Florencia Cahn: “La presencialidad parcial es necesaria, pero una burbuja no puede ser un grado”

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

El verano entra en su fase final en relativa calma. Pese al pico de contagios post fiestas de fin de año, nuevamente el mapa epidemiológico muestra una larga meseta, aunque elevada, según advierten los infectólogos. En este contexto, la Ciudad de Buenos Aires dará el primer paso para el regreso presencial en las aulas. Mientras tanto crece la disputa con la comunidad educativa por las malas condiciones de infraestructura de la mayoría de los establecimientos que impediría el cumplimiento de los protocolos. Para la subdirectora médica del Centro Médico Huésped y presidenta de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), Florencia Cahn, el impacto en el nivel de contagios derivado de la reapertura de las escuelas va a depender de cuánto se cuiden alumnos y docentes.

“Creo que la presencialidad es necesaria, pero no a cualquier costo. Es importante garantizar las mínimas condiciones socio-ambientales de los establecimientos educativos. Que cuenten con la infraestructura necesaria para llevar a cabo el protocolo. Si no se puede cumplir el protocolo todo queda en un papel”, advierte Cahn.

La especialista recomienda que los grupos que se encuentren en el aula sean “reducidos”. “Nunca la burbuja puede ser el grado entero, de entre 25 y 30 chicos”, señala, en contraposición a la propuesta del ministerio de Educación porteño, que decidió que vayan “todos los días, todos los alumnos” a la escuela. 

¿Nos encaminamos a un rebrote como el que atraviesa Europa?

Nosotros tenemos una curva diferente a la de Europa. Ellos tuvieron picos y descensos muy pronunciados en cuanto al número de casos. Acá tuvimos picos y descensos amesetados, pero siempre nos mantuvimos en números bastante altos. Yo creo que, pasado el período de las fiestas, se empezó a observar -hacia la segunda quincena de enero- un nuevo amesetamiento con entre 7 y 8 mil casos diarios, que es un número importante, pero que a su vez es la mitad de lo registrado diariamente durante la primera quincena de enero.

¿Por qué se dio ese descenso?

Me parece que frente a la posibilidad del inicio de clases hay un poco de toma de conciencia, de cuidado.

Con el reinicio de clases, el cambio de estación, las demoras en la campaña de vacunación, ¿en el invierno podría complicarse el panorama epidemiológico?

Para el invierno va a haber una parte importante de la población vacunada, sobre todo la de mayor riesgo. Esto va a hacer que la cantidad de casos sea probablemente menor, en especial de casos graves y fallecidos.

¿Se podría dar un escenario con muchos casos, pero no de no saturación del sistema?

Exactamente. Sin embargo, con la vacunación deberían disminuir los casos, pero lo más importante es que se vea una disminución en los casos graves y de muertos. Por eso se vacuna primero a la población de mayor riesgo.

¿Cómo está viendo la campaña de vacunación?

Bien. Creo que hay una alta aceptación del personal de salud y de los mayores de 70. Hoy por hoy hay más demanda de vacunas que oferta. Estamos esperando que lleguen más dosis para vacunar a la mayor cantidad de gente en el menor tiempo posible. La realidad es que la organización de la campaña es potestad de cada jurisdicción, en algunas se hace mejor y en otras peor. Las vacunas son un bien muy preciado en todo el mundo, pero van a ir llegando y de a poco vamos a poder vacunar a todos los que necesitan ser vacunados.

En relación al comienzo de clases, hay información contradictoria. Se citan estudios que indican que no tienen un impacto significativo y otros que dicen que sí, ¿cuál es su opinión al respecto?

La realidad es que la presencialidad, no total pero sí parcial, es necesaria para el desarrollo psico-social y pedagógico. Más allá del esfuerzo invalorable que hicieron los docentes el año pasado para a través de la virtualidad. La verdad es que no es lo mismo que el aprendizaje en el aula, junto a los pares. Creo que la presencialidad es necesaria, pero no a cualquier costo. Es importante garantizar las mínimas condiciones socio-ambientales de los establecimientos educativos, que cuenten con la infraestructura necesaria para llevar a cabo el protocolo. Si no se puede cumplir el protocolo, todo queda en un papel. Hay que tener conciencia de que no puede ser de cualquier manera, a cualquier costo. Por ejemplo, cuando hablamos de grupos y burbuja, hablamos de grupos reducidos. Nunca la burbuja puede ser el grado entero, con 25 o 30 chicos.

En ese sentido, la vuelta a la presencialidad se convirtió en una bandera de un sector político. El gobierno de la Ciudad decidió que la burbuja sea el grado y que todos los chicos vayan todos los días, pero en la práctica le dice a cada escuela que decida cómo organizarlo y ya muchas adelantaron que no lo pueden cumplir.

Claro, exactamente. Hay escuelas que tienen más personal o una infraestructura que les permite organizarse de una determinada manera y hay otras que no. Como en todo, esta pandemia sacó a flote muchas realidades, como la de un sistema sanitario muy caído, empobrecido. Con el sistema educativo pasó lo mismo. Son situaciones que ya pasaban antes, pero quizá no se querían ver.

Si tuviera que darle un consejo a las familias que tienen que mandar a sus hijos a la escuela próximamente, ¿qué le diría?

Que se interioricen bien en cómo se va a aplicar el protocolo. Que más allá de la información que les brinda la escuela, les expliquen a sus hijos sobre la importancia de usar bien el barbijo (que cubra nariz, boca y mentón), higienizarse las manos y mantener la distancia. También es muy importante el comportamiento de la familia fuera de la escuela porque la posibilidad de que aparezca un caso en el colegio tiene más que ver con lo que sucede afuera que con lo que sucede adentro.

¿El gobierno tiene que hacer vigilancia activa sobre la evolución epidemiológica en cada escuela?

Sí, exactamente. Abrir implica mucho más que abrir, hay que estar atentos y atentas a todo.

¿Cuál sería un escenario positivo y uno negativo para los próximos meses?

Uno positivo tiene que ver, sin duda, con la llegada de las vacunas que van a ser una herramienta fundamental para ir saliendo de la vacuna. El negativo es que la llegada de las vacunas sea muy paulatino. Hay que seguir cuidándonos y no caer en la falsa sensación de seguridad de que ya está todo resuelto. Esto no es así, por más cansados que estemos.

¿La nueva normalidad es con barbijos y distancia por mucho tiempo?

Sí, por lo menos por un buen tiempo, sí.