitaban esa comida. Esa afluencia se triplicó o cuadruplicó.

¿Cuál es la fecha que estima el gobierno para el regreso al aula?

En un principio, hablaban de agosto, pero esto fue cuando se flexibilizó la cuarentena y circulaba la teoría de que habiera una gran cantidad de contagios y lograr la inmunización de rebaño. No funcionó. Ahora se volvió atrás. Como siempre, la derecha avanza, pero después retrocede. Como se hizo público ese avance pero no este retroceso, entonces la percepción general es que Rodríguez Larreta es un gran estadista. En vez de estar discutiendo un protocolo para la vuelta de clases, tendríamos que estar pensando cómo afrontar esta crisis sanitaria, en cómo mejorar las condiciones de higiene para que no circule el virus. De eso depende lo que vamos a poder hacer mañana. No podemos pensar en el futuro de la escuela si no frenamos al virus.

En relación a la cuestión pedagógica, se multiplican los relatos de sobrecarga a los docentes, ¿cuál es la situación de los docentes?

El nivel de exigencia es muy grande. La docencia asumió la responsabilidad enorme de continuar las clases a como de lugar. A su vez, la estructura del ministerio es muy controladora y presiona mucho. El docente queda entre los dos fuegos: la responsabilidad social de continuar con las clases y, a su vez, la enorme presión del gobierno. Llaman por teléfono temprano para ver si estás levantada, a la hora que tenés que empezar, preguntan cuántas veces te comunicaste con los alumnos, si mandaste tarea, las actividades. Es permanente, aún cuando las herramientas no están al servicio del docente.

Aparte hay un universo muy grande de alumnos que no acceden a la tecnología necesaria.

Es muy alto el número de chicos sin conectividad ni computadora. Además, una cosa es la clase sincrónica, cuando te podés comunicar e interactuar con el estudiante, y otra muy diferente cuando tenés que esperar a que llegue la mamá para que habilite su celular y se puedan conectar. Entonces, una parte se hace en horario de trabajo y otra muy grande, se tiene que hacer después. La clase no termina y continúa hasta que te comuniques con el último alumno.

La clase tiene principio pero no final.

Además, por la autoexigencia y la responsabilidad enorme, los docentes no lo dejan de hacer. No estamos formadas para bajar la persiana. Si estás preparando la comida, y te llama un alumno, dejás de cocinar y lo atendés. Es así.

¿Qué ayuda brindó el ministerio para sostener esta dinámica?

Habilitaron un 0-800 para gestionar la entrega de computadoras, pero está colapsado y no se han distribuido las computadoras que, sabemos, tienen en depósito. Eso hubiera ayudado mucho, tanto a las maestras como a los estudiantes. Podrían hacer eso y poner camiones-atena móviles para garantizar la conectividad, como hubo en las plazas y en la Villa Olímpica, y de esta manera continuar las clases en la ciudad más rica del país. Esto lo pueden hacer. Además, claro, de garantizar la higiene para que no circule el virus. La situación es una encerrona trágica. Larreta hace propaganda de que acá estamos en la octava maravilla del mundo, pero por abajo se cae a pedazos todo.