Sandra Ziegler, pedagoga: “Es probable que el regreso a la escuela combine un esquema mixto de asistencia y experiencias remotas”

Durante el 2020, más allá del esfuerzo de docentes y alumnos por mantener la regularidad, el equilibrio fue de lo más complejo que atravesó el sistema educativo en años. “La pandemia reforzó las desigualdades”, asegura a Sandra Ziegler, investigadora en el Área de Educación de FLACSO Argentina y referente de Argentinos por la Educación, en una entrevista con Diario Z.

Sabemos que es altamente probable que muchos chicos, sobre todo entre sectores de bajos recursos y vulnerables, no estén regresando a la escuela.

Para Ziegler, encarar el 2021 de la misma manera que el año pasado significaría un gran retroceso para la educación. “Es difícil pensar cualquier escenario por fuera de las condiciones epidemiológicas, estamos en medio de este problema. Si no hubiera pandemia no estaríamos discutiendo estos temas. Ahora bien, la experiencia del 2020 a escala global demuestra que es necesario arbitrar los medios para que haya experiencias de presencialidad a lo largo del 2021. No se sostiene otro año como el 2020”, señala.

A pesar del rechazo de los sindicatos docentes, el gobierno de la Ciudad se mantiene firme en su decisión de retomar las clases con asistencia a la escuela en el ciclo lectivo 2021. Sin embargo, aún no se conoce en detalle cómo será ese regreso: ¿volverán todos los alumnos de un tirón para amontonarse en las aulas? ¿Habrá un sistema de rotación mixto entre presencialidad y no presencialidad como se hace en otros países? Ziegler se imagina un proceso “mucho más complejo” que la simple foto de los alumnos en sus pupitres: caída en la matriculación, recuperación de aprendizaje y en la equiparación de situaciones entre los alumnos.

Más allá de la discusión entre sindicatos y gobierno, ¿qué desafíos se presentan en el plano pedagógico en relación a la asistencia o no a la escuela ?

Estamos ante una situación sin precedentes que plantea un escenario muy complejo para el sistema educativo. El año pasado se han incrementado las desigualdades entre los alumnos. Las escuelas y docentes tuvieron que instrumentar distintas formas de llegar a sus estudiantes. Esto tuvo que ver básicamente por las dificultades en el acceso a la conectividad, pero también a las posibilidades de las familias para acompañar el trabajo escolar que se dio en los hogares. Esta situación generó un incremento en las inequidades y desigualdades. En conclusión, ante un escenario de regreso a la presencialidad, nos encontramos con situaciones de aprendizaje muy disímiles. Se va a necesitar una serie de diagnósticos para entender cuál es la situación de cada alumno y para luego desarrollar y trabajar en la equiparación. Esto va a requerir un trabajo muy intensivo para los docentes. Además, es muy probable que no sea una situación pareja para todas las escuelas. Es más, no sabemos si va a ser todo el año igual, de manera presencial.

Puede haber una merma en la matriculación, que se pierdan estudiantes. El 2021 se centrará en recuperar el aprendizaje y equiparar a los diversos alumnos.

De concretarse el regreso a las aulas, ¿cómo se imagina ese proceso?

Me lo imagino mucho más complejo de lo que parece. Sabemos que es altamente probable que muchos chicos, sobre todo entre sectores de bajos recursos y vulnerables, no estén regresando a la escuela. Puede ser que haya una merma en la matriculación, que se pierdan estudiantes. Habrá que hacer un trabajo de identificación para lograr que esos chicos y chicas se reincorporen. Para aquellos que retornen, seguramente habrá situaciones muy dispares. Hemos tenido casos de chicos conectados que pudieron seguir a diferente ritmo la propuesta escolar, pero hay otros chicos que han estado desconectados o tuvieron una interacción más intermitente. Al mismo tiempo, en nuestras escuelas tenemos planes de estudio abultados, enciclopedistas, entonces va a ser necesario un proceso de priorización para readecuar los planes de estudio. El 2021 va a estar centrado en la recuperación de aprendizaje y en la equiparación de situaciones entre los diversos alumnos.

Ante este escenario que usted describe, ¿se revaloriza el rol (entre comillas y con todos los matices posibles) igualador de la escuela y en particular del aula?

Desde ya. En ese sentido la escuela ocupa un lugar central. Además, la escuela tiene un rol socializador, la necesidad de contacto entre pares, junto con las cuestiones académicas. Uno aprende en interacción con sus pares, es necesario reponerlo. La escuela cumple también un papel importante de salida hacia el espacio público, de ruptura de la vida intramuros y doméstica. Esto es algo que esta situación tan excepcional puso en valor. Estos tres elementos (el rol igualador, socializador y de ruptura con la vida doméstica) son muy importantes y cualquier escenario de vuelta a la escuela permitirá reponer estos pilares que, en algún punto, han sido quebrados durante el 2020.

La escuela cumple también un papel importante de salida hacia el espacio público, socializador, igualador y de ruptura de la vida intramuros y doméstica.

Ese regreso a la presencialidad está atravesado por la situación epidemiológica. ¿Usted recomienda que se haga el esfuerzo máximo para volver a las aulas?

Es difícil pensar cualquier escenario por fuera de las condiciones epidemiológicas. Estamos en medio de este problema, si no hubiera pandemia no estaríamos discutiendo estos temas. Ahora bien, la experiencia del 2020 a escala global demuestra que es necesario arbitrar los medios para que haya experiencias de presencialidad a lo largo del 2021. No se sostiene otro año como el 2020.

¿Se puede pensar en modelos mixtos?

No hay que pensar que la presencialidad implica un 100 por ciento de presencialidad, como era antes. En todos los lugares se está yendo hacia modelos que combinan presencialidad con no-presencialidad. Se van haciendo ajustes de acuerdo con la evolución epidemiológica. Muchos países fueron a ese tipo de esquemas mixtos, que combinan asistencia a la escuela y experiencias remotas. Es muy probable que ese sea el modelo que vamos a transitar aquí. Será un gran desafío y un aprendizaje. Durante el 2020, se logró un equilibrio que fue de lo más complejo. Muchos chicos han quedado desconectados de las escuelas. Por eso hay que ir a un nuevo modelo este año que va a implicar nuevos aprendizajes para los docentes, instituciones y familias.

Se harán ajustes de acuerdo con la evolución epidemiológica. Muchos países fueron a un esquema mixto, que combinan asistencia a la escuela y experiencias remotas.

¿Qué puede pasar si no se pueden reanudar las clases presenciales?

Sabemos que un cierre total de las escuelas es una decisión que tiene sus consecuencias. Es una situación dilemática, desconocida y sin precedentes. A lo largo del año se van a tener que ir tomando decisiones de acuerdo con los distintos escenarios. Quizá lo que nos pasó el año pasado es que nos quedamos en un escenario, todo el año, para el conjunto del país. Sobre el final hubo algunas aperturas. El desafío este año es tener mayor flexibilidad para ir tomando decisiones, cambiando el modo de intervenir según la evolución de la cuestión epidemiológica, las capacidades de respuesta de las escuelas porque no todas están en las mismas condiciones estructurales.