Soledad Barruti: “Con la ley de etiquetado vamos a reconocer alimentos con exceso de azúcar, sal y grasas agregadas”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Zeta

La Cámara de Senadores dio media sanción a la Ley sobre Etiquetado de Alimentos tras varios años de debate entre nutricionistas y especialistas en alimentación, y pese a la oposición de la industria alimentaria. El proyecto fija pautas para una alimentación saludable y ordena colocar sellos en los envases de alimentos que adviertan altos contenidos de sodio, azúcares, grasas saturadas, grasas totales y calorías. Ahora, el texto fue girado a Diputados, donde se anticipa una ardua discusión. Cualquier modificación podría significar el regreso del proyecto a la Cámara Alta.

Para Soledad Barruti, periodista e investigadora especializada en cuestiones alimentarias, autora de dos best sellers, Malcomidos y Mala Leche, no hay duda de que la aprobación del proyecto es un avance importantísimo frente a la situación actual. “De repente vamos a encontrar que muchas cosas tienen exceso de azúcar, sal y grasas agregadas. Y que muchísimas otras cosas tienen edulcorante, algo que no sabíamos de antemano”, dice a Diario Z.

Barruti asegura que el caso de los productos con edulcorantes es clave, ya que -de sancionarse esta ley- los alimentos que contienen este ingrediente deberá incorporar una leyenda, debajo de los sellos de advertencia, con la leyenda: “Contiene edulcorantes. No recomendable en niños/as”.

¿Por qué es importante esta ley?

La ley es importante porque es la primera herramienta para dejar de recibir como única información la publicidad que está al frente de los paquetes, que hoy comunica lo que se supone que contiene un alimento en la góndola. Como son productos diseñados por empresas, es muy difícil saber qué es lo que le ponen, las cantidades exactas. Sobre todo con algunos ingredientes, como por ejemplo azúcar, dado que no tenemos leyes específicas que determinen las cantidades. Este sería un primer paso, también, para identificar productos problemáticos que creíamos sanos y naturales, como los juguitos, yogures, barritas de cereal o panes lactales que la gente come creyendo que no son tan graves. De repente van a encontrar que muchas de esas cosas tienen exceso de azúcar, sal y grasas agregadas. Y que muchísimas otras cosas tienen edulcorante, algo que no sabíamos de antemano. Eso es algo muy bueno de esta ley y espero que podamos sostenerlo y defenderlo.

¿Ese punto es clave?

Sí. Básicamente, que se identifiquen los alimentos ultraprocesados.

¿Cuál es la situación hoy?

Partimos de una situación en la que no tenemos nada. La ley se viene gestando desde hace mucho tiempo. Hubo 25 proyectos dando vueltas y un trabajo muy consciente, basado en evidencia, consultado con muchos especialistas de diversos países.

¿Está satisfecha con la ley?

Sí, es la mejor ley que se podía dar. Está inspirada en la ley mexicana, que es la mejor de todas, con un perfil de nutrientes muy claro y que es el modelo de la OPS. Es el modelo que hay que defender.

¿Cómo ha reaccionado la industria de la alimentación?

Las empresas ya saben que la ley de rotulado frontal va a salir. Todas las marcas, junto a la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (Copal) y algunos ministerios afines, están haciendo lobby para modificar el texto de la ley, de manera que sea lo más conveniente posible para la industria.

¿Qué buscan?

Quieren cambiar la letra chica, cambiar el perfil de nutrientes, utilizar un logo más confuso, como el que se aprobó en Brasil y que es espantoso, no se entiende. También buscan instalar la idea de colocar un semáforo en el envase. Es algo mucho peor que lo que marca el proyecto aprobado en el Senado, con los sellos negros frontales. Entonces, como eso parece avanzar, quieren evitar que la reglamentación sea tan rigurosa. Dicen que marcar la presencia de cafeína es discriminatorio. Que no hace falta nombrar en el frente que el alimento posee edulcorante. Después van a decir que esto puede afectar el empleo en las provincias que trabajan con el azúcar. En todos los países dijeron lo mismo, pero nunca pasó nada.

También la industria ha dicho que no es una ley efectiva.

Es otra mentira. En todos los países donde se aplicó este tipo de leyes se modificaron hábitos de consumo. Lo más importante es que, además, se inhabilita a estas marcas a ofrecer sus productos sellados en escuelas y entornos escolares, o publicitar para niños y niñas usando personajes atractivos para ellos. Todo eso protege. Por supuesto, cada industria, desde el fabricante hasta el kiosco y el publicitario, se quejan. Lo que esperamos es que no cambie nada, y vamos a pelear para sostener esta ley en Diputados. Porque no hay nada peor que tener una ley a medias. Para eso, es preferible no tenerla.