Martín Hojman: “No hay tratamiento efectivo: la mejor noticia es el uso de un corticoide que está en todos los hospitales”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

“El aumento de casos que hubo las semanas pasadas fue directamente proporcional a la incorporación de actividades permitidas en el tiempo”, dice sin dudar un segundo el infectólogo Martín Hojman a Diario Z. Médico del Hospital Rivadavia, integrante de la Sociedad Argentina de Infectología y coordinador de la Red de Infectología de la Ciudad, asegura que esta era una situación “esperable” luego de una serie de medidas que apuntaban a flexibilizar algunos criterios del aislamiento, permitiendo más actividades económicas y recreativas.

Hojman apunta a que el reforzamiento de la cuarentena reduzca el número de casos. De lo contrario, un escenario sería el colapso sanitario. Al mismo tiempo, el especialista dice que, de cumplirse con los pronósticos más optimistas, cuando termine el invierno podrán liberarse más actividades sociales, económicas y recreativas, con la expectativa de que a principios del año que viene se empiece a producir una vacuna efectiva contra el Covid-19. “Cuando aparezca la vacuna y todos podamos tener anticuerpos, esa va a ser la solución”, asegura. Mientras tanto, Hojman es cauto a la hora de hablar de tratamientos efectivos contra el coronavirus. “Es peligroso dar falsas expectativas”, advierte.

¿Qué análisis hace de la situación en el AMBA?

Lo que estamos viendo es un aumento del número de diagnósticos diarios, también de fallecidos. Esto quiere decir que la transmisión viral está en aumento y que hay un riesgo de caer en lo que siempre se trató de evitar, es decir, que el sistema de salud se sature. Todas las medidas, tanto de restricción como de liberación, están enfocadas en contener esa situación. Evidentemente, el distanciamiento social no fue tan fácil de cumplir y por eso fue necesario cambiar la táctica para que este aumento de casos no se descontrole aún más.

Al principio la cuarentena estricta tuvo un alto consenso y la percepción es que luego fue perdiendo eficacia. ¿El aumento de casos tiene que ver con eso o con liberar más actividades económicas?

La liberación fue una decisión de gobierno y después pasan muchas cosas más: mantener un plan como éste durante tanto tiempo es muy complejo. Ahí entran cuestiones económicas, sociales y políticas. A mí lo que más me preocupa es la gente que necesita trabajar porque, si no, no come. Eso hay que verlo con atención porque si no es imposible que algo funcione. Después, por supuesto, hay gente que se cansa por más que tenga el dinero para comer. Es normal. Ahí, las conductas individuales pesan mucho. Y hay de todo. Hay gente que te dice “¿vieron que no pasó nada? El virus no existe, entonces salgo”. Eso pasa, pero está más focalizado en la percepción del riesgo individual, más que en lo que pueda llegar a pasarle a otros. Después está todo el tema político, el uso que se le da, de un lado y del otro. Cuando se mezcla todo eso, se pierde claridad.

¿Cuál es su expectativa con este endurecimiento de la cuarentena por dos semanas?

Yo no veo que se haya vuelto a Fase 1, esto se ve en la calle. La expectativa es enlentecer el crecimiento de casos, controlarlo o disminuirlo. Eso sería lo deseable. Debería cumplirse y sería muy bueno que eso suceda.

¿Es indispensable que se reduzca la circulación de personas para que se reduzcan los contagios?

Claramente. Este virus se transmite de persona a persona, a cierta distancia. Cuando vi la imagen de la gente tratando de viajar en tren me pareció una locura. Hay cosas que se pueden hacer y cosas que no. Hay gente que se junta a comer un asado, eso pasa y es muy difícil de controlar. Sólo se puede apelar, en ese sentido, a la solidaridad. Pero después están las cuestiones de gestión: si la gente viaja junta en un transporte público va a haber problemas. Si liberás actividades que hacen que la gente esté amuchada, va a ir mal. El aumento de casos fue directamente proporcional a la incorporación de actividades permitidas en el tiempo.

¿Era algo esperable ese salto entonces?

Sí. Todo esto es esperable. Y todo este tema de “volver a Fase 1” hay que tomarlo con cuidado porque es normal que en una pandemia, o cualquier otro problema similar, haya que aflojar y ajustar medidas de acuerdo a la cinética de la situación. Hubo un momento en el que era menos peligroso liberar actividades, teniendo en cuenta otras situaciones, y ahora llegó un punto en el que decimos que si esto sigue con el mismo ritmo de multiplicación de casos, el riesgo es que el sistema de salud colpase. Todas las medidas fueron para que no sucediera eso.

¿Qué margen tiene el sistema hoy?

Es muy heterogéneo, depende dónde miremos. Una cosa son los números oficiales, otra es la realidad. Tengo amigos que trabajan en el conurbano que me cuentan que los hospitales donde trabajan están colmados. En la Ciudad, no tanto, salvo algún caso particular, y hay resto de camas. El AMBA es muy heterogéneo. Según los números oficiales, hay resto para enfrentar la situación.

¿Qué tratamientos están siendo efectivos para Covid-19?

El tratamiento efectivo no existe. Ninguno está probado. Ahora se está poniendo mucho énfasis en el plasma convaleciente y me parece que esto sucede porque es algo barato. No es un insumo que haya que producir y depende de la donación de quienes tuvieron el virus. Es un caso interesante, hay algunos estudios favorables, pero no sé si hay tantos como se cree. Se habla más de seguridad, pero no tanto de eficacia. En el país se pone mucho énfasis.

¿Le preocupa que se genere tanta expectativa en tratamientos no probados?

Sí, porque puede ser peligroso. Todas las noticias falsas pueden ser peligrosas. A ver, lo del plasma puede ser un estímulo para que la gente done, pero dar falsas expectativas nunca es recomendable. La verdad es que no hay nada probado en relación a la utilidad del plasma convaleciente como tratamiento, ningún trabajo lo prueba. Hay que ser cautos. Para que la medicina use un tratamiento, tiene que estar probado científicamente, de manera clara, de por lo menos no inferioridad con otros tratamientos. Acá tenemos una enfermedad nueva y no hay tiempo. Se usaron un montón de cosas que después fueron retiradas, por ejemplo, la hidroxicloroquina, que ya se sacó de circulación. Hay varios estudios dando vueltas, pero ninguno que muestre contundencia. La mejor noticia, por ahora, es el uso de un corticoide, dexametasona, que está en todos los hospitales, que se usa para tratamiento de alguno de los síntomas.

¿Qué opina de la aprobación del Remdesivir en Estados Unidos?

Es una droga que por algún motivo allá se le está dando mucha publicidad. Es lo mismo: algunos estudios muestran una mejora en un grupo de pacientes. No está muy claro que sea útil, y es carísimo. Este tipo de expectativa genera muchos problemas, la gente se desespera por conseguir. Pasó con la hidroxicloroquina y con la azitromicina, que hubo una compra masiva en las farmacias. Eso genera la desinformación y el pánico.

¿Qué escenario sería deseable para usted, supongamos, en primavera?

¡Que esto se terminara y que el virus no existieraa más!

¿Eso es posible?

Claro que no. Es lo que uno puede desear, pero no va a pasar. Lo ideal… cuanto más cerca de la vacuna estemos, mejor. Cuando aparezca la vacuna y todos podamos tener anticuerpos, esa va a ser la solución. Hasta tanto, si los números empiezan a declinar y las condiciones climáticas ayudan, se pueden liberar más actividades al aire libre. Lamentablemente, aglomeraciones de gente (estadios y recitales) no va a pasar este año. Pero sí la apertura de paseos, bares con mesas en la calle, como Europa en este momento. Probablemente pase, por la cinética viral esto no puede seguir en ascenso eternamente. En algún momento va a empezar a disminuir. La esperanza de todos, para ser realista, es que esto suceda antes de que termine el invierno.

¿Y el peor escenario?

Que se sature el sistema de salud. Que no haya lugar en los hospitales, gente internada en los pasillos, imágenes que vimos en Estados Unidos, Ecuador, Brasil y Europa. Hoy se está trabajando muchísimo para que eso no pase, los dirigentes, los médicos, agentes sanitarios. El trabajo es muy grande, no sé si la gente lo sabe, esto no para. El mundo está tratando de hacer lo mismo y nuestros resultados, comparados con Brasil y Chile, son muy buenos. Espero que esto siga funcionando.

Es difícil ponerle plazo a la vacuna, ¿usted piensa que habrá un rebrote antes de que llegue?

Es posible. Sobre todo en Europa. Allá las medidas se relajaron, la gente empezó a salir, pero no sabemos bien cuánta gente está inmunizada. Si el virus empieza a circular va a infectar a personas sin defensa y eso podría generar otra vez un número importante de casos. Nosotros tuvimos la ventaja de que acá empezó más tarde. Siendo realistas, la vacuna podría estar a principios del año que viene, con mucha suerte. Entonces Europa podría sufrir una segunda ola antes de la vacuna, mientras que quizá nosotros la tengamos antes de nuestro invierno.