Hay 400 mil porteños que no acceden al agua potable segura y 140.000 la acumulan diariamente en baldes

Hay 400 mil porteños que no acceden el agua potable segura. Son los que viven en las villas de la Ciudad de Buenos Aires.  Los datos fueron aportados por un informe elaborado por los dirigentes de Unidad Popular, Claudio Lozano, que a su vez es director del Banco Nación, y María Eva Koutsovitis, del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas. Ambos referentes, en el marco del Día Internacional del Agua Potable, invitaron a participar de actividades para “exigir agua potable segura en todos los hogares”.

Un amplio abanico de organizaciones sociales y políticas se reunirán  esta tarde, desde las 18, en el obelisco. Allí harán un “semaforazo” con este reclamo.

“Unos 400.000 porteños y porteñas no acceden al agua potable. Esto reduce  la esperanza de vida y duplica la mortalidad infantil”, dijo Koutsovitis al presentar el informe.

La referente habló con Diario Z. Puso el acento en el modo en el que acceden al agua los habitantes de las villas. AySA garantiza el agua hasta el perímetro del barrio, sea por cañerías o por camiones cisternas. El recorrido hasta las viviendas depende de la Ciudad o de los propios vecinos. Es ahí donde se pierde la calidad.   

“Necesitamos 20 mil tanques de agua para garantizar uno en cada hogar. Eso cuesta 200 millones de pesos”.

María Eva Koutsovitis, dirigente de Unidad Popular, miembro del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas.

“El conjunto de los habitantes de las villas no acceden formalmente al agua potable-le dijo Koutsovitis a este medio-. La falta de formalidad implica que la presión del  agua en el ingreso a las viviendas es cinco veces menor que en las casas de otros barrios. Y los controles de calidad habituales directamente no se realizan”.

Koutsovitis explicó por qué es tan importante la presión para garantizar la calidad. “En todo del mundo, las regulaciones exigen una presión mínima de 8 metros a 12 metros cúbicos en cada vivienda. En las villas es de 2 metros. Cuando la presión baja, las familias tienen que conectar un motor para absorber y utilizan mangueras por las que se filtran sustancias. Además, la baja presión en sí misma permite que ingresen sustancias en las cañerías. En niveles normales, la presión logra que dentro del sistema de distribución no ingresen sustancias desde afuera”.

A esto se suma la falta de controles periódicos y otra realidad: hay 140 mil personas que almacenan agua en baldes y tachos.

Al respecto, la referente de Unidad Popular planteó uno de los caminos de solución, al menos parcial. “Necesitamos 20 mil tanques de agua para garantizar uno en cada hogar. Eso cuesta 200 millones de pesos. No tiene incidencia en el presupuesto de la Ciudad”.

“El año pasado-destacó Koutsovitis modo de ejemplo-, para poner distribuir cientos de dispenser de agua en los edificios públicos, el Gobierno porteño gastó 90 millones de pesos”.