Psicoanalista Gisela Grosso: “Los adolescentes temen contagiar y ser responsables de una muerte”

Por Demián Verduga

Recién pasadas las 22, cuando al día ya le quedaban pocas horas, la psicoanalista de niños, púberes y adolescentes, Gisela Grosso, pudo encontrar un espacio libre. Es docente en la UBA, trabaja en el Departamento de Urgencias del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Es investigadora en problemáticas de abuso sexual infanto-juvenil.  Lo primero que destacó sobre lo que viene ocurriendo con los adolescentes desde marzo de este año, cuando el Covid-19 llegó a la Argentina, es que hay dos cuestiones a diferenciar. “Aunque estén relacionadas, hay que separar lo que les pasa con la pandemia y lo que les ocurre con el aislamiento social. Generan angustias distintas, temores y miedos diferentes, que además han ido cambiando con el paso del tiempo”.

Hay una idea instalada de que lo único que padecen los adolescentes es que no pueden salir…

No es así. Es verdad que para ellos es fundamental el mundo exogámico. Hoy ese mundo no se vive solo saliendo de la casa sino también a través de las redes sociales. Y este espacio sigue habilitado. Las angustias con las que me encuentro respecto a la pandemia son por la posibilidad de la muerte de los abuelos o los adultos mayores. El temor que más ansiedades genera y por el que hay muchas consultas es el de ser portadores asintomáticos del Covid. Ser ellos quienes contagien a los otros y tengan la responsabilidad de una muerte. Es un miedo que aparece en mucho en púberes y adolescentes con los que trabajo.

¿Qué otras ansiedades surgieron en estos meses?  

La adolescencia se define en relación a la posición que tengan los adultos a cargo de la crianza. No hay adolescentes sin adultos que puedan sostener ese proceso. Y algo que ocurre con este contexto es que muchos de los temores que los adultos suelen transmitir, y que los adolescentes suelen desestimar, se volvieron difíciles de rebatir. Concejos sobre abrigarse, salir con cuidado, lavarse las manos, no son tan fáciles de descartar caracterizándolos como “cosas de viejos”. Ahora los adolescentes terminan dándoles la razón a los adultos.

¿Eso tiene un efecto negativo?

No lo sabemos. Los que trabajamos con esta población nos preguntamos cómo, en este contexto, puede darse la rebeldía conceptual necesaria para que el proceso adolescente pueda construirse de modo saludable. Cómo se le puede decir ahora al adulto que es un exagerando. La rebeldía tiene poca cabida en estas coordenadas. Ni siquiera es porque los adultos quieran coartarla sino que es el propio contexto el que la complica.

¿Son distintas las consultas en los sectores que tienen una situación social más vulnerable?

 Sí. Por eso no se puede hablar de una adolescencia sino de diversas. No es lo mismo el que vive en una casa de clase media, que tiene a sus padres con relativa presencia, que los no tienen condiciones dignas de vida ni adultos que los sostengan. En ese sector, el problema es que muchas de las instituciones que en parte cumplían ese rol adulto ahora están sin funcionar. No es sólo la escuela. Son también los centros de día, las iglesias, las ongs, que cumplían un rol de contención adulto. Claro que esta población también es heterogénea y las realidades son muy variadas. En lo que sí se nota mucha diferencia es en la posibilidad de darle continuidad al proceso educativo.

El hecho de que ahora algunos adolescentes pasen muchas más horas en sus casa, ¿ha traído consecuencias?

Lo que ha ocurrido en varias familias es que están conociendo aspectos de sus hijos con los que tenían poco contacto. Algo muy importante es que para los adolescentes en este momento el mundo exterior es el espacio de su cuarto. Hay familias en las que esto no se respeta. Y es muy importante preservar ese espacio. Porque se conectan con sus pares y se alejan de los adultos, algo fundamental para esa etapa de la vida.

Hubo un debate en los medios y las redes sobre si este contexto es traumático para los adolescentes, ¿qué piensa?

No comparto esa definición. Creo que es algo en suspenso. No sabemos cuáles van a ser los efectos. No creo que sean necesariamente traumáticos. Sí es un hecho disruptivo. Produjo un corte abrupto en la cotidianidad, pero sus efectos no son necesariamente traumáticos.