Los especialistas explican las condiciones para que la vuelta a la escuela no sea un foco de contagio

Por Franco Spinetta, especial para Diario Z

La presencialidad en las escuelas se convirtió en un debate cargado de significación política. De un lado, el Gobierno porteño anunciando un regreso sin matices para el 17 de febrero, instalando la idea de que la Ciudad se pone a la vanguardia en la materia, con un ojo siempre puesto en las encuestas que exigen mayoritariamente la presencia de alumnos y alumnas en las aulas. Del otro, sindicatos y algunos sectores de la comunidad educativa  que, por el juego del marketing político, quedaron del bando de los que “no quieren volver”. Esto, a pesar  de que su postura sea de mayor prudencia frente a un escenario pandémico todavía incierto. En el medio, y en lo concreto, difícilmente el anuncio del Ministerio de Educación porteño se convierta en realidad. Son pocas las escuelas en condiciones, tanto de infraestructura como de recursos humanos, para concretar el plan oficial.

“Más allá del planteo, seguramente a los efectos prácticos va a haber readecuaciones. Hay escuelas donde será posible, pero al mismo tiempo en otras no”, explica a Diario Z la investigadora en el Área de Educación de FLACSO Argentina y referente de Argentinos por la Educación, Sandra Ziegler. “Hay una necesidad, en la medida de lo posible, de restituir la presencialidad, sobre todo con el fin de reconectar a los chicos con sus pares, reponer aprendizajes y también darles la posibilidad de salir del espacio doméstico”, agrega.

“Hay una necesidad, en la medida de lo posible, de restituir la presencialidad, sobre todo con el fin de reconectar a los chicos con sus pares”

Sandra Ziegler, investigadora del Área de Educación de Flacso.

Sin embargo, advierte Ziegler, la presencialidad va a estar atada a las posibilidades epidemiológicas. “Entiendo que este año no necesariamente va a ser uniforme para todos. Habrá variaciones de acuerdo a la situación de cada distrito y a las posibilidades de cada escuela: infraestructura, relación entre espacio físico y cantidad de estudiantes”.

Jorge Aliaga, físico,  exdecano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, y actual secretario de Planeamiento de la Universidad Nacional de Hurlingham, desmitifica el hecho de que en la escuela “no se corren riesgos” de contagio por Covid-19. “La realización de actividades en la que se reúnen personas que no son convivientes implica riesgos a evaluar. Hay que tener una idea de qué probabilidad hay de que haya una persona contagiada en el lugar. Eso tiene relación con cuántos casos activos hay en cada localidad, teniendo en cuenta siempre que hay entre 6 y 8 veces más casos que los detectados”, señala.

Aliaga detalla que, por ejemplo, “si en la CABA uno calcula que el 1% de la población tiene un contagio activo en este momento, cada vez que juntes 100 personas, una podría estar infectada. Si son 300, tres. Entonces cuantas más personas juntas en un ámbito más posibilidades de contagiarte”.

En ese sentido, el académico apunta que será clave el “cómo” se organiza el aula, el cumplimiento de las distancias (recomendada de dos metros), el uso de barbijo y el lavado de manos, algo que las cooperadoras, familias y alumnos consideran que aún no está garantizado. “En lugares cerrados también influye la renovación del aire. Al exhalar, las personas emiten gotas de humedad que tienen virus. Quedan flotando en el aire. No caen rápidamente al piso. Uno respira y se contagia. Esto puede pasar en un aula, una oficina o un restaurante. Cuanto más tiempo quede ese aire sin renovarse, más chances tenés de contagiarte. Si hay menos personas en un aula, si hay menos contagios en la población y si el lugar está bien ventilado, se reducen las probabilidades de contagio”, detalla Aliaga.

“Cuanto más tiempo quede el aire sin renovarse, más chances tenés de contagiarte. Si hay menos personas en un aula, si hay menos contagios en la población, y si el lugar está bien ventilado, se reducen las probabilidades de contagio”

Jorge Aliaga, físico, exdecano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA

La ministra de Educación, Soledad Acuña, señaló que cada escuela deberá trabajar internamente para garantizar el cumplimiento de los protocolos. De ese modo depositó en los docentes la responsabilidad de coordinar un regreso que se avizora como de lo más complejo que le tocó atravesar a la educación pública en años. Para Ziegler, este momento “requiere un esfuerzo de diálogo entre todos los actores. No podemos pensar la escuela en contra de las familias, las familias en contra de los docentes. Es reduccionista plantearlo en esos términos”. Y advierte: “Hay un riesgo en dejar todas las definiciones en manos de las escuelas. Es cierto que requieren cierta autonomía porque ahí se conoce cómo es la realidad concreta. Pero ante condiciones muy adversas se necesita que la gestión educativa las acompañe para dotarlas de recursos. Las escuelas pueden hacer muchas cosas, pero el ministerio de Educación deberá brindar la ayuda necesaria porque lo que está en juego es el derecho a la educación de las chicas y los chicos”.

Aliaga fue el encargado de diseñar el protocolo de regreso a las clases presenciales en la Universidad Nacional de Hurlingham. Incluye tapaboca obligatorio, dos metros de distancia y seis renovaciones de aire por hora, algo que aconseja Harvard como norma internacional.

“En la CABA aproximadamente el 1% de la población es un contagio activo en este momento. Cada vez que juntes 100 personas, una podría estar infectada. Si son 300, serían tres”.

Jorge Aliaga, físico, exdecano de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA

“Yo no he visto ningún estándar similar de parte de CABA  ni de nadie”, señala Aliaga. Y propone la incorporación de aparatos medidores de dióxido de carbono -para nada costosos-  para medir si el aire necesita ser renovado. “En el aire libre hay 400 partes por millón de dióxido de carbono y esa concentración sube en lugares cerrados muy rápidamente, dependiendo de la actividad. Una manera de ver si se está acumulando el dióxido de carbono es medirlo. Con 800 partes de por millón ya empieza a haber riesgo de que respiremos el aire que exhala el resto de las personas, entre los que puede haber virus. Si es menos de eso, uno puede estar más tranquilo”. La recomendación fue adoptada por la provincia de Buenos Aires. Por el momento, CABA no lo ha considerado como necesario.0

Más allá de la discusión en la superficie, la sensación de las familias, según expresan en el colectivo Retorno Seguro a las Escuelas, es que el anuncio del gobierno estuvo cargado de improvisación. “No se conoce cuál será el protocolo específico de cada establecimiento, luego de un año en el que casi no se realizaron obras de mantenimiento en los edificios escolares”, dice a Diario Z Valeria Añón, madre de dos niños e integrante de ese grupo.

Y si bien la presencialidad “debe ser el norte para ordenar el trabajo del año, habrá que buscar alternativas, formas de organización y no necesariamente va a ser uniforme”, aclara Ziegler.