Trabajadores de la salud: “Cuentan los respiradores como camas y el sistema ya está saturado”

Por Demián Verduga

Según la información publicada por el gobierno porteño, la ocupación de camas de terapia intensiva en el sistema de salud pública de la Ciudad es del 63,5 por ciento. Son las cifras brindadas en la última actualización que difundió el ministerio comandado por Fernán Quirós y describen la situación del miércoles 5 de agosto. En números exactos serían 286 camas utilizadas sobre un total de 450. Sin embargo, los trabajadores de los hospitales públicos porteños sostienen que esa cifra “es engañosa”. “Están contando respiradores como camas de terapia y no es lo mismo. El sistema ya está saturado”, le dijo a Diario Z Carlos Ignacio (Iñaki) Sanguinetti, psicólogo concurrente del Hospital Teodoro Álvarez y delegado en la asamblea de trabajadores de esa  institución.

“En la asamblea que tuvimos la semana pasada, por ejemplo, los compañeros del Hospital Durand destacaron que ya no tenían camas de terapia. Y en otras instituciones los schock room (guardia en la que se atiende a pacientes con complicaciones moderadas) se están usando para dejar internados”.

Datos del relevamiento de camas de terapia intensiva realizado por los trabajadores de la salud pública.

Según Sanguinetti, en el relevamiento hecho por los trabajadores del sistema público, el total de camas de terapia intensiva destinadas a pacientes con Covid en la Ciudad son 270. Es decir que con las 286 personas que se encuentran hoy en estado grave, los hospitales porteños ya estarían desbordados.

Por qué el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta dice que tiene 450 camas. “El tema es que están contando como camas de terapia a los respiradores -remarcó Sanguinetti-. Los instalan en otras salas y se pueden usar. Pero una cama de terapia no es solo un respirador. Implica muchos otros elementos, y sobre todo el personal. En este momento, entre el aumento de casos y los compañeros que se han contagiado y están aislados, tenemos un cuello de botella con el personal”.  Según las estadísticas oficiales, desde el inicio de la pandemia a la fecha hay por lo menos 5.440 casos Covid positivos acumulados.

Rodolfo Arrechea es delegado del Hospital Rivadavia, la institución en la que falleció por Covid-19 el enfermero de 56 años José Aguirre, cuya familia denunció al gobierno porteño por homicidio culposo. Los datos brindados por Arrechea confirman que la saturación del sistema no se está produciendo sólo por las camas sino por los trabajadores.

“Tenemos más de 220 trabajadores que están infectados o aislados por haber sido contacto estrecho”, dijo Arrechea. Esa cifra implica casi el 20 por ciento de los 1.232 personas que se desempeñan en el Rivadavia.

“La media nacional es de 8 por ciento de contagiados entre los trabajadores de salud. Nosotros tenemos por lo menos el doble -señaló el delegado-. Hubo momentos durante la pandemia en que tuvimos 52 contagiados y 48 pacientes. Es decir que teníamos más personal con la enfermedad que pacientes.”

Arrechea remarcó que el reclamo que vienen haciendo desde el principio de la pandemia ha sido el mismo: “Que nos garanticen todos los insumos para cuidarnos. Y lo que ahora necesitamos también es que los compañeros puedan descansar. Porque desde marzo se suspendieron todo tipo de licencias y encima estamos con menos personal”

Este jueves a la tarde, los trabajadores del Hospital Garrahan realizaron una protesta frente a la dirección de la institución. Florencia Claramonte, delegada de la junta interna del hospital, le dijo a este medio que uno de los pedidos fundamentales “es que nos realicen los hisopados de modo periódico. Llevamos hasta ahora 227 compañeros que se infectaron con Covid y solo se recuperaron 77. Esto está generando un enorme desgaste en los que siguen trabajando”

Al ser un hospital pediátrico, el Garrahan tiene menos pacientes con coronavirus que otras instituciones. En este momento, el total de internados con Covid-19 es de 29. El punto es que al ser niños o niñas no hay modo de aislarlos por completo de las familias, como se hace en otros establecimientos. Uno de los dos padres se queda con los chicos. E indefectiblemente tiene que circular: salir hasta el kiosco a comprar un agua, viajar en colectivo hasta la casa para traerse ropa. Eso, cuenta Florencia, “produce un alto nivel de circulación comunitaria de la enfermedad porque los padres terminan contagiados”.