Rodrigo Quiroga, del Conicet: “La percepción del riesgo bajó y el peligro subió, a fin de octubre podemos tener 25 mil muertos”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

En una entrevista con Diario Z publicada el 17 de junio, el bioinformático Rodrigo Quiroga había pronosticado un crecimiento de los contagios. Lo hacía en base a proyecciones matemáticas, que ubicaban a la Argentina en una situación similar a la de Chile, donde el sistema de salud había empezado a colapsar. Varios científicos sumaron sus mediciones y confirmaron una tendencia que entonces parecía alejada de lo posible. Dos meses y medio después, Argentina atraviesa una situación “sumamente complicada”, según evalúa nuevamente Quiroga, quien es investigador del Conicet, integrante del grupo de especialistas que alimentan de proyecciones diarias la web  http://sedcovid.exp.dc.uba.ar/dash/.

“Siendo realistas, tendremos entre 25 o 30 mil muertos a finales de octubre, si no se toman medidas ya. Hay que actuar ahora, en las próximas dos semanas”, advierte.

Quiroga asegura que si bien en el AMBA parece haberse aplanado la curva, la estabilización se produjo en un número “muy alto” de casos diarios. “El enorme número de casos diarios sumado a las actividades que se van flexibilizando nos marcan que el ritmo de contagios no va a bajar y vamos a tener ese número de muertos diarios por mucho tiempo. Yo no sé hasta cuándo vamos a tolerar eso como sociedad o hasta cuándo lo tolerará el gobierno. Estos 200 muertos por día que tenemos hoy son equivalentes a los mil fallecidos diarios que tenían en Brasil, en proporción a la cantidad de habitantes”, indica.

¿Cómo evalúa la situación?

Sumamente complicada. Lo más peligroso y difícil se está dando en el interior, la velocidad con la que aumentan los casos en las provincias es muy alarmante.

El investigador Rodrigo Castro dice que la exportación se da desde el AMBA.

Sin duda. Esa velocidad de exportación estuvo durante un tiempo controlada y además cuando aparecía un brote, la circulación de las personas infectadas era menor y se podían ir apagando esos brotes, con una estrategia de rastreo y aislamiento. La velocidad, ahora, se incrementó. A esto se le suma que en muchos lugares no había cultura del cuidado personal ya que no habían tenido casos, entonces no tenían percepción del riesgo. Esto, en combinación con una alta flexibilización, hizo que el incremento fuera brutal. Lo que resta saber es cómo va a reaccionar la sociedad frente a esto. Se han tomado medidas para restringir la circulación en varias provincias, pero hay que ver cuál es el acatamiento porque sin acatamiento la cosa no funciona. Y después hay que ver qué impacto tiene sobre la curva de los contagios diarios.

En definitiva, más allá de los cuidados personales, ¿con alta circulación de personas se incrementan los contagios?

Todo depende de nuestro comportamiento. No hay muchas vueltas. Mientras tengamos más contacto con más personas por día, el riesgo de contagio va a subir. Tenemos que comprender que no podemos volver a la vida normal de febrero hasta que esté la vacuna, lamentablemente es así. La forma más dramática y drástica de controlar esto es justamente con una cuarentena. Pero de nuevo, si no hay cumplimiento, no hay cuarentena.

De hecho, no hay cuarentena…

Lo que hay es mucha necesidad de volver a una vida normal, lo cual es entendible. Todos queremos hacer asados y abrazarnos. Son necesidades emocionales, que un sociólogo o psicólogo pueden explicarlo mejor. Sin embargo no vamos a poder volver a esa normalidad en mucho tiempo. El desafío es cómo se logra esto y que nuestra percepción del riesgo esté acorde a la realidad.

¿Hoy no condice el riesgo con esa percepción?

No, más bien ha ido bajando. Eso se condice con las encuestas, que hace unos meses marcaban al coronavirus como la principal preocupación y hoy ya no lo es. Entonces tenemos la siguiente situación: la percepción del riesgo ha ido bajando, mientras el riesgo real ha ido aumentando.

¿Qué explicación le encuentra a ese contrasentido?

Creo que hay hartazgo por no satisfacer esas necesidades emocionales, pero también por otro lado creo que es más fácil negar este problema, decir “no pasa nada” y satisfacer esas necesidades. Es más fácil no creer que estamos en una situación dramática y al borde de un desastre, que hacernos cargo de esto y enfrentar las consecuencias que tienen nuestros actos. Se minimiza el riesgo: “me junto una vez, total no pasa nada”. Y también pasa algo con los jóvenes, para quienes el Covid-19 no representa el mismo riesgo que para las personas adultas. Eso pesa mucho. Es más difícil cumplir ciertas restricciones cuando el riesgo mayor no te afecta. Eso lo vemos en periodistas, políticos, que tenían una actitud de negación, pero tuvieron un caso cercano y cambiaron su percepción. Eso nos pasa a todos. Si no te toca de cerca, no tomás conciencia de la gravedad del asunto.

El crecimiento en el interior, ¿le quita gravedad a la situación del AMBA?

No, claro que no. De ninguna manera. La circulación de personas infectadas en el AMBA es gigantesca. Los casos no suben tan velozmente, pero tampoco bajan. Tenemos que entender y enfrentar las consecuencias de tener ese número de contagios tan alto. Obviamente es mejor que el número no suba o que suba lento, pero que se mantenga estable en un nivel tan alto implica necesariamente mayor cantidad de fallecidos. Es así: a mayor número de contagios muere más gente. Inevitablemente se contagian personas que están en los grupos de riesgo. Estamos en un promedio de 200 fallecidos por día y yo creo que en dos semanas vamos a estar arriba de 300 por día. A fin de mes, vamos a tener entre 14 y 16 mil fallecidos. Y a fines de octubre, posiblemente, entre 25 y 30 mil.

¿Por qué llegamos a ese número?

Porque seguimos sin entender cómo funciona una exponencial, que cada vez es más veloz. En las provincias lo estamos viendo, ya son muchas con sus sistemas de salud colapsados. Hablamos de sistemas más precarios, que no llegan a atender a todos los casos.

¿Y en el AMBA?

Parece estar resistiendo, a pesar del enorme número de casos. Lo que no tenemos que olvidar, de nuevo, es que el enorme número de casos diarios sumado a las actividades que se van flexibilizando nos marcan que el ritmo de contagios no va a bajar y vamos a tener ese número de muertos diarios por mucho tiempo. No sé hasta cuándo vamos a tolerar eso como sociedad o hasta cuándo lo tolerará el gobierno.

En la Ciudad se vio este fin de semana cierto descontrol en los bares, ¿qué analiza cuando ve esas imágenes?

No me parece bien, para nada. No le veo tanto problema al café. El problema está en los bares nocturnos, tipo cervecería. Es algo que ha pasado en todo el mundo. Son actividades que generan enorme cantidad de contagios. Y está mal no sólo por los contagios sino por el mensaje que se le da a la sociedad. Están habilitando actividades que, si bien son al aire libre, uno los ve hablando a menos de dos metros, sin barbijo y durante mucho tiempo.

¿Qué podría pasar si no existieran más controles y se abriera todo?

Tendríamos un desastre, no hay duda. Si autorizan los viajes internos, el virus llegaría a pueblos y ciudades muy chicas donde la atención médica es muy precaria. Hay pueblos que no tienen hospitales ni médicos. Las restricciones al transporte interjurisdiccional tienen que continuar por el momento. Y la verdad hoy es muy difícil proyectar qué va a pasar porque realmente no sabemos qué medidas se van a tomar y qué cumplimiento van a tener esas medidas.

¿Hay viabilidad social para tomar alguna medida tan restrictiva como las iniciales o hay que apelar a la “inmunidad del cagazo”?

Soy totalmente contrario a que el gobierno baje los brazos y abandone a la población a su propia suerte. No sólo es querer cuidarse sino también poder. El Estado tiene que estar presente y hacer todo lo posible. Si el Estado baja los brazos, vamos a una situación como la de Ecuador o Perú. Aún con el crecimiento que tuvimos, no llegamos a esa instancia. El Estado tiene que hacer todo lo posible para que entendamos todos que esto no se trata de política partidaria, que acá se trata de salvar vidas. Vamos rumbo a los 30 mil muertos y hoy hay que cerrar. Cuando se intentó volver a cerrar a principios de julio, la medida tuvo bajo acatamiento. Pero el contexto hoy es totalmente distinto. Siguen aumentando los fallecidos, vamos tomando de a poco nuevamente conciencia y vamos llegando, como dice el investigador Roberto Etchenique, a la “inmunidad del cagazo”, entonces creo que hoy tendría una recepción y un acatamiento mayor.