La Oficina de Violencia Doméstica de la Corte ratificó el abuso a la joven venezolana en Balvanera

La Oficina de Violencia Doméstica (OVD) de la Corte Suprema de Justicia evaluó el caso de la joven venezolana de 18 años abusada en un comercio del barrio porteño de Balvanera. El informe de la OVD remarcó que se trató de una “situación de altísimo riesgo psicofísico y emocional”. Y afirmó que la chica sufrió “conductas no correspondidas ni deseadas” y advirtió en el imputado “rasgos perversos y una modalidad de acecho”.

El escrito llegó luego de que Humberto Garzón Martínez, el comerciante acusado del abuso, declarara ante la jueza Karina Mariana Zucconi que el encuentro sexual con la joven había sido “consentido”.  

El hecho se produjo la semana pasada. La chica de origen venezolano fue hasta el negocio de Martínez, en la calle Paso al 600, en Balvanera. El motivo del encuentro era una entrevista laboral. En el local, el hombre habría la drogado a la joven para luego violarla.  

El escrito de la oficina de la Corte fue presentado durante las últimas horas. En sus conclusiones se destacan varios puntos. Entre ellos la “existencia de una clara violencia simbólica y sexual” por parte del imputado, que aún permanece en libertad. Señala que Garzón Martínez tomó “como un objeto” a la joven “abusando de su dignidad y humillándola en su accionar”.

La OVD también hizo referencia a las marcas halladas en el cuerpo de la víctima, a los sentimientos de amenaza, humillación y vergüenza que padece.  Y a la “interseccionalidad de vulnerabilidades” en función de su edad, género, condición económica, nivel de instrucción, y su reciente llegada a la Argentina.

Por eso el informe explicó que el “impacto subjetivo consecuente” posee una “sintomatología asociada a un cuadro de estrés postraumático”. Esto incluye “trastornos del sueño, presencia de pesadillas, ansiedad, conductas de aislamiento social, introspección, temor al afuera y prevalencia de sentimientos de culpa”.

El informe señaló las características observadas en Garzón Martínez. Sostuvo que “con su accionar pregona un pensamiento estereotipado que sostiene el lugar de la mujer como un objeto a poseer”. Y que “habría ejercido conductas similares con otras mujeres, evidenciando un patrón de comportamiento a repetición”. Esta conducta se habría desarrollado con “impunidad, rasgos perversos y una modalidad de acecho tendiente a lograr un objetivo”.