Florencia Cahn: “La estabilización de la meseta con números altos de contagio no es ninguna mejora”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z.

“El AMBA está en una meseta, pero es una meseta alta”, advierte Florencia Cahn, subdirectora médica del Centro Médico Huésped y presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE). Cahn, quien además es integrante del comité de expertos que se sientan con el presidente Alberto Fernández, señala que de mantenerse durante mucho tiempo el número actual de 12 mil casos por día, el sistema de salud podría empezar a desbordarse. Y apunta contra los que minimizan el impacto de la pandemia: “No nos engañemos, con un número de contagios tan alto, insisto, el sistema va a colapsar.”

En la Ciudad se deja trascender que lo “peor ya pasó”, que los contagios van a empezar a bajar, en paralelo a la apertura de actividades. ¿Usted lo ve así?

Hay una tendencia a la estabilización de casos en el AMBA, pero son números altos. Lamentablemente la política mete la cola en todo y hay una necesidad de meter un discurso aperturista. Pero los datos se pueden contar de una manera y de otra. Sin embargo, los números son los números. Siempre hay que mirar las tendencias. No es una estabilización con números bajos, que podrían indicar una mejora. Insisto: son números altos. Es bueno, sí, que no sigan aumentando.

¿El sistema está aguantando?

Siempre supimos que los casos podían aumentar, pero yo nunca me aventuré a tirar un número. La verdad es que cuando se abren actividades, circulan más personas, por ende, circula más el virus. Estamos empezando a ver lo que no queríamos ver.

Resulta, en apariencia, contradictorio con cierto mensaje que se da desde el gobierno.

Sí, pero la realidad es que los casos siguen ahí y cada día se mueren cientos de personas. Las terapias intensivas están al límite, sobre todo en el interior, que tienen menos capacidad. Hay ciudades del tercer cordón de la provincia que tienen 10 camas de terapia. Este no es un tema que ya pasó. Una cosa es que los medios se aburran de hablar del tema y otra que el tema esté resuelto.

Sin embargo, en la calle se puede advertir, desde hace tiempo, que no hay más cuarentena. Más allá de los medios, la población tampoco parece percibir ese riesgo.

Es lo que yo digo siempre. Los medios repiten que vivimos la cuarentena más larga del mundo, pero cuarentena hubo el primer mes y medio. Después hubo restricción de actividades. Hay muchas actividades habilitadas, el tema es hacer lo que se puede, de la manera que se puede, no como cada uno que cree que está bien. Hay protocolos, que hay que cumplirlos, y no hay que subestimar al virus.

La Ciudad plantea un horizonte a la baja de los contagios, pero hay un dato que contrasta: el índice de positividad, que está en el 32%.

Ese índice, lo que te marca, es cuántos te dan positivo de las personas que testeas. Se testean todos los que tienen síntomas compatibles. Si hay 32, 38 o 40 positivos cada 100, entonces tenés que testear más. Es un índice alto. En marzo o abril, el índice era del 10%, y estaba bien. Si estás por arriba de 20%, es porque se está testeando poco. Bueno, es evidente, estamos testeando poco.

¿El número de contagiados es mucho mayor al que se contabiliza?

Por supuesto. Es igual en todo el mundo: hay muchos más casos de los que llegás a detectar. Los que no tienen síntomas, no consultan.

¿Se tiene una proyección de ese número?

Hay distintos números. Algunos dicen el doble, otros el triple. En definitiva eso se puede saber con estudios de anticuerpos, pero sabemos que en los casos leves, eso declina rápidamente. Se están trazando otras estrategias para saber de aquellas personas que tuvieron contacto con el virus, pero que no tengan anticuerpos circulantes.

¿Qué tendencia tendría que materializarse para llevar tranquilidad?

El primer paso es que se estabilice el número de casos, a nivel país. Algo de lo que está pasando en el AMBA, una meseta alta. No es lo que vemos hoy, hay provincias que están creciendo mucho. La lógica sería que luego de la meseta, llegue la baja. Lo que pasa es que acá hay que entender que la curva no baja sola, sino que la bajamos entre todos. No es un slogan, es posta. Esto depende mucho del comportamiento de la sociedad.

Lo que se deja trascender, sin embargo, es que los contagios están bajando, que ya podemos salir sin riesgo.

Hay que tener cuidado con eso, están dando una falsa sensación de seguridad. “Listo, está todo bien”… no es así. Si las cosas están estables, hay que decirlo. Pero también hay que insistir que se trata de una enfermedad muy transmisible de persona a persona, no hay vacuna, no hay tratamiento, y depende de nosotros. Tenemos que seguir cuidándonos. Es verdad, estamos todos podridos, cansados, hartos. Pero andá a ver cómo están los médicos en los hospitales: también están cansados, luchando contra el virus. ¿A quién le puede gustar esto? Esta situación es una porquería para todos. Pero es así, es lo que tenemos. Por suerte se pudieron ir abriendo actividades. Hay bares que cumplen y hacen las cosas bien, pero muchos otros no. Y hay mucha negación, como si esto no estuviera pasando.

¿Considera que lo obtenido hasta ahora es un resultado aceptable?

Es difícil hablar de buenos resultados cuando hay tantos fallecidos en el medio. Pero hay que imaginar qué hubiera pasado si no se hubieran tomado esas medidas. Al final, lo que va a marcar el resultado es el número de víctimas fatales, tenemos que tratar de que sea el menor posible. Hoy está por encima de 200, a veces llega a 400…