Reclamos en las villas 21-24 y Zavaleta por falta de luz y agua: “Es imposible cuidarse”

Al igual que en la Villa 31 y en la 1-11-14, la pandemia agudizó los problemas estructurales de la Villas 21-24 y Zavaleta, ubicadas en el barrio de Barracas. De modo recurrente faltan luz y agua. Hay pandemia y es invierno. La combinación de estos elementos multiplica todos los riesgos. Este jueves 13 de agosto las organizaciones sociales agrupadas en el Comité de Crisis del barrio denunciaron en conferencia de prensa la “grave situación social” por las deficiencias en estos servicios.

“Hoy tenemos muchos sectores del barrio sin agua y otros que se quedan muchas horas sin luz. Y la falta de electricidad profundiza la falta de agua porque no funcionan las bombas” le dijo a Diario Z el padre Toto de Vedia, párroco de la iglesia Caacupé, ubicada en la 21-24. El cura participó de la conferencia de prensa de las organizaciones.

Sobre las causas de estas deficiencias, el sacerdote remarcó que “las obras empiezan y después se paran. Es así todo el tiempo”. Según el cura, esto “no es por la pandemia” sino que “siempre funciona así”. Para lo inmediato, el reclamo es por “generadores de luz y más camiones cisterna con agua”.

“Toda esta situación estructural se agravó por la pandemia -remarcó el cura-. Llegó el invierno, en el barrio no hay red de gas y la electricidad se utiliza mucho más para poder calefaccionarse”.

Dagna Aiva, referente barrial, integrante de la CTA-Capital, por su parte, destacó: “No podemos vivir sin electricidad y por ende sin agua. Nadie puede vivir así. De esta forma no es posible cuidarnos y estar en casa. No podemos desinfectar los comedores y merenderos; no podemos lavarnos las manos. Es imposible cumplir con los requisitos para evitar los contagios”, señaló.  

Respecto al plan Detectar, que se lleva adelante en todas las villas de la Ciudad, De Vedia sostuvo que en el barrio funciona porque “hay muchas organizaciones sociales que colaboran. Es la villa en la que más hisopados se hicieron proporcionalmente. En ese sentido anduvo bien porque permitió cortar la cadena de contagio”.

El punto problemático, según el cura, es que los vecinos no quieren ser trasladados a los centros de aislamiento que tiene la Ciudad, como el Costa Salguero y varios hoteles. “Les da temor a que los manden a esos lugares. Entonces hay personas que no quieren prestarse al hisopado por miedo a que les dé positivo y se los lleven fuera del barrio. Es algo que hemos hablado con el gobierno para buscar alternativas”.