Pediatra Sergio Snieg: “Los chicos sienten que afuera hay algo malo, que te puede atacar y encima no lo ves”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

“Así como hay muchas cosas que no se saben todavía del Covid, si se da inmunidad o no, si va a haber rebrotes o no, tampoco se sabe qué va a pasar con los chicos cuando puedan volver a salir. ¿Van a tener miedo? ¿Van a salir corriendo o se van a agarrar de la mano de un adulto? ¿Van a ser más sociables porque juntaron muchas ganas de socializar o, al revés, van a estar intimidados porque les enseñaron que hay que mantener una distancia de dos metros?” Las preguntas las formula el pediatra Sergio Snieg, integrante del Comité de Pediatría Ambulatoria de la Sociedad Argentina de Pediatría, columnista de salud en el programa “Vivo para vos” (Canal 9) y autor de Soy papá… ¿y ahora? (Atlántida) y de un libro electrónico, Lo que nos cuenta el pediatra (IndieLibros).

El coronavirus ha sacudido y transformado la vida de millones de personas alrededor del mundo. Las niñas y niños, al no formar parte de la población de riesgo, no suelen recibir especial atención, a pesar de que sus vidas sufrieron un giro quizá más drástico que cualquier otro: dejaron de ir al jardín o la escuela, cortaron el vínculo físico con sus amigas y amigos, y restringieron el ámbito de socialización al hogar y sus pantallas.

En diálogo con Diario Z, Snieg profundiza en los problemas habituales que ve en sus pacientes y habla de las alternativas para sobrellevar esta situación. Hace hincapié en que, aunque “mañana descubrieran la vacuna, no va a pasar que volvamos a la normalidad así como así: va a haber que trabajar el encierro, el miedo y las prohibiciones”. 

Los chicos que nacieron en pandemia, conocen solo a mamá y papá. Todos los demás tienen la boca tapada. ¿Cómo serán? En el consultorio los chicos piensan que no tengo boca o nariz.

¿Ha detectado algunas problemáticas comunes en los niños a partir de la pandemia?

Se sabe que el Covid, a nivel mundial, no afecta prácticamente a los más chicos, salvo que tengan factores de riesgo. Sin embargo, en forma indirecta, como daño colateral hay un montón de cuestiones que los atañe. El encierro (no sólo desde el punto físico), sedentarismo, obesidad, malas posiciones por sentarse mucho tiempo con dispositivos electrónicos, trastornos del sueño por quedarse despiertos hasta tarde, poca exposición al sol y su consecuente déficit de vitamina D. Otro “daño colateral” también es el aumento de las lesiones no intencionales (mal llamadas accidentes) que se producen en la casa, como intoxicaciones y caídas.

Hay chicos que no ven la hora de salir y otros no quieren ni ir a hacer las compras. Darles información certera es fundamental, el Covid no anda volando en la calle y se pega.

¿Tienen más miedos?

Los chicos tienen una sensación de que afuera hay algo malo, que te puede atacar y encima no lo ves.

¿Cómo impacta esa incertidumbre?

Así como hay muchas cosas que no se saben todavía del Covid, si se da inmunidad o no, si va a haber rebrotes o no, tampoco se sabe qué va a pasar con los chicos cuando puedan volver a salir. ¿Van a tener miedo? ¿Van a salir corriendo o se van a agarrar de la mano de un adulto? ¿Van a ser más sociables porque juntaron muchas ganas de socializar o, al revés, porque les enseñaron que hay que mantener una distancia de dos metros?

¿Y los más chiquitos?

Los chicos más chiquitos, los que nacieron en pandemia, conocen a mamá y papá, o mamá y mamá, papá y papá, o a uno solo o a los convivientes. Y todos los demás son personas que tienen la boca tapada. ¿Cómo será esa persona? ¿Tiene cara o no tiene cara? En el consultorio me río porque los chicos piensan que no tengo boca o nariz. Son todas situaciones que vamos a tener que enfrentar cuando volvamos a la normalidad o la “nueva normalidad”, como quieran llamarlo.

Hay muchos niños y niñas que, aun pudiendo salir, prefieren no hacerlo, ¿cómo se explica?

Hay situaciones muy disímiles. Hay chicos que no ven la hora de salir y otros no quieren ni siquiera ir a hacer las compras. Se mezclaron dos cosas: el dengue y el Covid. Son dos formas de contagio distintas, pero hay chicos que no quieren dormir solos porque tienen miedo de que los pique el Covid. Por eso dar información certera a los chicos es fundamental, el Covid no anda volando en la calle y se pega. Hay que darles seguridad, salir con barbijo, lavarse las manos, no tocarse la cara. Si tocan una manija, después se lavan las manos con alcohol en gel y listo.

¿Están asustados?

Lo que sucede es que nos ven a los adultos preocupados, ven los noticieros, la cantidad de muertos… hay chicos que hicieron regresiones importantes: volvieron a usar pañales, a tomar la mamadera, a mojar la cama o tienen retrasos en el lenguaje. Esta situación que estamos viviendo nos enfrenta a un tipo de vida totalmente distinto y los adultos vamos a tener que estar súper atentos.

Es urgente la vacuna también por eso…

Si mañana descubren la vacuna, nos vacunamos todos. Pero no va a pasar que volvamos a la normalidad así como así. Va a haber que trabajar el encierro, el miedo, las prohibiciones.

Hay que tratar de mantener la rutina de comida y la calidad de los alimentos. Que no tengan acceso fácil porque comen constantemente y que se enganche con alguna actividad física.

Los niños no suelen estar en la agenda de discusión relacionada con la pandemia, pero su cambio de vida es brutal.

La vida de relación es hoy  ciento por ciento a través de las pantallas. Hay un mensaje muy esquizofrénico, ocho meses atrás los pediatras decíamos: “Por favor, la menor cantidad de pantalla posible, no le demos pantalla a un bebé de dos años”. Y ahora, lo que se impuso es lo contrario: hay que conectarse para hacer la tarea de la escuela, para hablar con los amigos. Hay abuelos, tíos, sobrinos que se conocen sólo por la computadora, como si cada uno viviera en otro rincón del planeta.

¿Qué recomendaciones podría dar para sobrellevar esta situación?

En cuanto a la salud física, tratar de mantener en lo posible la rutina de comida y la calidad de los alimentos. Que no tengan acceso fácil a alimentos porque van y comen, y comen, constantemente, cuando no están haciendo prácticamente actividad física. Y tratar de que se enganchen a hacer actividad física, la que sea, en forma reglada. Hay muchos profesores que dan clases online.

¿Y respecto de la información?

Que los padres no miren, en lo posible, el noticiero adelante de los chicos, donde se repasa de manera frenética la cantidad de muertos. En lo posible, salir un ratito al sol, que no estén encerrados. Si esto no es posible, consultar con el pediatra la posibilidad de suplementar con vitamina D. Que no pierdan el vínculo social, como puedan, mantenerlo. Y aprovechar, en lo posible, los momentos de ocio con la familia: no cenar ni almorzar con la tele prendida, sino aprovechar para explorar con ellos sus miedos y expectativas.

¿Hay que decirles la verdad?

La información veraz es fundamental. Escuchar a la gente que sabe de esto y no a quienes dan recomendaciones sin asidero científico. Yo lo que le digo a mis hijos es que esto va a estar en los libros de historia y que ellos van a ser protagonistas. Y convertir lo cotidiano en un juego, por ejemplo, con los barbijos: armar tapabocas con superhéroes, que además tienen la cara tapada. Así como el Hombre Araña se tapa la cara, ellos también. Hablar su idioma es fundamental.

¿Los chicos van menos al control pediátrico?

Sí, los padres no están llevando a los chicos a control. Los chicos menores de un año, los recién nacidos y las embarazadas deben controlarse. Hacerle un control a una embarazada es detectar posibilidades de riesgo o partos prematuros y esos bebés tienen que nacer en lugares preparados. Hay mujeres que no están yendo a los controles y van directamente a parir. Si es un bebé que venía con problemas y no nace en un lugar con un buen servicio de neonatología, eso puede condicionarlo para siempre. Tampoco hay que posponer la vacunación, hay que vacunarse. Y contactarse con el pediatra, cuando sea necesario.