Cooperadoras, padres y alumnos rechazan la vuelta “intempestiva” a clases presenciales el 17 de febrero

Por Franco Spinetta, especial para Diario Z

Cooperadoras, familias, estudiantes y colectivos de la comunidad educativa criticaron la decisión del gobierno porteño de avanzar con la vuelta a clases presenciales el 17 de febrero. Reclamaron un “retorno seguro” que, según evaluaron, hoy no se encuentra garantizado por limitaciones en la infraestructura, la ausencia de protocolos claros y un déficit en recursos humanos y de productos básicos, como lavandina y papel higiénico, para desinfectar los establecimientos que estuvieron cerrados durante 2020. En este contexto, miles de familias decidieron que no enviarán a sus hijas e hijos a las escuelas hasta tanto se garanticen las condiciones para evitar nuevos contagios en las aulas.

En un comunicado difundido este lunes 25 de enero, diversos colectivos advirtieron que “falsamente se ha difundido la idea de que hay sectores que se oponen al retorno a las clases”. “Las familias, las y los estudiantes, docentes y cooperadoras, propiciamos un retorno a clases presenciales en condiciones seguras para el alumnado y los trabajadores, basadas en el análisis sanitario y epidemiológico. Exigimos que el Estado garantice el derecho a la educación en condiciones seguras”, indicaron desde el Cuerpo de Delegados de Cooperadoras, Familias por la Escuela Pública, Familias del Mariano Acosta, entre otras organizaciones.

Otro colectivo, Familias por Retorno Seguro a las Escuelas, formó un grupo de Facebook que rápidamente se nutrió con casi 3 mil miembros. Allí, padres y madres vuelcan sus inquietudes acerca de la decisión del gobierno de abrir las escuelas, una decisión que califican como “intempestiva, inconsulta e improvisada”. Señalan que no se conoce cuál será el protocolo específico de cada establecimiento, luego de un año en el que casi no se realizaron obras de mantenimiento en los edificios escolares.

“Tengo dos hijos de 6 y 9 años que van a la escuela, que pasan a primero y cuarto grado. Estamos muy preocupados por este regreso sin información”

Valeria Añón, integrante del colectivo Familias por Retorno Seguro a las Escuelas.

“Me sumé al grupo cuando se formó hace un par de semanas, ante la inminencia del regreso a clases que plantea el gobierno para el 17 de febrero. Tengo dos hijos de 6 y 9 años que van a la escuela, que pasan a primero y cuarto grado. Estamos muy preocupados por este regreso sin información sobre cómo, en qué circunstancia y con qué infraestructura, que sabemos que es precaria, insuficiente y sin mantenimiento. El año pasado no se hizo nada. El grupo fue absolutamente autoconvocado, la preocupación es genuina y masiva”, explicó a Diario Z Valeria Añón. 

A pesar de los planteos de las familias, en el Ministerio de Educación porteño no planean ningún ajuste al calendario de apertura. La ministra Soledad Acuña inició un raid mediático en el que defendió a capa y espada la decisión de regresar a la presencialidad, pese a que aún no se conoce cómo se resolverá la logística del transporte y tampoco los argumentos científicos que sustenten la idea de que “cada grado es una burbuja”, con docentes que cumplen funciones en diversas escuelas y alumnos que deben tomar varios medios de transporte para llegar.

“No hay un protocolo claro, ni medidas de seguridad, la verdad es que hay mucha incertidumbre”

Martina, estudiante del Carlos Pellegrini

Según Añón, en las diversas reuniones realizadas por Zoom, las familias reclamaron que se garantice la ventilación de las aulas y conocer cómo se respetará la distancia entre los alumnos. Además rechazaron la idea de impartir clases en patios y pasillos. “Hay escuelas sin lavandina, ni jabón, ni papel higiénico, tampoco con el personal suficiente para garantizar la limpieza y desinfección”, enumeró. “Creemos que se van a necesitar parejas pedagógicas, para que el mismo docente no cargue con la tarea de darle clases a quienes puedan ir a la escuela y, al mismo tiempo, de manera virtual para el que no”, advirtió. “Y el tema del transporte nos preocupa muchísimo, sobre todo en las escuelas secundarias porque muchos jóvenes toman hasta dos colectivos. Los docentes viajan mucho también. Eso no está resuelto ni previsto, puede ser un riesgo de contagio muy alto”, agregó.

Entre los jóvenes también reina la incertidumbre, más allá de las ganas de volver a encontrarse en el aula luego de un año a pura pantalla. Martina tiene 17 años y estudia en el Carlos Pellegrini. “No hay un protocolo claro, ni medidas de seguridad, la verdad es que hay mucha incertidumbre. En mi casa, mi mamá tiene mucho miedo”, indicó.

Martina concuerda con el dilema que se plantea en relación al transporte público, quizá el punto más flojo en la argumentación del gobierno porteño. “Hay pibes que se tienen que tomar dos bondis para ir al colegio y viven con sus abuelos-dijo-. Hubo un año entero para garantizar el regreso a clase, ¿qué hicieron? Nosotros tenemos docentes que van a tres o cuatro colegios el mismo día. ¿Cuál es la burbuja de la que habla Acuña?”.

Valeria Cervero tiene una hija que concurre a la escuela Fernando Fader. “Nos sumamos al grupo porque estábamos preocupados junto a mi marido por el regreso presencial. Ya tomamos la decisión, como familia, de que mi hija no va a regresar, además ella tiene una enfermedad previa. No nos parece que sea el momento adecuado dado el nivel de contagio que existe. Nos parece improvisado”, señaló a Diario Z.

“Nos gustaría que se retomaran las clases presenciales cuando esté vacunada una cantidad suficiente de la población y que eso garantice que el regreso a la escuela no implique que sea un detonante”

Valeria Cervero, madre de dos alumnos primarios.

“Nos gustaría que se retomaran las clases presenciales cuando esté vacunada una cantidad suficiente de la población y que eso garantice que el regreso a la escuela no implique que sea un detonante-planteó-. Además las escuelas no están en condiciones para cumplir con los protocolos que plantean. Cualquiera que conoce un poco la realidad de las aulas, sea porque es docente o la familia que tiene un hijo en la escuela, sabe que no es posible. Pero esto no parece importarle al gobierno”.

En un juego de posicionamiento político, el gobierno de la Ciudad logró colocar a los sindicatos y a cierto sector de la comunidad educativa como los actores que se niegan al regreso presencial a las aulas. “No nos oponemos a la presencialidad. Lo que no queremos es que se vuelva a las aulas en estas condiciones, a como dé lugar, sin una explicación clara de cómo va a ser. En un contexto de aumento de casos, en pleno verano. Nos preocupa mucho cómo va a ser dentro de uno o dos meses, cuando cambien las estaciones”, aclaró Añón.

Si así pasara, un rebrote de los casos masivo podría obligar a un cierre permanente, como el que se vivió durante 2020. Algo que psicólogos, pediatras y pedagogos desaconsejan por las graves consecuencias que eso acarrea.