Sigue el debate por las clases: científicos proponen restringir otras actividades y priorizar la escuela

Por Franco Spinetta, especial para Diario Z

Limitar nuevamente las reuniones sociales a 10 personas, cerrar bares, boliches y prohibir fiestas multitudinarias. Y luego sí, abrir las escuelas de manera escalonada, con un ojo puesto en la evolución epidemiológica de la pandemia. Dos investigadores del CONICET, Rodrigo Quiroga y Sol Minoldo, se sumaron al debate por la vuelta a la presencialidad. Alertaron que la apertura de las escuelas en contexto de suba de casos y de fuerte transmisión comunitaria podría llevarnos a un “desastre”.

“Tenemos que interpelarnos como sociedad”, exige Quiroga, bioinformático de la Universidad Nacional de Córdoba. “Tenemos habilitadas un montón de actividades de mucho riesgo, puertas adentro, mientras mantenemos cerradas las escuelas. Tenemos que repensar eso. No podemos reactivar la economía, incentivar el turismo, tener bares, restaurantes, boliches y fiestas y, además, abrir las escuelas. Eso es prácticamente imposible y se vio así en el mundo. Nos lleva a una situación catastrófica, que desemboca en un cierre estricto”, advierte.

La presión política por reabrir las escuelas en la segunda crece día tras día. Los sindicatos docentes empiezan a quedar cada vez más solos en su negativa de volver a las aulas. El gobierno de la Ciudad-y los otros también-se expresó a favor de la presencialidad y descartaron esperar a que se concrete el plan de vacunación.

Para Sol Minoldo, doctora en sociales y comunicadora de ciencia, esta decisión es un error. “Creemos que para marzo hay que pensar qué restricciones vamos a poder poner y no cuáles quitar. Quizá se trata de esperar tres o cuatro meses para que avance la campaña de vacunación para luego sí empezar con un regreso escalonado. No es tanto lo que hay que esperar”. “Los estudios más recientes muestran lo que pasó en Inglaterra, donde la apertura de las escuelas contribuyó a incrementar los contagios”, agrega.

“Salvo que la situación sea muy favorable, la apertura de escuelas tiende a un empeoramiento. Lo que vimos en Europa en estos meses es que las escuelas se mantuvieron abierta”.

Rodrigo Quiroga, investigador del Conicet, bioinformático.

Las opiniones entre los asesores del gobierno nacional están divididas. Por ejemplo, el infectólogo Eduardo López, integrante de la mesa chica que asesora al presidente Alberto Fernández, sugirió que las escuelas “deben ser lo último en cerrarse y lo primero en abrirse”. Ese tipo de opiniones se basan en estudios, algunos de ellos difundidos por UNICEF, que indican que los contagios entre los menores de edad se produce en proporciones más bajas. Para Quiroga, en cambio, eso se debe a que, al transitar la enfermedad de manera asintomática, los menores se hisopan en proporciones más bajas.

“Salvo que la situación sea muy favorable, la apertura de escuelas tiende a un empeoramiento. Lo que vimos en Europa en estos meses es que las escuelas se mantuvieron abiertas y, a pesar de otro tipo de restricciones, no pudieron evitar llegar a la cuarentena estricta. La gran mayoría están planeando o estuvieron en cuarentena estricta porque no pudieron controlar la transmisión viral comunitaria”, señala Quiroga.

“Quizá se trata de esperar tres o cuatro meses para que avance la campaña de vacunación para luego sí empezar con un regreso escalonado”

Sol Minoldo, doctora en ciencias sociales.

“Lo que tenemos que pensar es qué estamos dispuestos a dejar de lado o a sacrificar para que podamos retomar las actividades educativas, que sin duda implican un mayor riesgo de transmisión comunitaria”, añade.

Minoldo, por su parte, advierte que “socialmente sería difícil aceptar una marcha atrás con la apertura de ciertas actividades que den un margen epidemiológico para abrir las escuelas”. La investigadora se refiere a bares, clubes, fiestas, gimnasios, todas actividades de riesgo que están autorizadas hace varios meses. Ambos investigadores proponen una especie de “trueque” para poder volver, de a poco, a la presencialidad en las aulas, sin que eso explique avivar la llama de la transmisión viral.

“Limitar las reuniones de todo tipo a menos de 10 personas tiene un efecto similar a cerrar escuelas y universidades”, explica Quiroga. “Retomar una actividad que genera transmisión comunitaria puede ayudar a que empeore la situación. Por eso planteamos que para pensar la vuelta a la presencialidad tenemos que sí o sí tomar en cuenta algún indicador que permita estimar el riesgo que implica”, detalla.

En ese sentido, de acuerdo a la incidencia, el número de casos, la tendencia y la positividad, los investigadores pueden estimar ese riesgo. “Si el riesgo es bajo podemos plantear un regreso. Si es intermedio, pensemos en algo parcial. Y si el riesgo es muy alto no tiene sentido intentarlo porque lo más probable es que la situación empeore rápidamente y no sólo vamos a tener que cerrar de nuevo las escuelas. Vamos a tener que tomar restricciones más duras”, señala Quiroga.