Mientras AySa investiga si hubo un delito, afirma que el agua es segura y potable aunque tenga gusto a aceite de oliva

Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Las denuncias por el mal gusto y mal olor del agua que provee la empresa AySA en la Ciudad y el conurbano se multiplicaron en las redes sociales desde principios de septiembre. Usuarios de Colegiales, Palermo, Parque Chacabuco, Parque Chas, Villa Urquiza, Villa Pueyrredón y Boedo, entre otros barrios, sumaron sus quejas en Twitter y Facebook. Dicen que sienten un “olor y gusto similar a aceite de oliva” en el agua, según describió Natalia Tuñón, del barrio de Caballito.

AySA pidió la intervención de la Unidad Fiscal de Medio Ambiente para “determinar si existe o ha existido alguna conducta delictiva”.

Desde la prestadora del servicio aclararon que el agua que llega a los hogares es “potable” y que están estudiando las causas que derivaron en el cambio del sabor, mientras que no descartan un acto vandálico en las cañerías que componen la red. De hecho, AySA pidió la intervención de la Unidad Fiscal de Medio Ambiente para “determinar si existe o ha existido alguna conducta delictiva”.

En declaraciones radiales, el director de Plantas y Establecimientos de AySA, Danilo Zanata, señaló que la empresa detectó el problema y que inmediatamente realizaron “una serie de controles mucho más estrictos, con ensayos de toxicidad para comprobar si el agua con distinto olor y sabor, no genera ningún problema de toxicidad”. Y agregó: “El agua es segura y potable, no hay riesgo de tomarla”.

En Núñez, tiene un olor a aceituna tremendo hace dos semanas, antes era olor a lavandina.

mercedes castro, una vecina

La explicaciones de la empresa, sin embargo, no calmaron las aguas entre los consumidores. “En Núñez, tiene un olor a aceituna tremendo hace dos semanas, antes era olor a lavandina. Tengo filtro, y ésa sale perfecta como siempre, pero cuando te bañás parece el agua de las aceitunas”, cuenta Mercedes Castro.

El agua tiene sabor aceitoso. Hace un tiempo ya pasó en casa. Tomaron una muestra en la zona y dijeron que era potable. Pero el sabor horrible continuó unos días más”, apunta Carolina Buccoliero, del barrio de Flores.

La pregunta lógica, más allá del sabor -que pone en duda aquello de que el agua es inodora, incolora e insípida-, es si está en condiciones de ser tomada. Para el ex Director Nacional de Agua Potable y Saneamiento, Juan Martín Koutoudjian, un experto con muchos años en el tema, no hay duda de que el agua es potable. “Yo confío en que no hay despacho de agua si no está en condiciones de potabilidad. Sea AySA o cualquier empresa a lo largo y ancho del país, no pueden despachar agua que no sea potable. Y no lo pueden hacer porque incurren en faltas graves, entonces yo tengo que decir que el agua es potable y se puede tomar”, dice a Diario Z.

“Ni AySA ni ninguna empresa del país puede despachar agua que no sea potable porque incurre en falta grave. Si no es potable, automáticamente se corta el servicio.”

juan Martin Koutoudjian, ex Director de Agua Potable y Saneamiento

Koutoudjian explica que el agua debe cumplir una serie de requerimientos técnicos que son parámetros definidos por el código alimentario nacional, que incluyen el “aspecto”. “En ese sentido a veces uno le siente olor a cloro o a fenol, en muy pequeñas trazas”, señala.

En algún caso, puede suceder que en algún barrio, por alguna reparación que se haya hecho, se cuele algún elemento extraño en alguna cañería rota: “Entonces todos los que están aguas abajo de esa cañería van a percibir mal gusto o mal aspecto, pero el agua sigue siendo potable para el resto”. “Si en el interín, hubo algún acto muy vandálico en la salida de la planta o en algún caño principal… la verdad no se sabe aún. Sería muy grave. Los protocolos indican que ante cualquier anomalía de este tipo, se informa al ente regulador y a la Justicia”, añade Koutoudjian.

“En el interior no se usa el cloro residual. Sin embargo, en una red tan extensa como la de la Ciudad, garantiza que no haya patógenos, microbios, bacterias.”

juan MARTIN KOUTOUDJIAN

En caso de que el agua no sea potable, automáticamente se corta el servicio”, insiste el ex funcionario. Y aclara que el sistema de distribución se monitorea las 24 horas en centenares de puntos de toda la red: “Hay lugares donde se analiza a cada hora, otros cada seis, dependiendo de la naturaleza del análisis. El cloro residual se analiza con mucha frecuencia. Los análisis más completos se hacen cada un mes o cada seis meses. Dependiendo de la profundidad del análisis, hay frecuencias diferentes. Cuando hay lluvias, se hacen más seguidos porque el agua llega más revuelta. El plan de vigilancia es completo”.

A principios de mes, frente a la primera tanda de denuncias en las redes, AySA comunicó que una “variación” de los niveles del Río de la Plata había impactado en el sabor del agua. Koutoudjian revela que cuando el nivel del río es bajo, o la bajante del Paraná llega con camalotes, y los vientos no ayudan, entonces las tomas que están frente a Aeroparque, en esas casitas que están en el río, “absorben agua con más turbiedad, aumenta la proporción de arcilla y arena y eso obliga a poner una serie de productos adicionales, además de cloro, que le cambia el gusto y el sabor al agua”.

Ingeniero Juan Martín Koutoudjian, ex director nacional de Agua Potable y Saneamiento.

Sobre el gusto intenso a cloro, algo que también denunciaron los usuarios, Koutoudjian señala que el agua “siempre tiene que tener un poco de cloro residual”. “Los que vivimos en el área metropolitana a veces no nos damos cuenta, pero cuando viene alguien del interior y toma agua acá, dice: ‘Qué gusto a lavandina’. Y claro, porque en el interior no se usa el cloro residual. Sin embargo, el cloro residual en una red tan extensa te garantiza que no haya patógenos, microbios, bacterias”, añade.

“El agua es potable hasta la línea municipal. Si los tanques no se limpian, los rayos solares, el polvo y las palomas hacen que el agua se contamine.”

juan MARTIN KOUTOUDJIAN

Koutoudjian hace hincapié en una cuestión muchas veces pasada por alto: “el agua es potable hasta la línea municipal”. Es decir que una vez que ingresa a los edificios para almacenarse en cisternas, o en los tanques de cada vivienda, la responsabilidad pasa a ser del “privado”. “Si esos tanques no se limpian hace siete años o, como sucede muchas veces, no poseen tapas, eso hace que con el paso de los días, los rayos solares, el polvo y las palomas, el agua se contamine. Entonces pasa muchas veces que la gente se intoxica con agua y le echa la culpa al prestador, cuando en realidad lo que tienen es un problema de contaminación interna de la vivienda o el edificio. Esto no es menor porque muchos de los problemas se generan ahí o por cañerías pinchadas, donde se mete tierra. Todos esos factores contribuyen a contaminar el agua, que llegó potable y que una vez que entra al edificio o a la casa, ya no lo es. Y eso sale de la canilla, para beber o cocinar”.