Qué hay detrás de los ataques de Rodríguez Larreta y Acuña a la formación docente y a los profesorados

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

Más allá de las frases provocadoras y despreciativas, el ataque de la ministra de Educación Soledad Acuña contra las maestras y los maestros tiene como trasfondo una pelea que en el gobierno porteño consideran medular: la formación docente. Acuña dijo con brutal claridad lo que muchos mascullas: que la formación en los 29 profesorados de la Ciudad está plagada de intervenciones ideológicas. Fue solo la voz de aura para una campaña contra los prestigiosos Institutos de Formación Docente (IFD), muchos de ellos de trayectoria centenaria.

Así lo dejó en claro Acuña por primera vez en público y sin filtro, cuando señaló que la “raíz de lo sobreideologizado y de la militancia política en las aulas está en la formación docente”. Para la ministra esa raíz “está en lo que se define como perfil de un docente en un instituto de formación docente”. De esta manera, desempolvó una disputa que ya lleva tres años, cuando el oficialismo porteño intentó fusionar los profesorados en la UniCABA (Universidad de la Ciudad), bajo control del Ejecutivo.

El sueño de meter baza en la formación docente

La historia hasta acá es conocida. Los 29 profesorados resistieron el embate y el gobierno tuvo que modificar su estrategia. La UniCABA mutó en la Universidad de la Ciudad, bajo promesa de que no intervendría en la formación docente de manera directa. El nombramiento de un rector normalizador, Mariano Palamidessi, nombrado por el jefe de Gobierno, fue el primer paso para la puesta en marcha de la flamante casa de estudios porteña. Apenas nombrado, Palamidessi fue duramente refutado por el Consejo de Educación Superior de Gestión Estatal (CESGE), que nuclea a los 29 rectores de los Institutos de Formación Docente.

Si bien la pandemia demoró la ejecución de los planes para este año, el 1° de octubre la Universidad de la Ciudad inició formalmente sus “actividades académicas” con la celebración de un ciclo de seminarios virtuales sobre temáticas de educación, gestión y tecnología. Al mismo tiempo, puso en marcha la convocatoria abierta para las preinscripciones a cuatro carreras que comenzarán en marzo de 2021, divididas en tres escuelas y departamentos: Educación y Desarrollo Humano (Licenciatura en Enseñanza Integrada de Ciencias Naturales, Tecnología y Matemática para Educación Primaria, Licenciatura en Enseñanza con Tecnologías Digitales y el Profesorado Universitario de Educación Primaria), Gobierno y Ciudades (Licenciatura en Gestión de Instituciones Educativas) y Tecnología e Industrias Digitales (aún no está creada la oferta académica porque la idea de los funcionarios es aplicarla una vez instalados en el Parque de la Innovación).

“Es una universidad que promueve la iniciativa personal con su oferta de títulos de grado y de posgrado, y que pone su estructura al servicio del estudiante, al articularse con institutos de formación técnico-profesional y de formación docente”, dijeron desde el Ministerio de Educación.

Un mes después de que la UnCABA diera sus primeros pasos, llegó el renovado ataque de Acuña hacia los profesorados. En la comunidad educativa no resultó una sorpresa. En una reunión que los gremios mantuvieron con Palamidessi, antes de la presentación de la oferta académica, el funcionario les aseguró que no iba a haber ninguna carrera de grado de formación docente. La aparición del Profesorado Universitario de Educación Primaria fue la primera señal de que el gobierno no había olvidado sus propósitos de sustituir a los profesorados.

Contra la autonomía de los profesorados

“En una ciudad donde ya hay profesorados que forman docentes, la universidad crea una carrera más con una especialidad que el sistema no requiere”, dice a Diario Z Esteban Sottile, secretario de Educación Superior de UTE-Ctera.

Para Sottile, la “tirria” de Acuña con los profesorados está anclada en una cuestión de gobierno. “Son instituciones que tienen autonomía relativa, con representación de claustros, y sus autoridades son electas. El gobierno de la Ciudad no puede imponer un rector normalizador en los institutos, donde toman disposiciones para su vida académica, pueden asignar horas, pueden hacer convenios con otros institutos. Ahí, la matriz neoliberal no cuaja. Ellos lo saben. Por eso, con la ley de UniCABA original querían destruir los 29 institutos, porque sabían que ahí no pueden imponer lo que ellos quieren imponer. La autonomía relativa está protegida por ley”, amplía.

En cambio, en la ley votada en 2018 que creó la UniCABA, el Ejecutivo arrasó con cualquier autonomía porque se adjudicó la potestad de nombrar al rector normalizador, que le responde de manera directa. Y al no estar incluida en el sistema nacional universitario, la autonomía desaparece por completo. “El presupuesto sale directamente del presupuesto de la Ciudad. Entonces, Acuña tiene una influencia directa. Por eso el capítulo específico dedicado a la educación superior está muy direccionado. No es casualidad el ataque de Acuña”, advierte Sottile.

Formalmente, la Universidad porteña está emplazada en Paseo Colón 255, anterior sede del ministerio de Educación. El ambicioso plan de Horacio Rodríguez Larreta es trasladarla a Palermo, al futuro Parque de la Innovación, que empezará a construirse en los terrenos que pertenecían al Tiro Federal. Ese proyecto ya se empezó a mover en el Boletín Oficial con una licitación por 1.200 millones para tareas de demolición y remoción de suelos. La oferta académica es pública y gratuita, y desde Educación remarcaron que los títulos tendrán “validez nacional”. Asimismo, ya se habrían celebrado unos 20 convenios internacionales, con la intención de que la casa de estudios sea también un espacio de relaciones públicas de gobierno.

La UniCABA y sus títulos sin validez nacional

Más allá de la publicidad, la UniCABA no tiene ninguna de sus carreras certificadas por la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU). Es decir, hasta tanto consigan el sello de la CONEAU, ninguno de los títulos que ofrece son nacionales.

No es una universidad nacional, es provincial. Primero, necesitan acreditación universitaria. Para tener rango nacional debe ser aprobada por el Congreso. Además, tienen que cumplir con la Ley de Educación Superior, tener claustros, gobierno. “Para que un título tenga validez nacional, tiene que estar validado por la CONEAU. Hoy, su título no es nacional. Quien se reciba, sólo podrá trabajar en la Ciudad”, explicó una fuente del sistema universitario.

De todas maneras, mientras se llevan adelante los trámites, las materias pueden cursarse y la universidad puede ir subsanando los pendientes administrativos.