Los jóvenes ¿responsables de la segunda ola o chivos expiatorios de descuidos generalizados?

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

La temida segunda ola por Covid-19 llegó antes de lo esperado y la mirada se posa en el comportamiento de los jóvenes. Fiestas clandestinas, juntadas multitudinarias sin distanciamiento ni uso de tapaboca, están repercutiendo en un aumento de contagios que, según prevén los expertos, impactará en el corto plazo en la población de riesgo y pondrá en tensión nuevamente al sistema de salud.

Las crónicas sobre encuentros masivos juveniles en plazas o en lugares no habilitados proliferaron con la llegada del verano, tras un largo período de aislamiento y distanciamiento social, sin clases y con poca actividad social. De repente, cientos de miles de jóvenes aprovecharon el relajamiento generalizado de la población, que coincidió con una baja y estabilización de casos durante noviembre, para liberar la energía contenida en un año tan complejo como el 2020. Pocos días después, llegó la segunda ola de coronavirus.

“La velocidad de aumento de casos es preocupante y sigue el mismo patrón que durante junio de 2020: primero se contagian los jóvenes, luego la franja 40-60 y por último los mayores de 60”, dice a Diario Z Rodrigo Quiroga, bioinformático de la Universidad Nacional de Córdoba e investigador del Conicet.

La secuencia tiene una lógica infalible: los jóvenes se contagian, vuelven a su casa y contagian a su familia y en esa cadena, empieza a complicarse el panorama. “Los contagios entre mayores de 60 recién están comenzando y por eso todavía no hemos visto un aumento en la ocupación de terapias intensivas o de fallecidos. Eso va a ocurrir más adelante”, advierte Quiroga.

Durante una conferencia de prensa, el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, reveló que un tercio de los nuevos casos de coronavirus que se detectan en la Ciudad corresponde a personas de entre 15 y 30 años, y afirmó que el rebrote de casos tiene que ver con la interacción social de los jóvenes.

La novedad, como marca el bioquímico y analista de datos Santiago Olszevicki, es que por primera vez los menores de 30 años “ahora representan el mayor porcentaje de los casos diarios detectados en CABA y en PBA. Hasta hace algunas semanas, y durante la mayor parte de la pandemia, la franja de 30 a 45 años era la predominante”.

El dato objetivo es tomado por quienes ven en la juventud el motivo que empuja con fuerza la segunda ola. Y así comienza el operativo de culpabilización. Para Luciano Lutereau, psicoanalista, doctor en Psicología y Filosofía, en cambio, poner el foco en los jóvenes es parte de la búsqueda de un “chivo expiatorio”.

“En las últimas semanas pasamos de una cuarentena flexible a una situación en la que se conservan apenas unos pocos hábitos de cuidado, más como rituales vacíos, que como una actitud responsable”, dice a Diario Z. Según Lutereau, de esta manera se construye la figura de un “culpable” por el rebrote, mientras se “reproduce el método habitual de ver en los jóvenes lo que el resto de la sociedad desconoce de sí misma”.

“Lo que este momento muestra es que del miedo que tuvimos en marzo-abril del año pasado, hemos sacado muy poco provecho”, agrega.

Al igual que Lutereau, Daniel Feierstein, sociólogo, doctor en Ciencias Sociales e investigador Conicet, asegura que responsabilizar a los jóvenes por esta situación es “un mal foco”. “La discusión no es sobre lo que hacen los jóvenes porque entonces se cae en la estigmatización, ¿o acaso otros grupos etarios no muestran las mismas prácticas? Hablamos de un sector de la juventud, pero hay otra parte invisibilizada: jóvenes médicos, enfermeros, solidarios y comprometidos en comedores populares, millones de jóvenes que no son los que aparecen en las fiestas”, explica a Diario Z.

Feierstein pone de relieve que “entre el aislamiento de la cuarentena estricta y el ‘descontrol’ pasaron muchas cosas en el medio”. “Hay discursos muy contradictorios, sobre todo hubo otros problemas que deslegitiman a los adultos. Se educa con el ejemplo y eso vale tanto para el presidente de la Nación, como para los padres y madres. Hoy se les está pidiendo a los jóvenes que hagan lo que muchos adultos no hicieron”, añade.

En este complejo contexto, el gobierno nacional desliza la posibilidad de empezar a aplicar nuevas medidas restrictivas -como un toque de queda nocturno-, mientras lanzan campañas publicitarias en tono “juvenil”, como la protagonizada por el guionista de Peter Capusotto, Pedro Saborido, que apunta a recuperar algo de los cuidados perdidos en esta etapa de la pandemia.

Lutereau asegura que justamente “el cuidado se transformó en un ‘como si’: la gente hace de cuenta que se cuida”. Y aporta una mirada desde el psicoanálisis: “Pasado el temor inicial a la muerte, el paso siguiente es que el riesgo se puede erotizar, se puede volver excitante, pero esto no es algo que se vea en los jóvenes solamente. En términos generales hay un descuido ampliado, que no creo que se puede explicar porque las autoridades no hacen algo, o porque la gente no es lo suficientemente responsable. No es una cuestión moral, es algo más básico, relacionado con la base misma del aparato psíquico, porque pocas veces el funcionamiento mental está preparado para aprender del miedo y la pandemia no es una excepción”.

Para Feierstein, la pregunta que trasciende a la cuestión de los jóvenes es “qué hacemos con la responsabilidad social en pandemia, en una situación inédita, que atraviesa transversalmente a la sociedad y que marca, como muy pocas veces, la presencia de un interés común”. “Tenemos que revisar el comportamiento de cada uno y tener la capacidad de asumir que podemos ser mejores, no señalar tanto el comportamiento de los otros. Mucha gente hizo un esfuerzo muy grande durante la pandemia y son responsables de que no estemos peor. Ahora nos relajamos un poco y eso se nota. La realidad es que reduciendo apenas un 10 por ciento de nuestros contactos, ayudamos un montón”, dice.

Desde el análisis estadístico, Quiroga -que ha sabido adelantar la profundización de la primera ola- advierte que la tendencia que se desprende de los datos es “muy preocupante”.

“Esto nos marca que esta ola puede ser igual o peor que la primera. El potencial está”, augura. “Todo va a depender del comportamiento social y de las medidas que tome el gobierno, que además sean acatadas porque el acatamiento es fundamental para que pueda tener algún tipo de éxito para bajar los contagios”, cierra.