Costanera Norte: 342 arquitectas piden el archivo del proyecto del barrio de lujo

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

El gobierno de Horacio Rodríguez Larreta porteño quiere concesionar 32 hectáreas de la Costanera Norte para construir torres y emprendimientos privados. Para eso debe cambiar la urbanización que lo impide. Este jueves, la Legislatura debe votar si da vía libre a un proyecto que colocará una barrera de emprendimientos de lujo entre los simples porteños y el río.

El 28 de setiembre, el Colectivo de Arquitectas, con la firma de 342 profesionales, envió una carta a la presidenta de la Comisión de Planeamiento Urbano, la oficialista Victoria Roldán Méndez, en la que piden el “archivo” de la iniciativa y la “preservación de la totalidad de las tierras -objeto del mencionado Proyecto- para uso y utilidad pública”. “En los últimos años, el Estado se ha desprendido de muchos predios estratégicos para desarrollos urbanos. En esta oportunidad, el proyecto abarca 32 hectáreas sobre la ribera del Río de la Plata“, dice la carta, y sigue: “La gravedad de los acontecimientos nos convoca a visibilizar que consideramos inadecuado continuar desprendiéndose de un recurso tan escaso y no renovable como la tierra pública. Por el contrario, tenemos la certeza de la importancia que tienen, para la salud y la sustentabilidad, los espacios verdes de acceso irrestricto al uso público”, describen.

La Reserva de la Ciudad Universitaria también sería concesionada para desarrollos privados.

La arquitecta María José Leveratto, integrante del colectivo y especialista en construcción sustentable explicó a Diario Z que “empezamos a insistir en los grupos de discusión sobre este tema, diciendo algo que es tremendo: nos estamos quedando sin tierras públicas. Se empezaron a sumar muchísimas arquitectas, de mucha diversidad ideológica”. El oficialismo afirma que el tope de construcción es del 35 por ciento de la superficie y que el resto será espacio público. Loveratto lo desmiente: “Esas mediciones no incluyen la urbanización que rodeará las nuevas edificaciones, como calles y veredas. Cuando ves el plano dibujado, te das cuenta de que no quedará nada de espacio público verde”, asegura. 

La venta de Costanera Norte, ¿forma parte de un proceso más amplio de transferencia de tierras públicas al sector privado?

La tierra pública es un stock limitado en cualquier ciudad y es muy valioso porque permite generar políticas públicas: hacer escuelas, viviendas sociales, regular el precio del suelo. Siempre hay propuestas de tener un banco de tierras, comprar para que el Estado pueda manejar esa cuestión. Por otro lado, es neceario que la naturaleza vuelva a las ciudades: la posibilidad de sacarte los zapatos y caminar por la tierra. Necesitás parques, espacios naturales para mitigación de las lluvias, refrescamiento. Pasás por el Botánico a la noche y viene de ahí un aire fresco…

¿Dónde se podría ampliar el acceso a la Naturaleza o construir viviendas populares?

En Buenos Aires, con los corredores ferroviarios tenías una oportunidad para hacer algo. Pero lo que hubo, sobre todo cuando el color político de la Ciudad fue el mismo que la Nación, fue un gran traspaso de tierras. La Ciudad accedió a mucho dinero, producto de la venta de esas tierras. Así se perdieron algunas de esas playas ferroviarias. Al mismo tiempo, empezó a afectar el sentido común entre la matrícula de Arquitectura porque le dieron a la FADU la organización de concursos cuyas bases son un espanto: se está vendiendo tierra pública, edificando mucho más de lo que se debería desde una mirada ambiental. Pero claro, el que pone la plata, pone las condiciones del concurso que quiere hacer. De a poco, fue ganando la idea de que lo poco que se puede hacer, como el tope del 35 por ciento de las tierras para parcelar y vender. Nunca se le suma toda la vialidad, como las calles y veredas. Entonces al final tenés una cosa urbana, densa, en donde la inversión es el motor, con la idea de que tiene que venir cada vez más gente a vivir a la ciudad, entonces hay que construir más. Lo que no dicen es que lo que construyen va a ser carísimo, inaccesible para quienes necesitan una vivienda.

En los últimos 11 años se construyeron unos 9 millones de m2 aunque la población no crece desde 1970. ¿Se necesita construir más ?

No. El problema es que la propiedad pasó a ser una herramienta financiera. A nadie le interesa que sea habitable o están apuntados al segmento ABC1. No se piensa en la necesidad de vivienda de ciertos sectores, para quienes no hay políticas específicas.

¿La venta de Costanera corresponde a esa lógica?

Sí. Lo de Costanera Norte es como el remate, el filet mignon de esta misma historia. Costanera Norte es un lugar recontra privilegiado. Con vista al río, con mucha costa, ahí no más de Aeroparque, a 300 metros de la autopista, con la posibilidad de armar un amarradero para que tengan sus veleros, para cruzar a Uruguay. Cerca de Microcentro y Puerto Madero. En términos inmobiliarios, es un negocio enorme: casi 10 mil dólares el m2, se dice. Es muchísima plata. Y muchísima presión.

¿Cómo se frena?

Lo que debería frenar todo esto, es que la Constitución dice que las tierras ribereñas tienen que ser de acceso público, irrestricto. Y el Plan Urbano, dice lo mismo. Costanera Norte tiene otra particularidad: no hay vecinos cercanos, es como una “tierra de nadie”, que además está hoy en un estado pésimo, con Costa Salguero, Punta Carrasco, que no están bien.

Es decir, de perder esa porción, se alejaría cada vez más la posibilidad de disfrutar el río.

Sí, el río queda lejos en todos lados. El contacto de ciudad, espacio verde y horizonte casi no existe en Buenos Aires. Tenemos la Reserva Ecológica, pero tiene otras características. Como dijo Adrián Gorelik a Diario Z, Buenos Aires sigue perdiendo oportunidades. Si Costanera Norte se vende y se construye, se pierde la posibilidad de pensar otra cosa. La costa debe ser pensada de manera interdisciplinaria, no sólo por unos cuantos arquitectos que vamos a dibujar, sino que debe ser abordada de manera integral, teniendo en cuenta el cambio climático, con geógrafos, biólogos y por supuesto con los vecinos.

Este cambio de la morfología urbana se hace a espaldas de la sociedad, más allá de los debates que se den en la Legislatura.

Absolutamente. Y el oficialismo tiene mayoría hace mucho tiempo, con lo cual la Legislatura es una suerte de escribanía para estos proyectos.

¿Por qué piensa que Buenos Aires llegó a este punto?

Este gobierno fue votado, muchas veces, por amplias mayorías. Me pregunto también qué ha pasado con nuestra matrícula. Yo no sé si es porque hay tanta plata en el medio. Con esto de Costanera Norte, fue muy fuerte la movida de las 342 arquitectas que firmamos la carta. Empezamos a insistir en los grupos de discusión sobre este tema, diciendo algo que es tremendo: nos estamos quedando sin tierras públicas. Se empezaron a sumar muchísimas arquitectas, de mucha diversidad ideológica. Se encontró un punto en común. Quizá falta algún actor más potente para contrarrestar el buen marketing que tiene el Gobierno de la Ciudad, que habla de la ciudad verde, de la sustentabilidad, y atrás de eso te meten cualquier cosa.

¿La Universidad de Arquitectura no cumple un rol crítico?

Creo que hay lobbies, tres o cuatro constructoras muy grandes, que marcan la línea, que terminan agarrando los proyectos más importantes. La UBA es muy diversa, hay de todo. Pero los que forman el sentido común están alineados a este tipo de proyectos.

¿Hay quienes defienden a cara limpia proyectos como el de Costanera Norte?

No, se hacen los zonzos. Los funcionarios, sí lo hacen. Hay profesionales que se enteraron de las características del proyecto luego del impacto que tuvo la carta, y cayeron en la cuenta de que se trata de un proyecto inviable. Cuando tenés el plano dibujado, te das cuenta de que no queda nada de parque.

¿Piensa que las firmas de 300 arquitectas puede cambiar la suerte de Costanera Norte?

Están todas muy preocupadas. No sé si el gobierno de la Ciudad va a cambiar su mirada, pero sí creo que le va a costar más caro que otras veces.