“Sabíamos que iba a suceder, los protocolos no evitan los contagios”, dicen los compañeros de Jorge Langone

Por Franco Spinetta. Especial para Diario Z

La muerte por Covid-19 de Jorge Langone, docente de la escuela técnica Delpini, ubicada en Villa Lugano, generó “dolor e indignación” en la comunidad educativa, desde donde vienen denunciando las dificultades para cumplir protocolos estrictos. Los docentes señalan que hay grados con hasta 30 alumnos, aulas sin ventilación, mensajes contradictorios de las autoridades -como la intención de que se deje de usar barbijo- y falta de insumos básicos de higiene en los establecimientos.

Luego de que se conociera la noticia del fallecimiento de Langone, el sindicato Ademys convocó a un paro y sus compañeros realizaron un semaforazo frente a la escuela para visibilizar la situación.

“Estamos con mucha tristeza por la muerte de Jorge. Sabíamos que iba a suceder, los protocolos no evitan el contagio. Lo que nos mandan de insumos no es suficiente. Es muy poca la cantidad de docentes vacunados con la primera dosis. Las vidas de los docentes, de los alumnos, de las familias, importan”, dice a Diario Z Alicia, docente de una primaria, también de Villa Lugano.

Luego de participar del velorio de Langone, visiblemente emocionada, Alicia advierte: “Realmente estamos en riesgo”. “Hay muchos docentes que, para pedir la excepcionalidad, tienen que hacer muchos trámites. Están yendo a trabajar siendo personal de riesgo. Esto nos indigna muchísimo”, agrega.

Desde otra escuela ubicada en el mismo distrito de la Comuna 8, Pilmaiquén cuenta que la noticia empezó a correr por WhatsApp anoche y el impacto fue muy fuerte entre el gremio docente.

Al igual que Alicia, Pilmaiquén asegura que todos sabían que en algún momento iba a suceder, sobre todo por la fuerte suba de casos que viene registrando la Ciudad. Pero todos esperaban que la primera muerte no sucedería tan pronto. “El estrés es abrumador… los cuidados que hay que tener implican tanta intensidad que agotan… ayer pensé: ¿cuánto dolor nos seguirá atravesando?”.

Consultadas acerca de si perciben el riesgo cotidiano de concurrir a las escuelas, ambas docentes concuerdan en que la mayoría opta por una suerte de negación: “Nos corremos de ese pensamiento porque, si no, es insostenible la presencialidad”.

“No hay forma en nuestra realidad: los protocolos no se pueden aplicar en grados con 30 alumnos, en aulas con rejas que impiden abrir las ventanas”, cuenta Pilmaiquén. En su escuela, la ventana apenas se abre porque enseguida se topan con un enrejado, algo que se contradice con la clara indicación de que en los espacios cerrados, la ventilación cruzada es clave para evitar los contagios.

Las rejas impiden abrir la ventana, una de las condiciones claves del protocolo contra los contagios.

Para Alicia, “hay que organizar comisiones de higiene y seguridad, junto a familias y alumnos. Tenemos que ver si se están cumpliendo los protocolos de las escuelas, porque en realidad todo es muy difícil de cumplir. Sin embargo, hay mucha presión para que las escuelas estén abiertas”.

En ese sentido, colectivos como Familias por el Retorno Seguro a la escuela, exigen dar marcha atrás con la presencialidad debido al aumento de casos que registra la Ciudad de Buenos Aires, un dato que coincide con el inicio de clases el 14 de febrero. Desde entonces, los contagios crecieron un 45%, aunque las autoridades sanitarias porteñas aseguran que el impacto de la presencialidad no es significativo.