Un año sin escuela: la educadora Irene Kit habla de todo lo que sí aprendieron los chicos

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Que el año está perdido, que los chicos y chicas durante la cuarentena no estudian lo pautado, que una vez que regresen al aula recibirán un aluvión de contenidos, una suerte de avalancha informativa para compensar los meses que no concurrieron a la escuela. Irene Kit, pedagoga y presidenta de la Asociación Civil Educación para Todos, se propone romper con esa lógica, aprovechar la oportunidad de esta experiencia vital para “ir hacia una educación mucho más reflexiva” y estimular el interés, la curiosidad y la expresión artística. “Estamos llenos de preguntas, no importa dónde vivas. Aunque no tengas la respuesta, mantener activa la curiosidad, no está nada dado, todo tiene una historia o una duda. Es fundamental para madres, padres y sobre todo maestros, que cuando no saben una respuesta también tienen que ponerse a investigar”, asegura.

¿El año de los chicos en cuarentena es un año perdido?

El tiempo es una cosa sobre la que uno gestiona, a veces con conciencia, a veces con inercia. No sólo en los ciclos lectivos, sino en toda la vida. En el caso del sistema educativo, la primera cosa es que éste será un año perdido si quienes pensamos la educación no somos capaces de convertir en aprendizaje sistematizado y reflexivo todo lo que los chicos vivieron en este tiempo. Ya sea aprendiendo con la mamá, el papá, los abuelos o quien les toque, escuchando, viviendo de una manera distinta la relación con sus compañeros, amigos, en el barrio. Es un año de experiencia vital, no puede ser un año perdido.

“Un año de experiencia vital no puede ser un año perdido” dice la pedagoga Irene Kit.

¿Y los contenidos?

Si nosotros medimos al año como perdido porque no estudiaron los límites de Argentina o porque no repasamos las partes de una célula, posiblemente, desde ese lugar… se llegue a esa conclusión. No estudiaron la anarquía de los años 20, el trinomio del cuadrado perfecto… ¿cuál es la reacción a eso? Cuando sea que nos veamos, nos subimos al tren bala y empezamos a meter contenido, contenido y más contenido. Todo rápido, para compensar.

¿Eso estaría mal?

Si sucede eso, vamos a dejar pasar la oportunidad de ir hacia una educación mucho más reflexiva. El año pasado, a esta altura del año, los chicos estaban en clase googleando a ver si pescaban al profesor en algún error. Hay que asumir que el acceso a los contenidos es algo que se puede descentralizar, el trabajo con el docente es de ayuda en la sistematización. La acumulación de experiencias no significa que consolidás eso como un aprendizaje permanente.

“Fuimos sometidos a containers de contenidos, de información. Hay que investigar.”

¿Hay que buscar otros aprendizajes?

El desafío para quienes generamos las pautas, las reglas de juego de la escuela, toda la cadena hasta que llega al aula y es aplicada por el docente como lo “correcto”, es que si ponemos mucho énfasis en los contenidos, lo correcto va a ser llenar a los chicos de contenidos. Fuimos sometidos a containers de contenidos, de información. Pero si empezamos a aprovechar esta ocasión para desarrollar la capacidad de decir: bueno, tengo que leer distinta información, aprender a evaluar a la fuente, saber que quien habla tiene un interés determinado… eso, es desarrollar una capacidad permanente.

Es un desafío…

Sí. Para que no sea un año perdido, el desafío es transmitir a los docentes que el tiempo en la escuela es el tiempo de sistematizar las experiencias, posibilitar el desarrollo de capacidades cognitivas que se puedan transmitir, que no son inmediatas. Podemos vivir un montón de experiencias, pero si no tenés un orden -la didáctica-, entonces sí estaremos frente a un año perdido. No tenemos que ver el vaso medio vacío. Esto es la vida y uno no elige las cartas que te tocan.

¿Es una oportunidad para discutir el modelo contenidista?

Sí, totalmente. Sin ánimo de ponerle una bomba en la escuela, pero es un momento interesante para plantearlo. Hace un par de meses, la discusión era si boletín sí, boletín no… la verdad, ¡nos pasó un camión por encima! Eso te muestra la fuerza que tienen esas configuraciones, que viene de la mano de “como no podemos entusiasmar a nuestros estudiantes, si nos quedamos sin calificaciones, nos quedamos sin herramienta”. Padres y docentes. No está la capacidad de pensar el acto educativo como algo que va más allá de eso. Si te gusta la música, bajate la letra, fijate la estructura, investigá. Aprendé en serio. Se pone en juego el compromiso afectivo, también la cabeza.

“Ninguna otra especie en la tierra dibuja, sólo los seres humanos. ¡Que dibujen!”, dice Kit.

Si la llaman para pedirle un consejo de qué hacer con los chicos en casa, ¿qué dice?

Que se expresen. Algunas recomendaciones: escuchemos el interés de los chicos. Lo que te gusta, hacete experto. Se trata de leer, comparar información, hacer físicamente, preparar colecciones. Es clave. Aprender a que te llame la atención todo el entorno: estamos hablando por celular, ¿qué sabemos sobre cómo funciona? ¿Por dónde va la comunicación? ¿Qué es esto? Cada vez que prendemos la luz, ¿cómo funciona? Esas preguntas son disparadoras. Estamos llenos de preguntas, no importa dónde vivas. Aunque no tengas la respuesta, mantener activa la curiosidad, no está nada dado, todo tiene una historia o una duda. Es fundamental para madres, padres y sobre todo maestros, que cuando no saben una respuesta también tienen que ponerse a investigar.

¿Se trata de aprender en conjunto?

Sí. Y capaz llegaste a tus límites, ¿cuál es el problema? Más adelante aparecerán las respuestas. Entonces, tenemos: interés y curiosidad, como recomendaciones. La tercera es la expresión artística. Estoy muy preocupada porque los chicos dejaron de dibujar. Tanta tablet y celular… ¡sacale todo y que dibuje! El proceso mental de abstracción cognitiva de observar algo y convertirlo en un trazo en la doble dimensión, es sumamente importante. Ninguna otra especie en la tierra dibuja, sólo los seres humanos. ¡Que dibujen! ¡Que sigan el ritmo de la canción dibujando! No se trata de que te salga algo bello, sino de expresarse pintando, dibujando, haciendo una escultura, cantar y hacer actividad física. ¿Podés saltar para atrás en la soga? Que no se nos vaya de la cabeza que somos seres integrales.

¿Otra recomendación?

La cuarta recomendación es: ayudar en casa. Entender bien qué pasa en la cocina, en el mantenimiento. Si tenés a alguien de la familia carpintero o electricista, o lo que fuera, hay mucho para aprender. Una de las grandes preocupaciones que tengo es que hemos puesto a muchas familias en el lugar del no-saber: “Papá no entiende nada”. Y eso no está bueno. La otra cuestión es que está quedando una asociación muy fuerte entre el aprendizaje y estrés. Son huellas de larga duración: aprender es un embole, “sentate, levantate, ponete, que no te copies, que no me sale, no uses el celular”.

La actividad física cotidiana es una de las recomendaciones de la pedagoga.

¿Qué se puede hacer frente a eso?

Quienes estamos pensando la educación tenemos que dar pistas para salir de esa encerrona. Son problemas más severos que el, entre comillas, año perdido. Aprender no tiene que ser una cosa penosa, un arrastre. Hay que romper con eso, salir del pensamiento común.