Susana Gutt: “La obesidad y la diabetes son pandemias, no matan rápido, pero matan igual”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Según la Sociedad Argentina de Nutrición, el 57 por ciento de los argentinos aumentó de peso durante el aislamiento por la pandemia de coronavirus. El 80 por ciento entre 1 y 3 kilos y el 3,5 por ciento más de cinco kilos. Susana Gutt, jefa de la Sección Nutrición del Hospital Italiano, asegura que esos números se traducen en una enorme cantidad de personas que atraviesan esta situación con una salud deteriorada y con serios riesgos cardiovasculares originados por la mala alimentación y el sedentarismo.

Durante la primera etapa de la pandemia, los especialistas en nutrición, y sobre todo quienes atienden trastornos en el metabolismo, dejaron de recibir consultas. “Al principio, la gente se tomó muy en serio lo de no salir y nosotros nos empezamos a preocupar porque la cuarentena y el sedentarismo son una amenaza para todas las enfermedades metabólicas: obesidad, diabetes, colesterol alto, enfermedades cardiovasculares”, advierte Gutt. Si la gente llamaba a una demanda espontánea de alguna cobertura, le hacían las cuatro preguntas para diagnosticar Covid, los descartaban y los dejaban sin atención. “Entonces, nos empezamos a preguntar, ¿cómo va a impactar esta situación en una persona con esas patologías, que está comiendo distinto, moviéndose menos? El sedentarismo es gravísimo… ¿cuántos kilos estarán aumentando? La obesidad es una pandemia y el sedentarismo es lo que más afecta”, explica la especialista.

¿Cuál es la preocupación más grande?

Que el sistema de salud, una vez que pasara la pandemia, por lo menos el pico crítico, iba a tener un tsunami de estas enfermedades. Y el sistema está endeble para atender esta situación.

¿Por qué?

Porque atender Covid es muy caro, con lo cual el sistema está resentido y empobrecido.

¿Y el cansancio qué rol juega?

Sí, hay cansancio, pero lo peor es lo económico. Son enfermedades muy caras. Pasamos de pacientes con uno o dos medicamentos, a darle cinco. Ni hablar de su costo. Las metabólicas son patologías muy caras. Muchos de ellos se infartan, llegan muy descompensados. El sistema de salud está debilitado, sin recursos. Yo temo que las coberturas empiecen a fallar, aunque eso no está pasando aún. Lo que sí está pasando es que están empezando a llegar personas muy, pero muy enfermas.

¿Está habiendo un crecimiento?

Sí. De marzo a agosto, no se hicieron controles… En todos los pacientes tengo aumento de peso. La realidad es que hay pacientes más enfermos, con un sistema de salud con más dificultades para afrontar esta situación. Sumado a que los pacientes con obesidad, diabetes, hipertensión, cursan el Covid-19 con muchas más complicaciones, con internaciones más prolongadas porque se descompensan muy fácil y con mucha más mortalidad. Es un desafío muy grande para la medicina, sobre todo para la segunda vuelta del virus porque esto no terminó acá.

¿Por qué hay un aumento sostenido de este tipo de enfermedades?

La obesidad y la diabetes son pandemias, crecen y crecen, no matan rápido, pero matan igual. Son enfermedades complejas. Hay algo de genética, que no podemos resolverlo. Hay epigenética, cosas que pasan en el medioambiente que impactan en los genes: sedentarismo, mala alimentación (los alimentos ultraprocesados pegan contra el gen de la obesidad y hacen que se exprese). Y sobre la genética y la epigenética se desarrolla la vida cotidiana: la alimentación como factor social y familiar. Cuando arrancó la pandemia, mucha gente empezó a cocinar en su casa: había que gratificarse y cuidarse es comer. Comer nos trae muchas gratificaciones, activa los neurotransmisores, por eso todo el mundo empezó a pasar recetas y a comer muchas más veces por día. Esto impactó en el valor calórico. Y por último, el plato que sostiene todo esto, y es el principal problema, es el sedentarismo. No sólo aumentamos de peso, sino que fundimos la masa muscular.

¿Cómo impacta eso?

Cuando tenemos menos masa muscular, se reemplaza por más grasa. La masa muscular es un tejido vivo que gasta mucha energía. Al estar metidos en casa, no tenemos gasto energético y tenemos más grasa, que disfuncionaliza, se hace resistente a la insulina y eso hace que se desarrolle más diabetes, más obesidad, más colesterol alto y más infartos.

Un círculo vicioso, ¿cómo lo rompemos?

Comiendo de manera saludable, haciendo actividad física y ordenando el sueño. Eso es algo muy grave que pasó durante la pandemia: la gente desordenó las horas de sueño, cenaba a las 4 am… después a las 2 de la tarde desayunaban. Un desastre. Nosotros vivimos de acuerdo a la luz solar, nuestro cerebro tiene un reloj biológico que se ordena con la luz solar. Ese desorden también engorda, aumenta la glucemia. Entonces debemos cuidar la higiene del sueño: comer a los horarios indicados, dormir, descansar cuando está oscuro, despertar a la hora que amanece, todo es parte de tener una vida saludable y un peso saludable.

Toda esa secuencia suena lógica y hasta sencilla, ¿por qué es tan difícil cumplirla? ¿Contra qué demonios peleamos?

No son demonios, es nuestra biología. Vivimos en el mundo más tiempo sin comida, que con comida. Con lo cual tenemos millones de mecanismos para que, cuando no comés, no gastas mucho; y cuando comés, que ahorres para cuando no haya. Lo tenemos desarrollado por la evolución de la especie. El desarrollo del tejido adiposo permitió nuestra supervivencia sobre la tierra. Ahora no necesitamos tanto tejido adiposo para guardar la energía porque tenemos heladera, freezer, microondas…

Ahora, ¿por qué la pandemia de la obesidad se da en el mismo momento en que ya no necesitamos el tejido adiposo?

Porque la evolución biológica se da en decenas de miles de años y la industrialización de la comida se dio en 100 años… no tenemos tiempo. Nuestros genes van a cambiar seguramente si esto se sostiene. Estamos en una transición nutricional. Y mientras tanto, nos enfermamos. Lo que tenemos que hacer es cambiar el medio ambiente. Tenemos que exigirle al señor que fabrica alimentos que fabrique alimentos mejores. Y podríamos hacerlo, si la industria no fuera tan voraz. El tamaño cuádruple y quíntuple que utiliza McDonald ‘s como herramienta de marketing tendría que estar prohibido. Las enfermedades son graves, la estigmatización social de la persona que vive con obesidad es muy grande. La persona con obesidad tiene todo el mundo en contra: el deseo, su biología, y se le hace muy difícil bajar de peso. O al diabético, lograr no comer algo dulce.

¿Qué opina de la ley de etiquetado que se está discutiendo en el Congreso?

Estoy totalmente a favor. Hablamos del derecho a la salud y a la alimentación adecuada. Hoy, nadie entiende lo que dicen los paquetes. El rotulado frontal es una información simple y útil, con colores, comprensible para todo el mundo. Se advierte a los consumidores por el exceso de componentes: mucho azúcar, mucho sodio, mucha grasa. Y está muy bien. Es una forma de prevención de enfermedades metabólicas. La Argentina es un país productor de alimentos y la industria es muy fuerte. Chile tiene rotulado hace mucho tiempo. Es muy necesario que la gente sepa qué está comiendo y lo sepa de manera clara. Hay que salir a “evangelizar”, más allá de lo que los intereses tapan.