Magdalena Eggers: “El Código Urbanístico de 2018 arrasa con las casas con jardín y la identidad de los barrios”

Magdalena Eggers es arquitecta, especialista en normativa de la Ciudad, un aspecto sensible que atraviesa el corazón de la puja inmobiliaria. Allí se trenza la protección patrimonial y la vida en los barrios todavía poblados por casas bajas con el avance del negocio inmobiliario y las constructoras de grandes edificios. Ahí, en la letra chica del Código Urbanístico, en las catalogaciones de inmuebles y las decisiones de los órganos consultivos, se juega la fisonomía, la densidad y la habitabilidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Para Eggers, sin embargo, el último Código aprobado por la Legislatura en 2018, “arrasa con la identidad” de los barrios. “En estos últimos tiempos las acciones sobre la ciudad tienden a propiciar el consumo en desmedro de la calidad de vida de sus habitantes, que pareciera que es lo último que interesa” asegura.

“Con el nuevo Código Urbanístico ya no se permiten barrios con jardines al frente, una locura si se piensa que en algunas zonas durante más de 40 años fueron obligatorios y garantizaban un paisaje muy particular como en Núñez o Villa Devoto. Los terrenos valen por lo que se permite construir y no por el entorno en que se encuentran”, dice a Diario Z.

Desde el punto de vista normativo, ¿qué tipo de ciudad se plantea?

Buenos Aires se plantea como una ciudad para los negocios. Por un lado se toma en cuenta la masa construida existente para los nuevos proyectos, y por el otro se destruye la identidad de los barrios propiciando bloques de edificios que interrumpen la trama y que, merced a un aporte a las arcas de la ciudad, generarán terribles medianeras. Es un contrasentido, porque se respeta mucho al edificio existente en los barrios ya consolidados pero se desequilibra en los de casas bajas, en los que se puede construir hasta 4 veces lo que permitía el código anterior.

¿Cuándo comenzó ese proceso y qué ha pasado en los últimos años?

En estos últimos tiempos las acciones sobre la ciudad tienden a propiciar el consumo en desmedro de la calidad de vida de sus habitantes, que pareciera que es lo último que interesa. En barrios con particularidades muy fuertes como Mataderos o La Boca, se permite construir lo mismo que en Palermo, borrando la riqueza de identidades que los caracterizaba. Por ejemplo, con el nuevo Código Urbanístico ya no se permiten barrios con jardines al frente, una locura si se piensa que en algunas zonas durante más de 40 años fueron obligatorios y garantizaban un paisaje muy particular como en Núñez o Villa Devoto. Los terrenos valen por lo que se permite construir y no por el entorno en que se encuentran.

¿Qué significa el patrimonio para una ciudad como Buenos Aires? ¿Cómo se resuelve la tensión entre conservacionismo y progreso?

Buenos Aires tiene un patrimonio que recién ahora se está rescatando, hace 20 años no se tenía mucha conciencia. Ahora incluso existen recorridos barriales que rescatan las particularidades. Obviamente no es lo mismo que hablar del patrimonio europeo, el nuestro es relativamente joven. Lamentablemente el catálogo de edificaciones a proteger no fue hecho con un criterio integrador ni respetando técnicas actuales sobre patrimonio, y nos encontramos con muchas casitas que ni siquiera poseen algún interés, y que quedan fuera de contexto. Debería revisarse el catálogo teniendo en cuenta el entorno en el que están, salvo que posean valores arquitectónicos o culturales muy específicos. Opino que una articulación creativa entre lo existente y lo que se agrega logra un resultado interesante y permite rehabilitar la construcción para que no termine abandonada porque no se permita intervenir. Tenemos ejemplos paradigmáticos en todo el mundo, pero también acá como fue el premiado museo Xul Solar.

En ciertas zonas existe un incremento de demoliciones de esquinas que, si bien pueden no tener alto valor patrimonial, sí le dan una impronta. También empezaron a verse edificios que mantienen parte de su fachada pero detrás y arriba construyen ampliaciones “modernas”. ¿Está de acuerdo con ese criterio?

El valor patrimonial depende en gran medida de su entorno. Podemos ver por ejemplo que las cúpulas en las esquinas resultan hitos paradigmáticos, pero otros edificios se incluyeron simplemente por tener una fachada italianizante con algún ornamento. En estos casos, el afán desarrollador levanta edificios respetando únicamente las fachadas, con respuestas desafortunadas. Eso también sucede en otras ciudades, yo vi casos terribles en España.

¿Cree que hay una planificación concreta de Ciudad?

No hay planificación a largo plazo, no hay un consenso sobre qué ciudad queremos los porteños. El Plan Urbano Ambiental, que debería guiar estos lineamientos, está desactualizado y tampoco se respeta. Incluso ahora se plantea renovarlo, y para poder hablar de un proceso participativo se consultan a los vecinos pavadas como el cartel o un semáforo, en lugar de plantear los grandes temas. Se buscan oportunidades de recaudar transformando a Buenos Aires en un factor de consumo, expulsando a los ciudadanos que no les interesa o no pueden participar, y vendiendo tierras públicas en lugar de mejorar la calidad de vida de sus habitantes proyectando mayor contacto con la naturaleza, necesidad impostergable que la pandemia nos remarcó en este último año.