“A mediados de setiembre estaremos en 15.000 casos diarios y 12.000 muertos”, dice Rodrigo Castro, director del equipo de proyecciones

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Desde el comienzo de la pandemia medio centenar de investigadores de universidades públicas comenzó a sistematizar la información disponible en cuanto a contagios, internaciones y localización de los casos, para luego proyectar curvas sobre el comportamiento del coronavirus en la Argentina. Los datos están disponibles en http://sedcovid.exp.dc.uba.ar/dash/, la plataforma desde la cual fueron adelantando cada uno de los escenarios de crecimiento y advirtiendo sobre la aceleración de los contagios y el aumento de la cantidad de fallecidos.

El 11 de agosto mostré una proyección: de los 6.500 casos diarios íbamos a pasar a los 10 mil para el 26 o 27 de agosto. Más allá de acertar en la proyección, fue un fracaso total… Acá estamos.

Rodrigo Castro es ingeniero electrónico, con un posgrado en el Instituto Federal Suizo de Tecnología en Zurich. Investigador del Instituto de Ciencias de la Computación (ICC), dirige el Laboratorio de Simulación de Eventos Discretos de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, integrante de este colectivo, dice a Diario Z que los estudios y proyecciones que realizan  simplemente “confirman con herramientas sofisticadas las conclusiones que podría alcanzar cualquier persona usando un poco de raciocinio y un poco de sentido común”. Es decir, que lo que se viene son más aumentos de casos y de fallecidos, con un sistema sanitario operando al límite y decisiones políticas enfocadas en apurar aperturas en todos los rubros.

¿Cómo es el estudio que realizan sobre el devenir de la pandemia?

Estamos tratando de entender su desarrollo, los cambios de intensidad, de porcentajes de infectados, la inversión geográfica y la estabilización o no de la curva. Yo me dedico a trazar proyecciones de escenarios, sobre qué es lo que pasaría si continúa la situación de tal o cual manera o si se tomaran decisiones restrictivas, qué sería de esperar. No son predicciones, sino proyecciones. Somos un equipo interdisciplinario de matemáticos, informáticos, cada uno aporta su mirada, sus conocimientos e interpretación.

¿Esto lo hacen desde el principio de la pandemia?

Desde principios de marzo. Es un grupo muy grande, de 50 o 60 científicos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, principalmente del Instituto de Ciencias de la Computación y el Instituto de Cálculo, ambos de UBA-Conicet. Fue una reacción inmediata, pusimos todo a disposición. Yo puse mi laboratorio de simulación de cálculos a trabajar de manera absolutamente espontánea, sin financiamiento ni nada. Esta situación nos agarró con las herramientas a mano y la experiencia para procesar los datos y hacer simulaciones. Luego hubo una reacción institucional, a través del Ministerio de Ciencia y una convocatoria para financiar proyectos de Covid-19. Yo presenté un proyecto de simulaciones de escenarios para asesorar a la toma de decisiones de política pública. Tenemos un portal (sedcovid.exp.dc.uba.ar) donde vamos publicando las curvas y donde combinamos datos de múltiples fuentes. Esta información la empezamos a procesar el 3 de marzo, cuando se informó el primer contagiado del país.

Hay un momento crítico en el cual se te viene la ola de golpe, simplemente porque te dejaste estar. Es lo que venimos advirtiendo hace rato.

Lo que fueron proyectando, ¿se fue cumpliendo?

Efectivamente… nunca hubo magia. Estuvimos siempre dentro del rango de lo que fue la evolución de la curva, tomando en cuenta los cambios abruptos, porque uno no puede predecir una decisión política. Siempre la proyección es “si todo continuase de esta manera, entonces la proyección de la dinámica dice que…”. Esto es combinado también con la reacción de la sociedad porque la política puede decir una cosa y la sociedad puede hacer lo que se le da la gana. Entonces, se hace una proyección más pesimista contemplando esto último y una más optimista, con el cumplimiento incorporado. Son dos curvas, una por arriba y una por debajo. Esto es un granito de arena para que quienes deben tomar decisiones políticas, que además deben contemplar aspectos económicos, sociales y culturales, que nosotros no incorporamos en el análisis.

Ustedes adelantaron el crecimiento exponencial.

Sí, fue hace poco. Y a veces pasa que los números te adelantan. Fue en una conferencia de prensa por el resguardo de los derechos humanos, convocada por los organismos de DDHH. Nosotros fuimos en representación de los científicos. El 11 de agosto mostré una proyección que decía que los 6.500 casos diarios que había en esa fecha, íbamos a pasar a los 10 mil casos cotidianos para el 26 o 27 de agosto. No fue hace mucho y la sensación que se generó era que, de cumplirse, explotaba todo. Efectivamente, el 26 fue el salto. Generó mucho ruido. Y la verdad siento que más allá de acertar en la proyección, fue un fracaso total… hicimos la conferencia de prensa, con todos los organismos, y… ¡nada! Acá estamos.

Rodrigo Quiroga, investigador del Conicet e integrante de tu equipo, proyectó en una nota con Diario Z el 17 de junio que en 30 o 40 días íbamos a tener un escenario similar al de Chile. Y se cumplió.

Y sí, porque -otra vez- no hay magia. Quiroga usa otros métodos y eso es lo bueno de integrar un equipo porque todos los análisis terminan en el mismo lugar. Eso le da consistencia. Es un control cruzado.

Tenemos el Covid al cuello. No estamos planchados en 100 casos, ¡tenemos 10 mil! Dejan salir a los bares y a dos cuadras otros no tienen cama en un hospital.

¿Qué dato está viendo que lo preocupa?

Cuando las cosas están así, cuando los números dan mal, trato de no proyectar mucho para adelante porque las proyecciones dan unos números exorbitantes. Trato de ser prudente. Es mucho más útil proyectar en un mediano plazo y mostrar que la cosa se pone peluda ya, pronto. Dicho esto, me está dando que vamos a estar en 15 mil casos diarios a mediados de septiembre y habiendo acumulado 12 mil muertos, quizá llegando a los 16 mil hacia fines del mes.

¿No es una consecuencia lógica? Si se miran las decisiones políticas y el comportamiento social, parece que caminamos hacia ese lugar.

Absolutamente, esto no es Rocket Science. Estamos confirmando con herramientas sofisticadas las conclusiones que podría alcanzar cualquier persona usando un poco de raciocinio y un poco de sentido común. Y ahí me gustaría hacer una salvedad: el sentido común tiende a ser lineal y estamos viviendo una dinámica exponencial. En un mismo periodo de tiempo, la duplicación de casos te hizo pasar de mil casos diarios a dos mil, y podría pasar que 10 mil pasemos a 20 mil. Hay un momento crítico en el cual se te viene la ola de golpe, simplemente porque te dejaste estar. Es lo que venimos advirtiendo hace rato: “Ojo, no dejes crecer porque esto crece de manera exponencial”. Por eso estamos viendo lo que estamos viendo.

¿Por qué el crecimiento exponencial no hizo colapsar, aún, el sistema sanitario?

Eso lo pondría entre comillas. En realidad, lo que empezó a pasar es que el virus comenzó a afectar menos a las personas mayores y hay más contagio entre la población joven. También hubo una batería de acciones paliativas, que hizo que menos gente necesitara acudir a los hospitales. Por otro lado, se duplicó la cantidad de camas disponibles. Esa es la explicación. El problema es que la duplicación de camas no se puede sostener en el tiempo, es un recurso finito. Si siguen dejando crecer a la pandemia, en algún momento se va a desbordar.

En CABA, sin embargo, el promedio de ocupación de camas de terapia intensiva es de 60,8 por ciento.

Es un promedio y es un dato engañoso. Hay hospitales que ya están saturados, como el Vélez Sársfield o el Durand. Si llega un caso, lo derivan. Lo que pasa es que esto no funciona en perfecta armonía, no es que la gente se contagia cerca de los hospitales donde hay camas disponibles. Es algo dinámico. No está todo bien, simplemente te está subiendo el agua al cuello. La derivación no es algo sencillo. Y te doy un dato: murió la madre de un colega, después de que le dijeran en el Vélez Sársfield que no había más camas. Se armó un revuelo, tuiteamos, empezamos a mover. Las autoridades del hospital se hicieron eco y le ofrecieron un respirador. ¿Por qué no la trasladaban? Es una persona de más de 80 años, no se sabe si va a resistir el traslado. No es un número que lo agarrás y lo ponés en otro lado. Trasladar tiene su complejidad. Es una persona que está en estado crítico, débil. Terminó falleciendo. Que no digan que no hay saturación del sistema. El intensivista que intervino tuvo que pedir licencia porque no daba más, estaba muy cansado.O sea, todo el panorama es de saturación. Entonces viene Larreta y te muestra el 60 por ciento y te dice “está todo bien”.

En el medio de este panorama, hay una apertura mayor y se relativizan los indicadores de colapso. ¿Qué siente cuando ve eso?

Que hay una falta de solidaridad absoluta por parte de algunos sectores de la población, pero principalmente yo pongo la responsabilidad en las autoridades políticas. Hay una gestión que baja un mensaje engañoso. Ese “R=1” que Rodríguez Larreta dibuja con el dedito para luego dibujar una línea recta en el aire con oscilaciones muy chiquitas hace que mucha gente diga: “Ay, qué bueno, está controlado”. Lo que no dice es que son oscilaciones de “1” en algo que estaba planchado, y que ya no lo está, y en un nivel altísimo. Tenemos el Covid al cuello, viene una ola y nos tapa. No es que estamos planchados en 100 casos, ¡tenemos 10 mil! ¿Qué están viendo? Dejan salir a la gente a los bares y hay otra gente, a dos cuadras, que no tiene cama en un hospital. Lo veo así, de manera brutal.

¿La pandemia sigue concentrada en AMBA o se traslada al interior?

El tema es que al tener un centro neurálgico tan grande, con tantos casos y donde se concentra más del 50 por ciento del PBI de la Argentina, si vos das un mensaje de apertura, ese mensaje se expande hacia las provincias. Tarde o temprano, la gente del interior viene al AMBA a buscar insumos o lo que sea para su negocio, y exporta el virus.

Ya está pasando.

Por eso. En ciudades como Córdoba o Rosario había programas de controles, rastreo y seguimiento muy efectivos. Hoy, pasa todo lo contrario. Están llevando el virus, creando focos en otras ciudades y crecen los casos exponencialmente. El mensaje en todos lados es de apertura. Entonces ahora tenés nuevos infectados del interior que vienen al AMBA y se genera un nuevo ciclo de retroalimentación. Cerramos Ezeiza, pero tenemos circulación de ida y vuelta con el interior del país. Eso explica no sólo los nuevos focos en el interior, sino el crecimiento de casos en el AMBA. Es como una mancha de aceite, que se expande. Por eso, nos dan bien las proyecciones a nivel nacional. El caldo de cultivo se produjo en el AMBA y no se frenó, así llegamos a los 10 mil casos diarios.